2021 · 08 · 19

Organismos internacionales para la paz, nacidos de las guerras

Quizás la única alternativa eficaz que queda a la mano es seguir presionando a Israel a partir de iniciativas individuales de demandas o denuncias ante instancias internacionales; también presionar a los gobiernos de países con democracias avanzadas para que emitan sanciones contra funcionarios que promueven esas prácticas o iniciar procesos penales contra aquellos.

Diálogos Académicos con el doctor Rafat Ghotme Ghotme (II)

De la serie : “Por qué la guerra” y otras preguntas y análisis para abordar las acciones violentas.

En la foto Rafat Ghotme Ghotme y Gilma de los Ríos Tobón, autora de este trabajo. 

Por Gilma de los Ríos Tobón,  Comunicadora Social, escritora

“Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes, tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes, tristes” son dos versos de un corto y conmovedor poema de Federico García Lorca, quien fuera asesinado a sus 38 años, después del golpe de estado que diera origen a la guerra civil española, en 1936. Sin embargo, las palabras de Lorca como él bien lo sabía, no pudieron ser silenciadas como las armas, y la muerte en que pretendían desaparecerlo en el olvido, se contradijo con su inmortalidad de poeta.

Y tristes y devastadoras guerras a nivel humano y material, estuvieron presentes en el siglo XX, desde sus inicios hasta el final, y algunas aún continúan.  Denominado el siglo de la vanguardización, por los avances científicos y tecnológicos, también fue el siglo de dos grandes guerras mundiales con sus nefastas consecuencias y de  muchas otras guerras en el planeta.

Para mencionar algunas de estas guerras y acciones violentas, el siglo empezó con enfrentamientos entre Rusia y Japón; genocidios, como los de Herero y Macqua perpetrado por los alemanes en su colonización de África, el cometido por Inglaterra en Sudáfrica con los Boers, y el que llevó a cabo el Imperio Otomano y los Jóvenes Turcos contra las minorías cristianas en lo que hoy es Armenia, Irak y Turquía; revoluciones, guerras de ocupación, y guerras civiles en muchas partes de Centro y Suramérica.

En 1914 se inicia la Primera Guerra Mundial en Europa, denominada la “Gran Guerra” y de la que otros afirmaban “la guerra que puso fin a las guerras “.  Hasta 70 millones de soldados de diferentes partes participaron en ella, pues aunque empezó con pocos protagonistas, se sumaron en su transcurso,  muchos países del mundo. En dos bandos denominados la Triple Alianza, formada por Austria-Hungría, Alemania e Italia quien cambió de bando e ingresó un año después,  y la Entente Cordial, con Rusia, Gran Bretaña y Francia. Poco a poco, fue involucrando a países de todo el mundo, como Turquía, Japón y Estados Unidos, entre otros.

Mientras aún continuaba la guerra, en 1917 se da a conocer la carta que se convierte en la Declaración de Balfourd, en la que los británicos apoyaban y daban vía libre a la creación en Palestina de un Estado Nacional judío, sin tener en cuenta a sus habitantes nativos. Para los ingleses era un lugar de alto valor geopolítico, para sus afanes colonialistas y expansionistas, y antes, en el Medio Oriente, habían fingido aliarse con los árabes contra el Imperio Otomano para hacer posibles sus planes. También antes de la Guerra, Imperios poderosos como este llegaron a su fin.

La guerra mundial terminó en 1918. Los historiadores discuten aún por la cifra más aproximada de víctimas que tuvo. Se dice que fueron más de 6 millones de civiles y más de 10 millones de soldados, el número de víctimas mortales y más de 20 millones de heridos. Ese año se firma un armisticio que detendría los ataques y poco después el Tratado de Versalles, que se enunciaba propendría por la paz, y que daba origen a la primera organización mundial para la paz que se constituyera, hija necesaria de la guerra. En el mismo se castigaba duramente a Alemania, quien había perdido sus colonias y territorio, y vivía ahora otra tragedia social, y quien tendría que pagar además, una cuantiosa indemnización. Alemania estaba humillada y esto creaba las condiciones para la fuerza que tomaría el nazismo y, con él, el destino que llevaría treinta años después a la segunda guerra mundial.

Aunque el Tratado tuvo la participación de 50 países solo 33 lo firmaron. EE.UU. había propiciado este camino, pero no firmó por presiones internas. El Tratado daba inicio también a la denominada “Sociedad de Naciones”, o “Liga de Naciones”, creada en procura de mantener la paz, cuando los efectos de esa violenta guerra afectaban a la humanidad entera. El Pacto de la Liga de las Naciones inicia así “A fin de promover la cooperación internacional y al­canzar la paz y seguridad internacionales, por la aceptación de ciertas obligaciones de no recurrir a la guerra, por la prescripción de relaciones francas, justas y honorables entre las naciones, por el firme establecimiento de las normas del derecho internacio­nal como la regla de conducta efectiva entre los gobiernos, y por el mantenimiento de la justicia y un respeto escrupuloso de todas las obligaciones de los tratados en las re­laciones recíprocas de los pueblos organizados”. Pero aunque se le reconocen algunos logros, la “Sociedad de Naciones” no pudo evitar o detener la segunda guerra mundial, y dejó de operar.

Asamblea de la Sociedad de Naciones

Siete años antes del inicio de la Segunda Guerra, es que se escriben las cartas de Einstein y Freud de “¿Por qué la guerra?”.  Retomando estas cartas, Einsten alude a esta Organización ideal de Naciones, aunque era la misma Sociedad de Naciones la que lo buscara, e impulsara este encuentro epistolar, pero consciente de las limitaciones de la misma, cómo lo evidencia al hablar de un hipotético Organismo Mundial. Einstein enuncia, la necesidad de constituir una gran Organización Mundial con todas las naciones, para enfrentar y conjurar las guerras: “Un órgano legislativo y judicial para resolver cuantos conflictos surjan entre las naciones. Cada nación se comprometería a someterse a las órdenes dictadas por ese órgano legislativo, a apelar al tribunal en todos los casos litigiosos, a plegarse sin reservas a sus decisiones y a ejecutar cuantas medidas estime necesarias para asegurar su aplicación”.

Freud por su parte le responde: “En lo que atañe a nuestra época, se impone la misma conclusión a la que usted ha llegado por un camino más corto. Sólo es posible evitar con toda seguridad la guerra si los hombres convienen en instituir un poder central y someterse a sus decisiones en todos los conflictos de intereses. En ese caso es indispensable cumplir dos condiciones: crear una instancia suprema de esa índole y dotarla de la fuerza apropiada. Sin la segunda, la primera carece de utilidad. Ahora bien, la Sociedad de Naciones ha sido instituida como autoridad suprema, pero no se ha llenado el segundo requisito, pues no dispone de una fuerza propia y sólo puede obtenerla si los miembros de la nueva asociación los diversos Estados se la otorgan. No cabe esperar, de momento, que ello ocurra.”

La Sociedad de Naciones no pudo detener la Segunda Guerra Mundial, y dejó de operar. Esta segunda gran guerra se vivió entre 1939 y 1945 y en ella el bloque de países aliados, el Reino Unido, Francia, Polonia, EEUU. y la Unión Soviética, a los que se unieron luego muchos países más, se enfrentó contra el denominado Eje conformado por Alemania, Italia y el Imperio del Japón, a los que se unirían luego Birmania, Hungría y Rumania. Hasta Australia que no había participado en una guerra global, terminó involucrado. Participaron alrededor de 100 millones de soldados de ejércitos diversos, y  dejaría, según cálculos aproximados, entre 40 y 60 millones de muertos, en gran número civiles, el doble de heridos y 50 millones de desplazados o deportados. Se daría en ella también el holocausto judío que dejó 6 millones de muertos. Cifras inimaginables que testifican los resultados catastróficos de estas contiendas. Las realidades de la posguerra fueron igual de terribles en muchos de los países involucrados.

En medio de la segunda guerra mundial, con hechos como la Declaración entre aliados que se había firmado en 1941, con la que se proponían “trabajar juntos y con los demás pueblos libres, en la guerra y en la paz”, se daban los primeros pasos para conformar la ONU. En 1945, aún en guerra,  aparece en la historia el uso de la bomba atómica por EE.UU. contra  Japón, en  Hiroshima y Nagasaki, matando al instante 70.000 y 40.000 personas respectivamente, y dejando secuelas espantosas en los sobrevivientes. Días después se firmaría la paz con la rendición de este último.

