2020 · 01 · 17

Gaza 2020: 'Nuestra peor pesadilla es que empiece a llover'

Tres palestinos que viven en la sitiada Gaza,, describen las condiciones en el territorio.

Un niño palestino camina descalzo después de una tormenta en la aldea de Al-Moghraga, cerca del campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, en febrero de 2016 (AFP)

Hace siete años la ONU publicó un informe en el que advertía que para 2020 la Franja de Gaza sería inhabitable debido a los graves problemas de agua, de electricidad y de sus sistemas sanitario y educativo. Hoy, a las puertas de 2020, Middle East Eye (MEE) habló con la propietaria de una casa, un médico y una maestra acerca de cómo habían cambiado sus vidas en los últimos años y qué podía depararles el futuro. La propietaria, Aisha Abu Nemer

Aisha Abu Nemer, de 23 años, vive con su marido y sus tres hijos, de 8 y 6 años, y de 8 meses, en Khan Younis al sur de Gaza.

La deteriorada casa, situada en un barrio marginal y pobre, tiene un total de 50 metros cuadrados y está cubierta por un techo de hojalata. La familia vive en una habitación, que hace las veces de salón, cocina y cuarto de baño. En una habitación individual contigua en la que duerme toda la familia hay un colchón en el suelo y un armario blanco, el único mueble de la casa.

Nada de esto protege a Aisha Abu Nemer y a su familia del calor, frío o humedad de Gaza. “Nuestra peor pesadilla es que empiece a llover”, dice a MEE. “Nos tenemos que levantar en medio de la noche para llenar cubos con el agua de lluvia que inunda la casa y quitar el colchón y las mantas del suelo. Tenemos que permanecer despiertos hasta que deje de llover y se sequen las mantas”.

No siempre ha sido así, Cuando ella y su marido, Jihad Abu Nemer, se casaron hace ocho años la situación economía de Gaza era mejor. “Mi marido recoge hormigón en una carreta y lo vende por unos 5-8 shekels [1-2 dólares] al día, lo que supone unos 100-150 shekels [29-43 dólares] al mes, que en absoluto cubre nuestras necesidades, por lo que dependemos sobre todo de la ayuda. Hace ocho años ganaba mucho más”, añade al tiempo que señala que ganaba entre 100 y 150 dólares al mes.

Según la UNRWA, la agencia de la ONU que se ocupa de las personas refugiadas, años de conflicto y de bloqueo* han hecho que un 80 % de la población de Gaza dependa de la ayuda internacional.

Es difícil conseguir lo esencial. “No tenemos agua corriente”, afirma Nemer. “Nos costaría mucho dinero conseguir el suministro de agua municipal, así que nuestro vecino nos llena de vez en cuando el barril de agua para lavarnos y lavar la ropa y la vajilla. Para el agua potable llenamos otro barril en un grifo que instaló en el barrio una asociación de ayuda”.

A pesar de su difícil situación económica la prioridad principal de Abu Nemer es que su hija de seis años reciba una educación adecuada. “Mi hija está en primer grado. Solo tiene un vestido para ir al colegio. Cuando vuelve, lo lavo y lo pongo a secar al sol para que se lo pueda poner al día siguiente. Aunque no tengamos dinero suficiente para su educación, vendería mi sangre para que fuera al colegio”.

El médico, Abdullah al-Qishawi

Abdullah al-Qishawi, de 49 años, ejerce como médico desde hace más de dos décadas y es el responsable del primer proyecto de trasplante de riñón de Gaza iniciado en 2013.

El dr. Abdullah al-Qishawi hace la ronda en el departamento de diálisis del hospital al-Shifa de la ciudad de Gaza, el mayor complejo médico de la Franja. Qishawi, que es el jefe de departamento, examina a decenas de pacientes de diálisis, la salud de muchos de los cuales se ha deteriorado gravemente desde principios de 2019 debido a la falta de equipamiento médico y a los cortes de electricidad. Los efectos de ambos son evidentes en el atestado departamento. Todas las habitaciones y las camas están llenas, lo que obliga a muchos pacientes a esperar durante horas (a veces fuera) a su turno en los aparatos de diálisis.

“Tenemos una grave crisis de falta de medicamentos y de cortes de electricidad que complica el tratamiento de los pacientes de diálisis”, explica Qishawi a MEE. También ha aumentado la cantidad de personas que necesita tratamiento. “Lo que exacerba la situación y duplica la cantidad de pacientes de diálisis es el hecho de que casi toda el agua potable de Gaza sea imbebible, de modo que decenas de miles de pacientes están dañando sus riñones”.

