2020 · 10 · 12

Juani Rishmawi, española residente en Belén: 'El coronavirus es el último mal de un pueblo que ya vive cada día un infierno'

Juani se mudó a Palestina por amor, tras conocer a su marido Elías mientras estudiaba en España. La española es coordinadora de Proyectos de la ONG Health Work Committees y lleva 30 años viviendo en Belén. Lo que más le molesta es que le pregunten si tiene intención de marcharse alguna vez de Palestina.

Juani Rishmawi junto a su marido Elías y sus hijos George y María  -  Fuente: ANA GARRALDA

 

PalestinaJuani Rishmawi llegó por amor. Su marido, Elías, un palestino de Gaza, estudiaba en España cuando se conocieron y decidieron emprender una vida juntos. De eso han pasado más de treinta años, los mismos que la española lleva residiendo en Beit Sahur - una de las tres ciudades del gobernorado de Belén (Cisjordania) - lugar donde crecieron sus dos hijos y desde donde hoy, en tiempos de pandemia, trabaja como coordinadora de Proyectos de la ONG Health Work Committees (Comités de Trabajos para la Salud), entidad responsable de la gestión de dos hospitales, una decena de clínicas y varios centros de atención primaria repartidos por los territorios palestinos. Una red local de asistencia sanitaria que atiende a casi 400.000 personas.

Optimista irreductible, lo que más le molesta a Juani es que le pregunten si tiene intención de marcharse alguna vez de Palestina, un área bajo ocupación militar israelí desde hace más de cincuenta años. "Nunca he tenido intención de hacerlo", dice en conversación con NIUS, porque aunque odia la ocupación, que "cada día ahoga la vida de millones de personas", es más fuerte el apego que siente hacia las gentes "de su tierra". Al pueblo palestino lo considera suyo y le duele especialmente "la falta de libertad que sufre, el robo constante de sus propiedades por parte de Israel y la impunidad de la que éste disfruta ante los ojos del mundo", señala la española.

Juani Rishmawi junto a su marido Elías y sus hijos George y María  - NIUSDIARIO.ES

Según Juani Rishmawi muchos palestinos viven a diario "un infierno de vida", hoy incluso más complicada tras la llegada del coronavirus. Desde que en marzo se detectaron los primeros casos en un hotel de Belén - donde se alojó un grupo de turistas griegos que estaba de viaje por Tierra Santa - el número de infectados no ha dejado de aumentar, si bien la tasa de mortalidad ha sido durante meses relativamente baja en comparación con la recogida en Israel, hoy el primer país del mundo bajo un segundo confinamiento tras registrar el mayor índice de mortalidad y contagios per cápita del planeta. 

Con más de 42.000 positivos en los territorios palestinos, según informan fuentes independientes pues el ministerio de Sanidad de la Autoridad Nacional lleva un mes sin publicar el número de contagios, y 350 muertos (principalmente en Hebrón y Jerusalén Este) desde el inicio de la pandemia, fuentes médicas palestinas aseguran que su sistema de salud aún puede asumir el tratamiento de hasta 200 pacientes en estado grave, disponiendo de decenas de ventiladores. "En realidad son unos 70 para 3 millones de personas", apunta Juani Rishmawi.

Una crisis sanitaria que, como en tantos otros puntos del planeta, ha desencadenado una crisis económica sin precedentes en la región. Según datos de la Oficina Central de Estadísticas de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), la actividad económica en los territorios ha caído un 68% desde el estallido de la pandemia, y una de cada siete familias no ha tenido ningún ingreso debido al cierre. Un drama, vaticina la española, que continuará durante el otoño y que amenaza con marcarle los pasos también al próximo invierno.

 

Juani Rishmawi junto a su marido Elías.  -  NIUSDIARIO.ES

Pregunta: Belén sigue siendo una ciudad fantasma. La mayoría de hoteles y comercios están cerrados…

Respuesta: La gente tiene problemas económicos graves, la mayoría ha dejado de trabajar. Turismo no hay desde que empezó la pandemia, hay mucha gente en paro, también en situación de precariedad. Muchos se niegan a quedarse en casa porque dicen que antes tienen que trabajar para mantener a sus familias. 

P: ¿Qué situación están observando desde los Comités de Salud?

R: La gente no quiere hacerse cirugías porque no pueden pagarlas. Nosotros estamos pidiendo a través de nuestra organización medicinas para los enfermos crónicos, hay muchísimos, gente mayor, ancianos que son diabéticos, enfermos cardiacos, pulmonares. La suerte que ha habido aquí es que los mayores no han resultado muy afectados porque viven con sus familias, aquí se les protege. Yo tengo a mi suegra en su habitación y en casa no entra cualquiera…

P: ¿Y qué hay de los recursos? Mascarillas, fármacos, respiradores,…

R: Faltan medicinas, faltan medios, faltan mascarillas que no encontramos. Hace falta más protección, sobre todo que la Autoridad Nacional proponga un programa de ayudas donde no solo haya restricciones…Que colaboren porque han recibido mucho dinero de países árabes, de Turquía, de la OMS (Organización Mundial de la Salud), de Europa, pero no han dicho nada de lo que reciben y lo que no…

P: ¿Hay malestar en la calle por eso?

R: Sí, mucho. Hay un choque tremendo que puede acabar en un foco de revolución. La gente aguanta la ocupación, a los militares (israelíes),  que te falte el agua, que te quiten las tierras, pero si también te falta lo poco que puedes comer… Se están hartando, cada día despotrican más contra ellos (la ANP) En este asunto estoy muy preocupada…Por ejemplo, el caso de las empresas. Si quieren prosperar tienen que pagar impuestos a Israel y a la ANP, están acribillados de una forma u otra. La gente hasta dice que tenemos dos ocupaciones y no solo una…

P: Es usted dura con el gobierno de Ramala…

Lo que yo quiero es que proteja a mi población, a mis niños, mis mujeres, mis ancianos…Lo que no se puede permitir es que en estos momentos haya 200 menores en las cárceles israelíes maltratados, torturados y la ANP no hace nada. Lo mismo ocurre con unas 300 mujeres, maltratadas también porque piensan diferente o políticos encerrados porque están en contra de la ocupación. La ANP tampoco hace nada, dime qué tipo de gobierno es este. Solo piensan en su ombligo, en su gente, en cómo subirse el sueldo mientras la gente sufre hambre, castigos…

P: En Gaza las cosas están incluso peor…

R: La situación es muy delicada y muy grave porque están aislados desde hace más de diez años. Es una situación realmente tremenda. Hay un 70% de paro, la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos) tiene problemas inmensos para poder entrar alimentos y medicinas…

También me preocupa la situación de los palestinos en los campos de refugiados del Líbano. Están en un barrio de 4 ó 5 calles y hay casi 300.000 personas. Con esto del corona dicen que tienen un problema gravísimo de hacinamiento. Están asustados porque temen coger la enfermedad y no recibir ayudas. Y luego hay otra parte de palestinos que están en la frontera entre Siria y Jordania. Son los que vivían en Siria y se fueron por la guerra. Ahora están volviendo poco a poco, pero su situación es muy crítica en cuestión de alimentos y medicinas…

P: Hace poco usted denunciaba la situación de los jóvenes, de los estudiantes que estudiaban fuera cuando llegó la pandemia 

R: Por lo visto hay entre 1000 y 1500 estudiantes. Fíjate que mis hijos han estudiado en España, ellos tienen su DNI, allí están mis hermanos y ya trabajan porque han acabado, pero estos muchachos se han ido a estudiar fuera a universidades donde les han dado una beca. Creo que hay bastantes en Sudáfrica, Argelia, Estados Unidos…

Colgaron un vídeo donde denunciaban su situación porque ya no tienen dinero. Son becados, vienen de familias pobres, sin recursos. Han cerrado las residencias donde estaban. Algunos han podido irse con amigos, otros con familiares, pero hay otros que están en la calle pidiendo a gritos volver a casa. Imagínate lo que es para un padre o una madre no poder repatriar a tu hijo sabiendo la situación en la que está…


Y no solo los de Palestina, también los hay de Jerusalén. Los israelíes no quieren que vuelvan los de Jerusalén porque su objetivo final es echarles poco a poco de la ciudad. Hace un tiempo un chico que estudiaba en Estados Unidos llegó a Tel Aviv y lo mandaron de vuelta desde el aeropuerto de Ben Gurion teniendo todos los papeles. Esas cosas son un crimen. Él volvía para estar con su familia y tenía el permiso de Estados Unidos…

P: Hoy es el coronavirus pero, ¿qué es lo que más le duele en estos más de 30 años?

R: Las tres palabras que para mí se repiten en Palestina: la falta de libertad, la impunidad y el robo (de tierras) Tres cosas, además, muy dolorosas, porque la gente no ha olvidado. Ellos tienen en su mente que esta es su tierra y la consideran suya y es suya por mucho que diga Israel, pero a mí lo que más me duele es el total desamparo que padecen, la desafección del mundo hacia una población que está viviendo injustamente. El coronavirus es el último mal de un pueblo que ya vive cada día un infierno.

P: Le hago la pregunta que no le gusta. ¿Ha pensado en marcharse?

R: No, nunca, siempre me lo preguntan (se ríe). A lo mejor dentro de unos años cuando ya esté viejita y mis hijos digan: "venga, te sacamos de allí, que ya has tenido cárcel por bastante tiempo". Lo que tenemos pensado Elías y yo es pasar temporadas largas en España, pero dejar nuestra casa aquí, no…Lo que sé de la vida lo he aprendido en Palestina, me han enseñado a ser fuerte, a no rendirme, a resistirme en todo lo que pueda. Tengo amigas, tengo a mi familia, tengo mi casa y mientras aguante el cuerpo y aguante mi ánimo, aquí estaré intentando ayudar en todo lo que pueda. Hoy puedo decir que he sido feliz. 

 

Fuente: niusdiario.es