En cuanto al origen de la ONU,  en palabras de la misma, “cuando la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar en 1945, las naciones estaban en ruinas y el mundo quería paz. Representantes de 50 países se reunieron en San Francisco, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Organización Internacional, del 25 de abril al 26 de junio de 1945”. Se procedió a redactar la Carta de la ONU que creó una nueva Organización Internacional, las Naciones Unidas de la que esperaba evitara otras guerras. Al poco tiempo se disolvía oficialmente la Sociedad de Naciones.

Firma de la Carta Fundacional de la ONU en 1945, 26 de junio de 1945

En estos años surgirían otras Organizaciones hermanas de la ONU o adscritas a ella, y otras no Gubernamentales que buscan aportar en campos específicos, frente a las dramáticas situaciones humanas de posguerra y otras de protección de Derechos Humanos y del medio ambiente.

Pero la ONU no pudo frenar guerras posteriores, y al contrario, en sus inicios, por una apresurada resolución que no era vinculante, dio origen a la partición de Palestina y con ella a la Nabka, que sacaría con violencia de su tierra a 800.000 palestinos, tres años después de creada.

Seguirían  otro tipo de guerras en suspenso como la guerra fría entre Rusia y EEUU, la guerra de Vietnam, que se empezó a ver en televisión conmoviendo al planeta que no había sido testigo directo de las guerras, y se darían muchas otras guerras internas en países, o por intervenciones extranjeras.

Empieza sí después de la Segunda Guerra, como afirman algunos analistas, la concepción de la guerra como un “sistema social”, “la glorificación de la fuerza y la violencia como el árbitro último de los conflictos sociales” y aparecen un “conjunto de fuerzas para el mantenimiento de la guerra, aún en tiempos de paz”.

Resoluciones de la ONU y la situación de Palestina

P. Tenemos ahora, doctor Rafat, muchas organizaciones internacionales, y a la ONU como organismo de máxima importancia con propósitos de paz y cooperación. Pero cuando uno se acerca un poco a su forma de operar, encontramos, por ejemplo, que hay dentro de ella limitaciones, cuando por un voto negativo de países poderosos con intereses visibles, frenan resoluciones vinculantes del Consejo de Seguridad. Y que muchas otras resoluciones que se emiten y dependen para ser acogidas de la buena voluntad de los países, algunos como en el caso de Israel desconocen totalmente las mismas y todo queda igual. Esto hace que la esperanza que se cifra en ellas quede en entredicho. Se sabe que el Derecho Internacional se ha desarrollado mucho hasta llegar a crear la Corte Penal Internacional a la que tantos ven como la última posibilidad de hacer justicia, pero su proceder es lento y también desconocido por quienes sienten que la ley no los toca. ¿Qué opina usted como Internacionalista, de esta situación que tanto se repite? ¿Y han servido de algo estas resoluciones, en la prolongada guerra de Siria o en la ocupación de Palestina?

R. Aunque el Derecho Internacional contemporáneo contiene algunas ambigüedades, vacíos o normas que benefician más a los grandes poderes –y de hecho la normatividad internacional surgió como parte de un programa imperialista más amplio para “legitimar” el control de las sociedades débiles-, desde 1945 los principios jurídicos internacionales han evolucionado para incluir postulados más equilibrados. La descolonización y la entrada en escena de nuevos Estados han tenido un impacto duradero en la inclusión de normas de convivencia pacífica, reconocimiento mutuo y mayor presión para reconocer el principio del respeto a la soberanía como eje de la interacción internacional. Sin embargo, existe un problema: la normatividad internacional, en diversos casos, no se aplica como se debería aplicar, a veces por los vacíos existentes, pero normalmente por una cruda y simple lógica de poder e intereses.

La ONU cuenta ahora con 193 Estados y dos miembros observadores, Palestina y la Santa Sede. En la foto el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas en su discurso en la Asamblea en 2018. Desde 2012 la Asamblea General reconoció a Palestina la condición de Estado observador no miembro.( Foto: Thaer Ghanaim, Presidencia de Palestina)

En el caso específico de Palestina, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha emitido decenas de resoluciones condenatorias contra Israel, resoluciones que del mismo modo le exigen a este país cumplir con la normatividad internacional –retiro de los territorios, abstenerse de llevar a cabo anexiones ilegales, bloqueos, etc-.

Vale la pena detenerse en el argumento de la “legítima defensa” o “defensa propia” que usa Israel cada vez que lleva a cabo una acción militar contra el territorio palestino de Gaza. Aunque Israel se refiere a Gaza con términos extraños como un “territorio hostil”, un espacio dominado por “terroristas”, o cosas por el estilo, el hecho es que Gaza es un territorio ocupado que hace parte del territorio estatal palestino.

Y si bien Israel retiró de Gaza sus fuerzas y colonos desde el 2005, desde entonces ha ejercido un control férreo y brutal de ese territorio por aire, mar y tierra, así como la población, los recursos y en general la vida cotidiana de los palestinos residentes de Gaza; ello, además, lo hace a través de incursiones militares o bombardeos que supuestamente van dirigidos a diezmar a los “terroristas” de Hamas u otros grupos armados que se resisten a la ocupación, pero que en realidad terminan siendo incursiones que violan el Derecho Internacional, incluyendo el Derecho Internacional Humanitario –normas como el respeto al principio de proporcionalidad, el respeto por los civiles y la distinción entre objetivos militares y civiles, así como la prohibición del castigo colectivo.

En otras palabras, Gaza no necesita estar ocupada físicamente para reconocer que se trata de una ocupación; el control que ejerce Israel sobre el espacio y la vida de los habitantes de Gaza basta y sobra para reconocer que se trata de una ocupación (esto de hecho se sustenta en sentencias de la Corte Internacional de Justicia que ha fallado en otros casos similares en diversos contextos).

El punto es que tanto Gaza como Cisjordania son “territorios ocupados palestinos”, estatus reconocido por toda la normatividad internacional. De hecho, el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 –del cual Israel es parte-, reconoce que la ocupación militar o beligerante es una norma jurídica internacional válida, pero al mismo tiempo sostiene sin ninguna ambigüedad que un Estado puede ocupar un territorio como consecuencia de un conflicto armado mientras se logra un acuerdo de paz; es decir, esa ocupación debe ser temporal y el Estado ocupante debe garantizar el bienestar de la población ocupada, sin incurrir en otras conductas prohibidas como el castigo colectivo o la anulación del derecho a la auto-determinación.

P. Pero Israel no cumple estas normas…

R. Debido a que Israel ha incumplido todas estas normas desde hace varias décadas, y debido a que Israel no tiene ninguna voluntad real de lograr un acuerdo de paz que derive en el reconocimiento y sostenibilidad de un Estado palestino, entonces ya no solo se trata de una simple ocupación, sino de una ocupación ilegal. De ese modo, para volver al punto inicial, las operaciones de bombardeos que lleva a cabo Israel contra Gaza no son actos de “legítima defensa”, sino actos de agresión a otro Estado –en este caso, un Estado ocupado ilegalmente; los actos de Israel, en otras palabras, son actos dirigidos a mantener su ocupación, y no a “reestablecer” su seguridad, como se sostiene en el discurso oficial israelí y pro-israelí en Estados Unidos, Europa y otras partes del mundo. Israel actúa de ese modo guiado básicamente por una ideología hipernacionalista –como se dijo en una respuesta anterior.

“Un chico recorre con la vista su pieza completamente destruida tras los ataques a Gaza de 2008-2009”. Foto: Christian Als. https://palestinalibre.org/articulo.php?a=46147.

En cambio, Estados Unidos lo hace por dos razones: por un lado, razones “domésticas”, es decir, la presión del lobby proisraelí; por otro lado, razones “sistémicas”, esto es, el gran poder que tiene y el lujo que se puede dar para satisfacer a un grupo de presión al interior del país a costa de sus propios intereses y seguridad, pero también porque Estados Unidos usa a Israel como guardián regional frente a movimientos nacionalistas o islamistas que pueden desafiar su hegemonía en el Medio Oriente.

Por otra parte, vale la pena mirar por un momento otros crímenes que comete Israel contra la población palestina: el crimen de apartheid. Este crimen es definido por el Estatuto de Roma que da paso a la Corte Penal Internacional como un crimen contra la humanidad, un régimen institucionalizado de opresión y segregación por un grupo hacia otro grupo. Sin embargo, el crimen de apartheid tiene conexiones con otros, como el genocidio, definido este último como la aniquilación masiva de un grupo por razones étnicas, nacionales, religiosas, etc. El apartheid, en ese sentido, tiene como fin también degradar la vida de los segregados, hacerles la vida imposible, y de forma gradual, lenta y silenciosa, llegar a un resultado similar al de un genocidio.

Siria y las intervenciones extranjeras

P. ¿Y cómo define profesor lo que pasa con Siria?

R. En el caso de Siria, las potencias mundiales como Estados Unidos y sus socios europeos y árabes, han violado varios principios del Derecho Internacional. Aunque el presidente sirio Bashar al-Assad, si bien es un criminal sanguinario y un autócrata que desprecia los derechos humanos y la democracia, esto aún no habilita jurídicamente a los demás Estados a intervenir para instaurar un nuevo régimen; el Derecho Internacional aún no ha codificado esta norma y seguramente no lo hará en el futuro.

Las grandes potencias también han usado como pretexto la amenaza terrorista, y por ello han bombardeado Siria a la caza de organizaciones como Al-Qaeda y el Estado Islámico –bombardeos que violan la soberanía siria-, pero cuando en realidad lo que buscan es eliminar al régimen sirio –otra violación de la normatividad internacional- y con ello debilitar o anular al eje chiita conformado por Irán, Hezbollah y Siria, que son fuerzas anti-hegemónicas o anti-imperialistas.

P. Esas intervenciones que generan aún más graves consecuencias, se justifican en frases como “la defensa de la democracia”, “la liberación de un pueblo”, pero sabemos que tienen otros intereses…

R. Estados Unidos tiene un largo historial de violación del Derecho Internacional en general y del Derecho Internacional Humanitario en particular, así como de apoyo a regímenes dictatoriales brutales, por lo que difícilmente alguien puede creer que sus acciones van dirigidas a promover la democracia y los derechos humanos (digo difícilmente para no eliminar de tajo esta posibilidad: a veces Estados Unidos sí busca promover estas instituciones liberales, pero moldeadas con un estilo o sello propio, esto es, un modelo sustentado en una ideología liberal intolerante, excluyente y represora que anula los derechos de amplios sectores de la población).

De ese modo, al decir que busca eliminar la amenaza terrorista e instaurar una democracia en Siria u otras partes de la región, lo que está buscando Estados Unidos es realmente preservar el statu quo territorial y preservar sus intereses económicos en el Medio Oriente. Para completar, toda esta brutal anulación y desprecio por el Derecho y las instituciones jurídicas internacionales, viene acompañada por una suerte de legitimación en los medios de comunicación dominantes, diversos intelectuales y otros Estados aliados, que naturalizan o normalizan esta anulación.

P. Pero Estados Unidos por las mismas disposiciones estipuladas en la creación de la ONU es por derecho y en una condición de inamovible, miembro del Consejo de Seguridad, el único facultado para llevar a acciones determinantes en las guerras y conflictos más allá de las recomendaciones y en casos como el de Palestina pueden bloquear esta vía. ¿Qué hacer entonces?

R. Desafortunadamente, no deberíamos cifrar nuestras esperanzas en los organismos internacionales dominados por los Estados más poderosos del sistema internacional. Estos organismos, en efecto, reflejan los intereses y poder de esos Estados. Y a no ser que en los Estados Unidos haya una reestructuración del sistema político y una nueva cultura democrática, las élites dominantes seguirán reproduciendo los intereses de la minoría pro-israelí o de la industria petrolera y armamentista; estos intereses estrechos, junto con la política hegemónica/imperial sustentada en el petróleo del Medio Oriente y la existencia de un statu quo territorial artificial que sostiene a capa y espada los Estados Unidos –la política clásica del divide et impera-, hacen muy difícil avizorar un cambio en la orientación estadounidense de su política hacia esa región.

