2019 · 10 · 25

Una enemistad abandonada junto al Mar Muerto para una paz sin celebraciones

Abandonados en una orilla del Mar Muerto quedan los restos de la enemistad entre Israel y Jordania: cuarteles, búnkeres y comedores que utilizó el Ejército jordano en sucesivos enfrentamientos hasta formalizar una paz que, 25 años después, prevalece con tiranteces y sin celebraciones.

"Antes de 1967, eran base militar del Ejército jordano. Después de que Israel tomara el control del área, los edificios sirvieron como un kibutz (Kalia). Mis padres fueron unos de los primeros en mudarse en 1973", cuenta a Efe el israelí Itay Maor con el salado lago a la espalda.

El Mar Muerto, el punto más bajo del planeta, es parte de la frontera natural que separa Jordania de Israel en el sur y del territorio palestino de Cisjordania en el norte, donde el Ejército jordano tuvo presencia y administró la zona tras la primera guerra árabe-israelí (1948-49) que terminó con un armisticio.

Jordania se había opuesto con el resto de países árabes a la creación del Estado de Israel en parte de la Palestina histórica, lo que inició una enemistad de décadas, hasta convertirse el 26 de octubre de 1994 en la segunda nación árabe, después de Egipto en 1979, en firmar la paz. A día de hoy, estos son los dos únicos países árabes con los que Israel mantiene relaciones diplomáticos, aunque en la última década ha aumentado los contactos informales con países del Golfo.

"Fue más fácil que con Egipto porque con Jordania siempre hubo negociaciones secretas y confidenciales tanto con el padre (Husein) del actual rey como antes", reconoce a Efe Ruth Yaron, exfuncionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí que participó en las negociaciones de paz.

Veinticinco años después, ninguno de los dos países conmemorará o celebrará mañana sábado esta efeméride en la que la cuestión palestina tensa continuamente las oscilantes relaciones diplomáticas.

Los restos de la base militar en los que vivieron los padres de Maor, que gestiona uno de los resort junto al Mar Muerto, son hoy lienzo de artistas israelíes e internacionales en un proyecto que comenzó el año pasado como símbolo de coexistencia.

Sin embargo, esta zona, a escasos kilómetros de Jericó, es territorio palestino, y sigue ocupada en contra de la ley internacional desde la guerra de 1967 por Israel que, según los Acuerdos de Oslo, firmados solo un año antes de la paz con Jordania, se tenía que haber retirado progresivamente.

Procesos de pacificación que según el palestino Ghalib Salim Ali, exmiembro del Consejo Local de Jericó, fueron recibidos en su momento con optimismo hasta que la permanencia de la ocupación israelí ha ido desvaneciendo las esperanzas.

En un cuarto de siglo varios han sido los incidentes que han puesto las relaciones entre los dos países ante importantes retos, "con una sociedad volátil y susceptible" ante la cuestión palestina, describe Yaron.

La matanza de siete adolescentes israelíes por un soldado jordano en 1997, el intento de asesinato del líder del movimiento islamista palestina Hamás, Jaled Meshal, por parte de Israel ese mismo año y la muerte de dos jordanos en la Embajada israelí de Amán por disparos de un guarda de seguridad israelí en 2017 son algunos de los acontecimientos que "han enrarecido" las relaciones.

El estatus de Jerusalén Este ocupado, donde Jordania es custodio de los lugares musulmanes y cristianos con la Explanada de las Mezquitas (Monte del Templo, para los judíos) como punto álgido, y el reconocimiento de la Ciudad Santa como capital israelí por Washington son otros dos episodios que enfrían la cercanía.

"Las relaciones entre Israel y Jordania con muy complejas, no son blancas o negras. Hay muchos grises, por eso creo que no se conmemora", lamenta la experta política, que alude al alto número de refugiados palestinos que vive en el país vecino: "Israel entiende que poner la luz en una celebración pondría a Jordania en un aprieto por el sector palestino".

Pese a las voces que aumentan en Jordania para limitar este tratado de paz con Israel, Yaron cree que el acuerdo no está en peligro, y es "exitoso" en términos de coordinación de seguridad y económica, aunque habría mucho que reforzar y ampliar.

"Convertir las relaciones de dos enemigos en las de dos amigos lleva más de 25 años", valora. 

Fuente: Agencia EFE