En Gaza hay 65 aparatos de diálisis, pero poco menos de una tercera parte de ellos están averiados, afirma Qishawi. El Ministerio de Sanidad palestino no los puede sustituir o reparar debido a la falta de piezas de recambio.

El departamento de diálisis solía funcionar 16 horas la día, desde las 8 de la mañana hasta medianoche. Ahora ha tenido que ampliar su horario hasta las 4 de la mañana para tratar a la cantidad cada vez mayor de pacientes y hacer frente a la falta de personal y equipamiento médico. “Hay una grave falta de suministros y equipamiento médico lo que hace que el mayor hospital de la Franja no pueda proporcionar a miles de pacientes el tratamiento necesaria, y a menudo urgente”, afirma Qishawi. “La situación ha empeorado significativamente en los últimos años. Si continúa así, seremos testigos de una verdadera catástrofe a todos los niveles”.

Qishawi tiene poca esperanza en el futuro. “No hay duda de que aunque bajo el bloqueo la situación siempre ha sido mala, [pero] ahora asistimos al peor periodo en términos de servicios médicos y de la situación sanitaria en general [de las personas que viven en Gaza]”.

La maestra, Basema al-Basous

Basema al-Basous, de 44 años, trabaja como maestra en la escuela elemental al-Abbas del densamente poblado barrio de Shujayea de la ciudad de Gaza.

Basema al-Basous, que es maestra desde hace más de nueve años, enseña a recitar El Corán a 50 alumnas en la clase de estudios islámicos.

“Manejar una clase con 50 alumnas es uno de los mayores retos a los que he tenido que hacer frente desde que soy maestra”, declaró Basous a MEE. “Tanto para la maestra como para las alumnas resulta difícil estar en un lugar tan atestado de personas. A menudo tengo ronquera porque tengo que alzar la voz para que las 50 niñas me oigan”.

Es bien conocido el problema del hacinamiento en las escuelas de Gaza ya que en la última década la población ha crecido aproximadamente un 20 %. Muchos centros educativos tienen que funcionar en dos turnos para hacer frente a la cantidad de alumnos. El ministro de Educación palestino h  afirmado que para 2021 se deben construir 86 escuelas nuevas y añadir más de 1.000 aulas a los centros que ya existen para proporcionar un entorno de aprendizaje seguro y adecuado.

Basous afirma que en los últimos años ha ido aumentando la cantidad de alumnos en sus clases ya que muchos padres han cambiado a sus hijos de escuelas privadas a las públicas por razones económicas. Está de acuerdo en que construir escuelas nuevas y proporcionarles equipamientos mejores (con sistemas de ventilación y de calefacción) sería un paso adelante para el sector de la educación de Gaza.

El hacinamiento de las aulas también puede afectar a la salud y al rendimiento de los niños. “Si un niño que tiene gripe acude una mañana a clase, al día siguiente hay aproximadamente otros 30 niños más enfermos”, afirma Basous. “Además, el caos y la falta de pupitres y de sillas (así como el tiempo limitado) reducen el rendimiento, la comprensión y la armonía social del alumnado”. Añadió que algunos de sus colegas tienen dificultades debido al ruido y a los problemas para comunicarse con una cantidad tan grande de alumnos.

Y sigue teniendo esperanzas de que la Franja de Gaza pueda superar su crisis económica y humanitaria. “No creo que llegue el momento en que no se pueda vivir Gaza. Las y los palestinos de Gaza tiene su propia forma de resistir, de superar sus crisis y de vivir en las situaciones más difíciles”.

Hasta que el Ministerio de Educación se ocupe de los problemas de las escuelas de Gaza, “seguiremos con nuestras iniciativas y nuestro esfuerzo personales para apoyar a nuestros alumnos. Pase lo que pase no podemos defraudarlos”.

* Recordemos que en 2007 Israel impuso un bloqueo total a la Franja de Gaza después de que Hamas ganara las elecciones presidenciales de 2006 (n. de la t.).

Acerca del autor: Maha Hussaini es una activista de derechos humanos palestina que vive en la Franja de Gaza y Nada Nabil es una defensora de derechos humanos y coordinadora de medios sociales en Euro-Mediterranean Human Rights Monitor [Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos].

Fuente Original: Gaza 2020: 'Our worst nightmare is when it starts raining'

Fuente: Maha Hussaini y Nada Nabil, Middle East Monitor / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos)