2021 · 11 · 05

Rechazo frente a la anunciada apertura de una oficina comercial de Colombia con Israel, en Jerusalén ocupada

Las omisiones del gobierno con el pueblo y el Estado palestino son lamentables, precisamente por el gran aprecio y afecto del pueblo colombiano con esta comunidad palestina y árabe, y porque sus derechos vulnerados de tantas formas, son un tema que atañe en el mundo a todos los que defienden la paz, la libertad y la justicia.

Por Gilma de los Ríos Tobón 

La semana pasada se conoció la noticia, poco difundida, del viaje del presidente Iván Duque a Israel, entre el 7 y 9 de este mes, y su intención de abrir una oficina comercial en Jerusalén, lo que suscitó el inmediato rechazo y la protesta de la comunidad colombo-palestina y la árabe, residente en el país, y de la COPLAC a nivel internacional.

Para comprender más el alcance de estas protestas, otras más de las que se le han hecho al actual gobierno colombiano en el tema de Palestina, se hará un breve contexto.

Jerusalén dividida y ocupada

Jerusalén ha sido y será un tema de alta sensibilidad e importancia en la región. Es una de las ciudades más antiguas y considerada sagrada para tres grandes religiones: el islamismo, el cristianismo y el judaísmo. Su fundación data de 3.000 años A.C. Ha vivido en su historia muchas destrucciones y ha sido muchas veces también sitiada y capturada.

En 1947 cuando se dio la partición de Palestina, territorio que estaba bajo mando del Mandato británico en Palestina, a Jerusalén se le otorgó estatus internacional, en la figura de un “corpus separatum”, bajo un régimen internacional especial y administrada por las Naciones Unidas. Pero esto no se aceptó y Jordania e Israel se la tomaron, y se desató una guerra árabe israelí que llevó luego a definir una línea que las separara. La línea verde, nombre que se dio por el color de la tinta con qué se pintó.

Fue dividida con ella en occidental y oriental en 1949, para separar los dos bandos Pero esa división era considerada como un paso y no como frontera definitiva. Se afirmaba en la ONU que  su finalidad era «facilitar la transición de la presente tregua hacia una paz persistente en Palestina”. La línea implicó desplazamientos forzados de lado y lado.

La occidental quedó en manos  de Israel y habitada por mayoría judía. La oriental en poder de Jordania, y habitada por palestinos, musulmanes y cristianos. La parte antigua de la ciudad quedó en el lado oriental, y en ella importantes lugares sagrados para esta diversidad religiosa. Para los musulmanes están la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa; el Monte del Templo y el Templo de las lamentaciones, para los judíos y el Santo Sepulcro para los cristianos. Fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981.

Así se mantuvo esta separación hasta 1967, cuando en la guerra de los Seis Días, Israel ocupó partes de Jerusalén, más allá de la línea y extendió sus límites, con la intención de llegar a tener dominio sobre toda Jerusalén, la que siempre en su lado oriental,  fue considerada como la capital del futuro Estado de Palestina. Esta ocupación originó un gran rechazo de la comunidad internacional y el Consejo de Seguridad de la  ONU emitió la resolución 478, que la consideraba contraria al Derecho Internacional y pedía el traslado de las Embajadas de los países miembros que se encontraran allí, a Tel Aviv, la capital oficial de Israel.

En una ley de 1980, Israel declaró a Jerusalén como su capital “eterna e indivisible”, por encima de las resoluciones y el Derecho Internacional.

Para complicar aún más las cosas, y dando como lo ha hecho un apoyo incondicional a Israel, el gobierno de EEUU en la presidencia de Trump, decidió instalar su Embajada en Jerusalén, lo que desató fuertes protestas del pueblo y la comunidad palestina.

Estos últimos años los asentamientos israelíes en territorio ocupado palestino han aumentado y en Jerusalén se han realizado desalojos forzados de sus nativos habitantes y demoliciones de muchas casas,  que llevaron a nuevos enfrentamientos bélicos en mayo, los que dejaron muchos muertos palestinos. Y en estos días se ha conocido sobre la destrucción de un cementerio antiguo palestino, lo que ha indignado y generado inmenso dolor a sus habitantes.

