2020 · 06 · 03

Sobre la guerra interna palestina

Artículo del escritor palestino Khaled Barakat, donde aborda la disyuntiva de una posible guerra civil palestina a la luz de la decadencia de las autoridades que se han adueñado del poder y de las instituciones palestinas a espaldas de la gente y de los intereses nacionales y libertarios, favoreciendo a los sectores privilegiados y beneficiados de la ocupación militar.

 

Por: Khaled Barakat

¿Nos dirigimos hacia una guerra interna palestina, o a lo que algunos llaman una "guerra civil”?

Algunos manipulan esta pregunta para hacer cumplir sus mezquinos objetivos y amedrentar al pueblo palestino. Hay quienes pretenden que nuestro pueblo acepte las condiciones del enemigo sionista y no resistir: ¡Aceptar la "realidad" para no abordar la crisis de la situación interna! ¡Y todo esto bajo el pretexto de "cuidar la unidad nacional”!

Por otro lado, hay quienes aspiran a que nuestra gente vaya a la batalla equivocada, empujando al pueblo a mezclar churras con merinas, hasta que nuestra propia gente entre en una espiral de autodestrucción.

En ambos casos, nos llevan a un campo minado, con muerte segura y un propósito que solo sirve al enemigo, a sus aliados y sus agentes y serviles.

Sin embargo, la pregunta anterior sigue siendo legítima si se basa en la experiencia histórica del pueblo palestino, si se considera en su profundidad y seriedad y si se coloca en su contexto natural.

Los pueblos y los movimientos de liberación del colonialismo han experimentado guerras internas o civiles. Estas no llegaron súbitamente sin que se acumularan antecedentes y condiciones asociadas a éstas.  Tampoco llega al divorcio con su oponente político interno, porque "desea" nuevas guerras y conflictos que se sumen a su tormento diario a manos del colonizador. De hecho, la gran mayoría de las personas buscan un estado natural de estabilidad, prefiriendo manejar sus diferencias internas de acuerdo con los mecanismos democráticos y pacíficos cuando se puede. Sin embargo, la ebullición interna a veces conduce a la imposibilidad de coexistencia entre programas inconsistentes, clases y fuerzas sociales, y la contradicción entre ellos llega al punto de explosión y de no retorno.

A pesar de la "especificidad del espacio y el tiempo" para cada pueblo, lugar y país, la lectura de lo que escribió el camarada mártir Mahdi Amel sobre la guerra civil en el Líbano sigue siendo una importante referencia intelectual e histórica para conocer la esencia de las guerras sectarias y "civiles", sus orígenes y el papel de los poderes locales y externos en ella. Mahdi quería decirnos que lo que está pasando está más allá de un conflicto formal entre sectas, líderes, facciones y tribus, ya que hay una clase dominante transitoria que cosecha todos los beneficios y que está dispuesta a sacrificar vidas humanas.

Hay otra imagen, en el Líbano también, que puede parecer alejada de la imagen que tenemos sobre una guerra civil. Cuando hablamos, por ejemplo, del papel del "Ejército del Sur del Líbano" y los llamados Agentes de la Ocupación Israelí, además de sus colaboradores en la "zona del cinturón de seguridad", y cómo la resistencia los trató como parte integral de las fuerzas del enemigo y como objetivo legítimo para el fuego de la resistencia.  La presencia del enemigo sionista en la batalla hizo parecer que estos agentes estaban fuera de los cálculos de la "guerra interna" en el Líbano. Esto facilitó la misión de la resistencia para zanjar la batalla y lograr la victoria y finalmente, la liberación.

Leer las experiencias de los pueblos y los movimientos de liberación en China, Vietnam, Cuba, Sudán, Filipinas, Colombia, Irlanda, Sudáfrica y otros es necesario para extraer lecciones y ver encuentros y diferencias.  Lo mismo se aplica a la experiencia del propio pueblo palestino, el conflicto interno en su sociedad y cómo había (y hay) fuerzas locales palestinas obstruyendo el proceso de su lucha de liberación nacional desde los tiempos en que los buques de guerra de Napoleón fueron anclados frente a los muros de Acre en 1799.

