2020 · 05 · 11

Centenario de la entrega de Palestina al Movimiento Sionista

Declaración Balfour, Conferencia de San Remo y hoy el 'Acuerdo del Siglo'

El pasado 25 de abril se cumplieron cien años de la Resolución de la Conferencia de San Remo, por la cual las potencias aliadas en la I Guerra Mundial entregaban Palestina al Movimiento Sionista. El periodista y editor de The Palestine Chronicle, Ramzy Baroud, nos recuerda que hoy el llamado 'Acuerdo del Siglo' representa la segunda edición de aquella Resolución, en la que ya no son varias naciones, sino una sola la que resuelve.

Hace cien años, los representantes de unas cuantas potencias se reunían en San Remo, ciudad de la Riviera italiana. Entre todas sellaban la suerte de los extensos territorios que fueron confiscados al Imperio Otomano después de su derrota en la I Guerra Mundial.

Fue el 25 de abril de 1920 cuando el Consejo Supremo de los Aliados en la I Guerra Mundial aprobaba la Resolución de la Conferencia de San Remo, por la cual se establecían varios Mandatos en Palestina, Siria y “Mesopotamia” (Irak). Estos dos últimos estaban teóricamente pensados para una independencia provisional, mientras que Palestina le fue otorgada al Movimiento Sionista para que estableciera allí el hogar judío. La Resolución rezaba así:

El Mandato será responsable de poner en vigor la Declaración (Balfour) realizada por el gobierno británico el 8 de noviembre de 1917 y adoptada por las otras potencias aliadas, en favor del establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”.

La Resolución le daba mayor reconocimiento internacional a la decisión unilateral de Gran Bretaña de tres años atrás (Declaración Balfour), para entregar Palestina a la Federación Sionista por el apoyo de ésta a Gran Bretaña durante la Gran Guerra. Y, al igual que en la Declaración Balfour, se hacía una mención superficial a los desafortunados habitantes de Palestina, cuyo hogar histórico se estaba confiscando y entregando injustamente a colonizadores.

El establecimiento del Estado Judío, según San Remo, pivotaba sobre un vago “entendimiento” de que “nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de la comunidades no judías existentes en Palestina”. Esta adición no era más que un mero intento de que la Resolución pareciera políticamente equilibrada, mientras que, en realidad, no se pergeñó ningún mecanismo para asegurar que el “entendimiento” se respetara y pusiera en práctica.

De hecho, se puede decir que el prolongado compromiso de Occidente con la cuestión de Israel y Palestina ha seguido el mismo patrón de San Remo: al movimiento sionista (y finalmente Israel) se le otorgan sus objetivos políticos en base a condiciones sin garantías que nunca son respetadas o implementadas.

Nóteses cómo la inmensa mayoría de las Resoluciones de las Naciones Unidas concernientes a los derechos palestinos han sido históricamente aprobadas por la Asamblea General y no por el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos es una de las cinco potencias con derecho a veto y siempre listo para aplastar cualquier intento de aplicar la ley internacional. Es esta dicotomía histórica lo que ha llevado al actual punto muerto político.

El liderazgo palestino, uno tras otro, ha fracasado miserablemente en cambiar este afixiante paradigma. Décadas antes del establecimiento de la Autoridad Palestina, hubo innumerables delegaciones, compuestas por los que decían representar al pueblo palestino, que viajaban a Europa, apelaban a uno u otro gobierno y suplicaban por la causa palestina demandando justicia.

El 20 de febrero del presente año, la administración de Donald Trump sacó su propia versión de la Declaración Balfour, llamada “El Acuerdo del Siglo”.

La decisión de EE.UU que, de nuevo, se salta la ley internacional, prepara el camino para más anexiones colonialistas de la Palestina ocupada por parte de Israel. Descaradamente, amenaza a los palestinos con que, si no cooperan, serán severamente castigados. De hecho, ya lo están siendo, puesto que Washington ha cortado todos los fondos a la Autoridad Palestina y a las instituciones internacionales que proveen ayuda crítica al pueblo palestino.

Como en la Conferencia de San Remo, la Declaración Balfour y muchos otros documentos, a Israel se le ha pedido, siempre con cortesía pero sin plan alguno para poner en práctica tales demandas, que otorgue a los palestinos algunos gestos simbólicos de libertad e independencia.

Algunos pueden decir, y con razón, que el Acuerdo del Siglo y la Resolución de la Conferencia de San Remo no son idénticos en el sentido de que la decisión de Trump es unilateral, mientras que la Conferencia de San Remo fue resultado de un consenso político entre varios países -Gran Bretaña, Francia e Italia, entre otros.

Verdad. Pero se deben tener en cuenta dos importantes aspectos: primeramente, la Declaración Balfour también fue una decisión unilateral. Los aliados de Gran Bretaña tardaron tres años en abrazar y validar la decisión ilegal hecha por Londres para entregar Palestina a los Sionistas. La cuestión ahora es ¿cuánto tiempo tardará Europa en hacer suyo el Acuerdo del Siglo?

En segundo lugar, el espíritu de todas estas declaraciones, promesas, resoluciones y “acuerdos” es el mismo. Las superpotencias deciden en virtud de la enorme influencia que ejercen para reconfigurar los derechos históricos de las naciones. Del mismo modo, el viejo colonialismo nunca ha muerto realmente.

La Autoridad Palestina, como los liderazgos palestinos previos, es presentada con los proverbiales palo y zanahoria. En marzo pasado, el yerno del presidente de EE.UU, Jared Kushner, dijo a los palestinos que si no volvían a las negociaciones (inexistentes) con Israel, los Estados Unidos apoyarían la anexión de Cisjordania por Israel. Durante casi tres décadas y, ciertamente, desde la firma de los Acuerdos de Oslo en septiembre de 1993, la Autoridad Palestina ha elegido la zanahoria. Ahora que EE.UU ha decidido cambiar las reglas del juego, la Autoridad de Mahmoud Abbas se enfrenta a la amenaza existencial más grave hasta ahora: hacerle la reverencia a Kushner o insistir en volver a un paradigma político muerto que fue construido, y después abandonado, por Washington.

La crisis dentro del liderazgo palestino la ve Israel con toda claridad. El nuevo gobierno de coalición, formado por los antes rivales Benjamin Netanyahu y Benny Gantz, ha acordado, provisionalmente, que es cuestión de tiempo la anexión de grandes porciones de Cisjordania y el Valle del Jordán. Sólo esperan a que EE.UU dé su aprobación.

No es probable que esperen mucho. El Secretario de Estado, Mike Pompeo dijo el 22 de abril que la anexión de los territorios palestinos es una “decisión de Israel”. Francamente, importa poco. La Declaración Balfour del siglo XXI ya está hecha, solamente falta convertirla en una nueva e incontestable realidad.

Quizás sea hora de que el liderazgo palestino entienda que arrastrarse a los pies de los herederos de la Resolución de San Remo, que construyeron y han sostenido al Israel colonialista, no es, ni nunca ha sido, la solución. Quizás sea hora de repensarlo seriamente.

Fuente Origina: 100 Years of Shame: The Annexation of Palestine Began in San Remo

Fuente: Eva Lagunero, Canarias Semanal