COLOMBIA Y PALESTINA

La comunidad palestina y árabe residente en el país, que como se sabe es una comunidad muy grande y que ha dado muchos aportes, empezó a llegar a Colombia desde inicios del siglo XX y a lo largo de él,  en éxodo forzados por las guerras, la colonización, la partición y la ocupación.

Desde el reconocimiento del Estado Palestino, al final de gobierno del expresidente Juan Manuel Santos en 2018, Palestina tiene una Embajada formal en Colombia. Antes tenía presencia como Misión Diplomática. Esto se dio seis años después de que la ONU reconociera a Palestina como Estado observador, y que reafirmara su derecho al territorio definido antes de 1967.   Cuando inició el nuevo gobierno, el canciller Holmes habló de “revisar cuidadosamente” esta decisión frente a Palestina, pero después el presidente Duque diría que “esas decisiones son irreversibles”, agregando que apoyaría la paz en el Medio Oriente y la solución de dos Estados. Esto último no lo volvió a decir después.

Sin embargo, han sido varios los pronunciamientos de esta comunidad frente a acciones y omisiones del actual gobierno, como el Tratado de Libre Comercio con Israel, firmado en agosto de 2020, que no respetó las condiciones políticas frente a productos del territorio ocupado de Palestina.

En julio del mismo año, la comunidad palestina y colombiana solidaria con ese país, envió también otra carta al presidente, ante el anuncio de Netanyahu de su intención de un proyecto de anexión, de importantes áreas del territorio ocupado de Cisjordania por parte de Israel, y expresando que “la implementación de dicho proyecto constituiría una absoluta vulneración del Derecho Internacional y un grave atentado contra el sistema multilateral basado en reglas e instituciones internacionales”.

Se expresaba también al presidente “la creciente importancia que tiene la responsabilidad individual de cada Estado en el mundo, a la hora de proteger los principios que rigen el Derecho Internacional y los valores de justicia, paz y derechos humanos, mediante la toma de medidas eficaces y adecuadas ante la peligrosa perspectiva de anexión”. Se pedía además, que el gobierno se pronunciara públicamente en contra de esta anexión, pero ese pronunciamiento no se dio, ni la carta recibió respuesta.

En los bombardeos de mayo de este año, la comunidad reparó que el gobierno se pronunciara solidario con Israel, y no tuviera un pronunciamiento para Palestina, que por la misma desigualdad de fuerzas, siempre tiene muchas más víctimas, en esa larga lucha por sus derechos, en  lo que la comunidad internacional en su mayoría considera una causa justa.

En cuanto a la oficina, en agosto de 2020, el presidente anunciaba que Colombia tendría una oficina de innovación en Israel, pero no mencionó a Jerusalén. Luego lo confirmaría en una conferencia virtual con Netanyahu quien aplaudió la decisión y sugirió que se instalara en Jerusalén. Después de esto, medios como la BBC expresaban que “Colombia se afianza como el principal aliado de Israel en la región”.

Ahora parece que se materializa lo de abrir una oficina comercial en dicho país, pero lo grave para el conflicto que se vive es que sea en Jerusalén, como se divulgó.

El Señor Embajador de Palestina Raouf Almalki afirmó que dicha oficina debería abrirse en Tel Aviv, en sus primeros pronunciamientos a algunos medios. Pude contactarlo y gentilmente respondió que “ la apertura de una oficina, sea la que sea su función o propósito,  debe cumplir con el Derecho Internacional y las resoluciones de la NNUU”. Y añadió : “La intención de abrir una oficina en Jerusalén, aunque no tenga un carácter diplomático, solo por ser gobernada por una entidad gubernamental, es considerado una violación al Derecho Internacional y un reconocimiento tácito a Jerusalén como capital de Israel”.