Algunos cifran sus esperanzas en la reforma de la ONU: quizás un mayor número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad, o tal vez quitar el poder de veto al Consejo de Seguridad y otorgárselo a la Asamblea General; otros simplemente prefieren que la ONU desaparezca o adquiera poderes de un “gobierno mundial”. Personalmente, soy partidario de la reforma señalada –es decir, otorgar poder de veto a una mayoría compuesta de la Asamblea General-, pero incluso aquí surgiría el problema de cómo implementar una resolución sancionatoria contra las grandes potencias: ¿se atrevería, por ejemplo, un Estado que depende de Estados Unidos, a imponer sanciones a su principal socio comercial o estratégico? Difícil. Por todo ello, es mejor cifrar las esperanzas en las sociedades y la presión que la ciudadanía activa pueda ejercer sobre sus gobiernos.

Otras Organizaciones

Logo de B’TSELEM, que significa literalmente “a imagen de” en hebreo, y es la ONG que se constituye como Centro de Información israelí para los Derechos Humanos, en los territorios ocupados. Entre sus aportes se destacan sus valientes y enérgicas denuncias, sobre los asesinatos y agresiones cometidos contra los niños palestinos.

P. Respecto a las otras organizaciones no gubernamentales que trabajan por la paz, como algunas muy reconocidas, que siempre se pronuncian, reclaman y denuncian las violaciones de los Derechos humanos, en los horrores que desatan estas acciones violentas que se dan en el mundo ¿qué tan eficaces pueden llegar a ser, en cuanto a acciones que frenen atropellos y tienen relación y trabajo interinstitucional con la ONU?

R. Aunque algunas ONG´s tienen algunos sesgos o son algo limitadas en el alcance de sus denuncias a la violación de los derechos humanos en Palestina o en otras partes del mundo, la mayoría de ellas han hecho un trabajo importante para desenmascarar y documentar las atrocidades que cometen esos Estados. En los territorios ocupados palestinos, por ejemplo, operan diversas ONG´s de derechos humanos, como B’Tselem, que documentan la violación a los derechos humanos que perpetra Israel contra los palestinos.

Algunas otras ONG´s reconocidas tienen incluso participación como entidades consultivas en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (el llamado ECOSOC), o pueden ser acreditadas para participar en las sesiones del Consejo de Derechos Humanos como observadores, presentar declaraciones escritas, realizar intervenciones orales o participar en los debates. Esto es de mucha utilidad para visibilizar lo acontecido en el terreno, y en últimas para generar conciencia en la sociedad civil global y sustentar las políticas de algunos gobiernos que sí promueven la defensa de los derechos humanos.

Sin embargo, esto aún es insuficiente para disuadir a los más poderosos. Por ello, vuelvo a insistir, hasta el momento son más eficaces las medidas pacifistas de la sociedad civil: las ONG´s que promueven las sanciones, desinversión y boicot a los productos israelíes producidos en territorios ocupados (ese el caso de hecho del movimiento BDS, “Boicot, Desinversión, Sanciones”), son de hecho iniciativas que tienen más impacto.

Sobre los niños palestinos presos                

P. Después de buscar salidas para frenar este horrible atropello a los Derechos de los niños y a su dignidad humana, en el caso de los niños palestinos presos por Israel , tema que yo abordara con el título “Indignante realidad que une infancia y rejas”, se encuentran muchos pronunciamientos contra ello, pero ninguno ha logrado frenarlo. Se sabe que Israel hace caso omiso. ¿Queda algún recurso para que la comunidad internacional pueda hacer algo efectivo?

R. Quizás la única alternativa eficaz que queda a la mano es seguir presionando a Israel a partir de iniciativas individuales de demandas o denuncias ante instancias internacionales; también presionar a los gobiernos de países con democracias avanzadas para que emitan sanciones contra funcionarios que promueven esas prácticas o iniciar procesos penales contra aquellos.

( Diálogos I:  https://www.eje21.com.co/2021/08/por-que-la-guerra-y-otras-preguntas-y-analisis-para-abordar-las-acciones-violentas/)

Próxima entrega: Derecho Internacional y crímenes contra la humanidad.

 

Fuente: www.eje21.com.co

 

Ver: Diálogos académicos con el Doctor Rafat Ghotme Ghotme 'Por qué la guerra' y otras preguntas y análisis, para abordar las acciones violentas