Quizás hoy se deba prestar más atención al significado de "guerra interna”. La guerra interna, en la mayoría de los casos, es inseparable del conflicto en una región o provincia. El caso palestino no es una excepción. Además, las causas de los conflictos internos siempre están presentes y sus elementos arden de bajo las cenizas. Y esta guerra no siempre significa un conflicto político violento o claro. La guerra interna es la encarnación de una lucha entre bloques, clases, opciones políticas y centros de poder.  A menudo es una guerra entre la mayoría popular, y los regímenes y estructuras que el colonialismo moderno inventó, permitiendo que éstas gobiernen de acuerdo con sus intereses. Son su instrumento, arma y escudo, cuyo destino lo determina el pueblo alzado o hasta que el propio colonizador si es derrotado.

Esta es la verdad del conflicto, y las reglas para avanzar o retroceder, la realidad de cualquier sociedad donde una clase impone un régimen de represión en vez del diálogo y no considera enfrentar al enemigo externo como una prioridad nacional. Cualquier régimen que opte por el camino del abuso, la explotación, el privilegio, el empobrecimiento y la exclusión, es el sistema de la minoría gobernante, y en su relación con la gente llegará al punto crítico, e inevitablemente colisionará con la mayoría popular que ha perdido todo y no tiene nada mas que perder.

Hoy, los rebeldes en Filipinas están luchando contra sus "propios compatriotas" con armas, pero se dan cuenta de que están luchando contra los instrumentos del imperialismo y en contra de las empresas que están saqueando el país.  Los filipinos vivieron 400 años bajo el yugo del colonizador español, que los "entregó" a la ocupación estadounidense desde 1898. Esta realidad sigue siendo la misma hasta el día de hoy, incluso si los mecanismos del sistema de hegemonía y de saqueo cambian.

El pueblo argelino sabe cómo el colonialismo estableció las "Brigadas Harkis", que eran batallones armados de títeres argelinos que solían servir al colonizador francés y cometer crímenes contra el pueblo. Son una copia fiel de las "facciones de paz palestinas". (Grupos paramilitares fundados por los colonizadores británicos para aplastar la resistencia palestina de los años 1930 y 40)

Estas últimas, las "facciones de paz", fueron formadas por Gran Bretaña en Palestina, su entrenamiento y armamento fue llevado a cabo por el Oficial O'Connor a mediados de la década de los 1930, y participó en la eliminación de la Gran Revolución Palestina en 1936, y en el preludio de la "Nakba" 1947-1948. Fue dirigida por miembros de familias feudales, y los ricos que tuvieron estrechos vínculos con las fuerzas imperiales y reaccionarias de la región, incluidos Fakhri al-Nashashibi, Fakhri Abdul-Hadi y otros, liderados por Ragheb Nashashibi, líder del Partido de Defensa Nacional. El general británico Charles Tiggart estableció un sistema de seguridad completo a partir de estas brigadas, e instauró centros militares de policía en ciudades y áreas fronterizas conocidas como "condados", y continuó estableciendo cinturones de seguridad para proteger al colonizador británico-sionista de los ataques rebeldes. Años después, el agente Fakhri Nashashibi fue asesinado en Irak en 1941, mientras que Fakhri Abd al-Hadi fue asesinado en la aldea de Arababa (distrito de Jenin) en 1943.

Antes de la formación de la Autoridad Palestina en 1994, la entidad sionista estableció un sistema conocido como "Red de enlaces de las aldeas". También estableció más enlaces bajo otros nombres y títulos, todos ellos para servir al proyecto sionista. Sin embargo, todo esto ya no era necesario después del establecimiento de la entidad de Oslo y sus órganos. El colonizador siempre trata de establecer un sistema mediador entre él y la población a través de una autoridad local subordinada a la potencia colonizadora.

Los enfrentamientos armados que tuvieron lugar entre las fuerzas palestinas en el año 1935 y en Jordania y en el Líbano después del inicio de la actividad guerrillera, incluso en Gaza en 2007, son manifestaciones que encarnan este conflicto interno palestino: entre un enfoque y su opuesto, entre clases e intereses en pugna. La cuestión no era "personal" entre el jeque Izz al-Din al-Qassam y el líder Ragheb Nashashibi, ni tampoco entre el mártir Wadih Haddad y el rey Hussein de Jordania. Quien diga lo contrario promueve pretextos y cuentos que benefician a quienes prefieren respuestas preparadas y rápidas.

Sí, hay una permanente guerra palestina. Su fuego se desvanece y se intensifica de acuerdo con el equilibrio de fuerzas y la tensión de la lucha de clases en el país. Esta ha sido la norma desde que llegaron al poder los líderes feudales y la gran burguesía, llegando a un puñado de "Compradores", que representa la ocupación y el capital en Ramallah, Amman y Naplusa. Independientemente de las razones que llevaron a esta realidad, que sin duda son importantes y deben abordarse en artículos independientes posteriores, la verdad fundamental e inquebrantable es que existe una minoría palestina que se apodera de la toma de la decisión política, y la monopoliza con la fuerza, dinero robado, y apoyo exterior  estadounidense, europeo y reaccionario árabe, gracias a la coordinación de seguridad con la ocupación, y está dispuesta para defender sus intereses, cometer crímenes políticos. Estas fuerzas impidieron la victoria, abortaron más de un levantamiento popular, negociaron tierras y derechos, y destruyeron los logros nacionales.

Esta guerra no es un enfrentamiento entre regiones, grupos religiosos, internos y externos, derecha e izquierda, derecha y derecha, ni entre Gaza y Cisjordania, sino que es una parte evidente de la gran guerra: por un lado, un pueblo cuya mayoría está ocupada y se encuentra en el exilio y la diáspora que anhela liberar su tierra y su gente, y por el otro lado, los serviles de la ocupación colonial. Es parte de una lucha mayor entre una civilización y un pueblo que es aplastado diariamente desde el océano hasta el Golfo, -término utilizado para referirse a todos los árabes desde el golfo arábico hasta el océano Atlántico- y entre proyectos y fuerzas imperialistas, sionistas y reaccionarios que quieren tragar la riqueza de estos pueblos.

La ira popular contenida en los campamentos palestinos en particular, y en los cinturones de la miseria y la pobreza, no se debe a la "envidia" de quienes viven en palacios y acumulan riquezas en bancos extranjeros, sino esta ira se debe a que estas fortunas son dineros robados al pueblo palestino: sus derechos han sido robados, saqueados y violados durante al menos 72 años.

Sin embargo, si los moradores de los palacios y los dueños de los bancos tienen sus poderíos y aparatos de seguridad, ¿dónde está la autoridad del campamento y la de las clases populares? ¿Cuál es su proyecto político alternativo? ¿Cuáles son las fuerzas que lo expresan hoy?

La tierra palestina que ha sido negociada es propiedad colectiva del pueblo palestino. La riqueza natural tiene propiedad colectiva. El gas robado del Mar de Palestina es propiedad colectiva. La Organización para la Liberación de Palestina y sus instituciones son propiedad colectiva, pero fueron confiscadas, incluso secuestradas, y se convirtieron en una granja privada para un puñado de entreguistas y mercaderes que vendieron la causa, la tierra y la gente. Nuestro pueblo se da cuenta de que la red de sionistas, comisionistas y ladrones, se extiende desde Tel Aviv a El Cairo y Amman y llegan a Ramallah, es la red que saquea y vende las riquezas, y es en sí la misma la que coordina la seguridad con la entidad sionista y la que sella los tratados de “paz y reconciliación” (Camp David, Wadi Araba, Oslo), y es la misma, que excluye al 99% de la población y les prohíbe ejercer libremente su derecho a decidir el destino de su causa nacional.

 

¿Estamos, entonces, al borde de una guerra interna palestina?

Esto es lo que un ciudadano celoso no desea para su país, su causa y su gente, y esto es lo que siempre intentará evitar. Pero las ilusiones no corresponden la realidad. La verdad es que vivimos en el corazón de esta guerra, no la dejamos ni un solo día, y su expresión difería de una etapa a otra, sin llegar a una reacción popular violenta por el momento. Esto sería hasta que el pueblo palestino libere su voz y voluntad nacional, y prevalezcan los anhelos de las clases populares y un enfoque alternativo. De lo contrario, un segmento palestino de minoría, rendido, colaborante (y decadente), continuará gobernando, negociando y sellando acuerdos y vendiendo los logros del pueblo, en nombre del pueblo, pero a espaldas del pueblo, sin rendir cuentas y sin intervención alguna de este pueblo.

 

Fuente: al-adab.com

Traducido del árabe por Jaldia Abubakra para palestinalibre.org