Por su parte, el presidente de COPLAC, Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe, Señor Rafael Araya escribió en la carta dirigida al Presidente este 28 de octubre: “Solicitar respetuosamente a Usted, que la apertura de una representación comercial sea en la ciudad de Tel Aviv, donde Colombia ya posee su Embajada, y no en la parte oriental de la Ciudad Santa de Jerusalén, toda vez que tanto los organismos multilaterales, la ONU, su Consejo de Seguridad y las resoluciones emanadas de ellos, advierten sobre la expulsión de sus habitantes palestinos originarios, la enajenación de sus propiedades y la demolición de sus barrios, testimonio de la presencia palestina en la ciudad a lo largo de la historia. Por tanto, reconocer a Jerusalén como capital “única e indivisible” del Estado de Israel y abrir allí una oficina comercial, representaría una afrenta no solo contra el pueblo palestino, sino contra la opinión de la mayor parte de la comunidad internacional. Más aún, creemos que sería de enorme utilidad y beneficio mutuo, la apertura de una representación diplomática colombiana en Palestina”. Solicita además al presidente “transformarse en un agente de paz ya que la amistad con ambas partes, puede hacer que prosperen los diálogos entre Palestina e Israel para lograr una paz justa tan necesaria para palestinos como israelíes como para toda la región”.

Al preguntarle al Señor Embajador sobre el porqué no se ha abierto una oficina diplomática de Colombia en Palestina, dijo: “Siempre le hemos solicitado a las autoridades colombianas, la apertura de una representación diplomática en Ramallah. La última fue la semana pasada. Los palestinos o colombo-palestinos tienen el problema de que llegar a Tel Aviv es muy difícil o no consiguen permiso para llegar hasta allá. Políticamente la Embajada de Colombia en Egipto cubre Palestina y la Embajada en Telaviv cubre lo consular”. Le pregunto entonces, cómo se da esta relación de la Embajada en Egipto con  Palestina,  y dice que “la Embajadora en Egipto nunca visitó a Palestina, ni le ha informado de su presencia siquiera”.

El Comité de Solidaridad colombo árabe de solidaridad con el pueblo palestino también escribió al presidente, y divulgó su carta. Expresa el Comité que “las políticas de judeaización de los lugares santos y arqueológicos de Jerusalén por parte de Israel, con la intención de borrar rastros del pasado multiétnico, multicultural y multirreligioso de la ciudad, y las constantes demoliciones de viviendas y la expulsión de la población nativa palestina de Jerusalén Oriental por parte del gobierno israelí, la han convertido en una ciudad para todos, menos para la población nativa”. Y agregan que considerar a Jerusalén como capital de Israel es contrario al consenso y a la legalidad internacional y fortalece las políticas de limpieza étnica del Gobierno israelí”.

Por su parte Ricardo Mohrez presidente de la Fundación Cultura colombo palestina, dijo a Caracol que se pide al presidente que “desista  de la apertura de cualquier tipo de oficina ante el gobierno de Israel en Jerusalén ocupada y que ante la violación de los derechos palestinos por Israel, “abrir una oficina ahí sería convertirse en cómplice de estos crímenes”.

En lo que se conoce sobre este viaje del presidente al Medio Oriente, no se ha mencionado a Palestina ni la intención de visitarla, lo que también originó reclamos de grupos solidarios con este pueblo.

El gobierno de Colombia no ha dado respuesta a ninguna de estas cartas y solicitudes, y aunque el presidente recibió una invitación oficial a Palestina por parte del presidente Abbas de la Autoridad Palestina, tampoco tuvo respuesta alguna.

Se entiende el inconformismo de la comunidad palestina ante este proceder del gobierno, que se extiende a miles de colombianos solidarios con Palestina.

Las relaciones internacionales de Colombia han tenido un manejo muy cuestionado, pero ojalá no se pierda, al menos, la necesaria cortesía en su actuar. En este caso las omisiones del gobierno con el pueblo y el Estado palestino son lamentables, precisamente por el gran aprecio y afecto del pueblo colombiano con esta comunidad palestina y árabe, y porque sus derechos vulnerados de tantas formas, son un tema que atañe en el mundo a todos los que defienden la paz, la libertad y la justicia.

Fuente: www.eje21.com.co