2019 · 06 · 26

Comprar a Palestina por monedas

Durante el fin de semana, la Casa Blanca presentó “Paz para la Prosperidad”, el componente económico de su llamado “Acuerdo del Siglo”.

Protesta contra la reunión económica de Bahrein, en Rafah, Gaza, el 18 de junio. Esta semana en ese país se presentará el componente económico del “Acuerdo del Siglo” de la administración Trump. Imágenes de Ashraf Amra APA

Durante el fin de semana, la Casa Blanca presentó “Paz para la Prosperidad”, el componente económico de su llamado “Acuerdo del Siglo”.

El plan anuncia de 50.000 millones de dólares en “inversiones” repartidas en 179 proyectos. La mitad del dinero se gastaría en infraestructura palestina durante 10 años, y el resto se repartiría entre Egipto, Líbano y Jordania.

Supuestamente incluirá un corredor de transporte de 5.000 millones de dólares entre Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas y otros 2.000 millones de dólares en el sector turístico palestino.

El plan tiene cero posibilidades de éxito, entre otras cosas porque nadie sabe de dónde vendría el dinero (presumiblemente sería comprometido por los países clientes de Estados Unidos en el Golfo); y no hay ninguna razón para creer que Israel remotamente permitiría algún proyecto importante destinado a beneficiar al pueblo palestino.

Jared Kushner, asesor y yerno del presidente Donald Trump, y el enviado de Estados Unidos Jason Greenblatt son los cerebros detrás del plan. Afirman que reducirá la pobreza a la mitad y duplicará el PBI palestino en una década.

Le dije a Al Jazeera el sábado que el plan consiste en ideas recalentadas para una “paz económica”: la esperanza de que unas cuantas migajas financieras compren al pueblo palestino para que deje de exigir la liberación y de resistir al sistema israelí de ocupación, colonialismo de asentamiento y apartheid.

Es un esfuerzo para comprar a Palestina por monedas.

Ver la entrevista aquí:

Infligiendo dolor y miseria

Incluso tomando el plan en sí mismo, Kushner arranca con un verdadero problema de credibilidad. Para poner sólo un ejemplo: “Paz para la Prosperidad” afirma que habrá grandes inversiones en salud para la población palestina, porque “una economía saludable requiere una población saludable”.

Pero a instancias de Kushner, una de las primeras cosas que hizo la administración Trump fue cortar toda la ayuda humanitaria y de desarrollo de EE.UU. a Palestina, incluyendo el apoyo financiero a la UNRWA, la agencia de la ONU que proporciona salud y educación a la población refugiada palestina más pobre y vulnerable.

La administración Trump también eliminó la financiación para seis hospitales en Jerusalén Este, los cuales proporcionan atención médica vital a la población palestina de Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas.

Jared Kushner no puede decirnos que se preocupa por acabar con la pobreza del pueblo palestino y al mismo tiempo infligirle más dolor y miseria, que es lo que realmente ha hecho, en contraste con las quimeras de este plan.

Un reempaquetado de la ocupación

No hay nada nuevo en el esfuerzo de Kushner por vender la ocupación militar y la explotación colonial como un plan para la prosperidad.

A principios de los 1990s, cuando se firmaron los acuerdos de Oslo, los medios de comunicación proclamaron que Gaza se convertiría en el “Hong Kong del Mediterráneo”.

En cambio, bajo el disfraz del “proceso de paz”, Israel comenzó a aislar a Gaza y a “des-desarrollar” sistemáticamente su economía, como describe la académica Sara Roy.

De nuevo, en 2005, cuando Israel se preparaba para retirar a sus colonos del interior de Gaza, los medios de comunicación cacarearon que el territorio costero se convertiría en el “Singapur del Mediterráneo”.

Pero en lugar de permitir que prosperara, Israel convirtió a Gaza en un gueto donde mantiene encerrada a la que considera población excedente que debe ser bombardeada o asesinada por francotiradores si se atreve a resistir su destino.

Impertérrito, el plan de Kushner afirma que “Así como Dubai y Singapur se han beneficiado de sus ubicaciones estratégicas y han florecido como centros financieros regionales, Cisjordania y Gaza pueden convertirse en un centro del comercio regional”.

Uno se estremece al pensar qué peor destino le espera a Gaza después de estas últimas promesas.

Futuro distópico

En medio de todo el cacareo neoliberal sobre la “gobernanza”, la “creación de capacidad” y la “capacitación” de los palestinos, el plan de Kushner promete “aumentar las exportaciones palestinas del 17 al 40 por ciento del PBI”, en parte a través del “desarrollo de zonas industriales de vanguardia”.

Esto, también, recicla planes de décadas atrás para convertir a la población palestina, o a trabajadores migrantes que serían traídos, en una mano de obra barata y cautiva en zonas industriales donde las corporaciones extranjeras los explotarían libres de derechos laborales, estándares de salud y ambientales o cualquier monitoreo efectivo, como ha ocurrido en la vecina Jordania y en todo el mundo subdesarrollado (analicé esto en mi libro de 2014 “La Batalla por la Justicia en Palestina”).

Este futuro distópico para el pueblo palestino fue defendido en similares términos de color rosa por Tony Blair en 2008 cuando era el enviado del Cuarteto, el moribundo grupo de funcionarios rusos, estadounidenses, de la Unión Europea y de la ONU que afirmaban estar haciendo avanzar el “proceso de paz”.

Si Kushner realmente quisiera aumentar drásticamente el PBI palestino, no se necesitarían 10 años ni miles de millones de dólares. Todo lo que se necesitaría, para empezar, es que Israel ponga fin a sus severas restricciones sobre los sectores palestinos que trabajan, desarrollan empresas y cultivan sus tierras en Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas.

Las restricciones militares israelíes a la actividad económica palestina en la llamada Área C −el 60 por ciento de Cisjordania, bajo total dominio militar de Israel− han costado a la economía palestina miles de millones de dólares.

El Banco Mundial estima que “si se permitiera el desarrollo de empresas y granjas en el Área C, ello añadiría hasta un 35 por ciento al PBI palestino.”

Pero el plan de Kushner no hace mención alguna a que millones de palestinos y palestinas viven bajo una dictadura militar israelí que pone innumerables obstáculos deliberados a la economía palestina como parte de su violencia sistemática contra la población.

Lo más cerca que llega el plan a reconocer la realidad es la afirmación eufemísticamente irrisoria de que los palestinos “enfrentan rutinariamente desafíos logísticos en Cisjordania y Gaza, que les impiden viajar, estancan el crecimiento económico, reducen las exportaciones y frenan la inversión extranjera directa.”

No, Jared: es una ocupación militar, no un “desafío logístico”.

Del mismo modo, el desempleo en Gaza es superior al 50 por ciento (casi el 80 por ciento para los graduados universitarios) no por la ausencia de proyectos de “inversión”, sino por el bloqueo impuesto desde hace 12 años por Israel en el territorio; otra realidad flagrante que el plan se niega a reconocer.

Probado y fallado

No hay mucho más que decir sobre este plan, excepto que cualquiera que albergue las más remotas ilusiones de que el inminente componente político del plan (si es que alguna vez ve la luz del día) podría ser algo mejor, debería dejar de lado esas ilusiones.

Eso no será más que una fachada para que Israel anexione Cisjordania ocupada en su totalidad o en parte.

La conferencia de Bahrein programada para esta semana, en la cual se lanzará “Paz para la Prosperidad”, ya es un fracaso.

Originalmente, se suponía que iba a ser un escaparate de la normalización, con una delegación ministerial israelí de alto nivel codeándose con los líderes árabes.

Pero en medio de una rígida resistencia regional −o quizás mera timidez de algunos regímenes árabes− y de un boicot total por parte de los palestinos, Estados Unidos abandonó sus planes de invitar a una delegación oficial israelí.

Incluso clientes de Estados Unidos habitualmente fiables como la Unión Europea, Jordania y Egipto están enviando la representación más baja posible.

Hace una década, el Cuarteto trató de imponer una paz económica ilusoria a los palestinos, en ese momento con la colaboración entusiasta de los dirigentes de la Autoridad Palestina. El esfuerzo se completó con una muy cacareada “conferencia de inversores” en Belén, que, al igual que la edición de Bahrein, fracasó en medio de la acérrima oposición palestina.

En caso de que hubiera alguna duda sobre cómo se siente la gente en Palestina, las facciones políticas de la Franja de Gaza anunciaron una huelga general para este martes, a efectos de enviar el mensaje a los que se reúnen en Bahrein de que nadie puede extinguir sus derechos inalienables, especialmente con vacías promesas de “prosperidad”.

Como le dije a Al Jazeera, lo que el pueblo palestino necesita y exige es la liberación, no la caridad de Jared Kushner.

Publicado el 25/6/19 en Electronic Intifada. Traducción: María Landi.

Protesta en Nablus el 25 de junio contra el Acuerdo del Siglo y el plan Paz para la Prosperidad:

“Palestina no se vende”.

Fuente Original: Buying Palestine for peanuts

Fuente: Ali Abunimah, The Electronic Intifada / Traducción: María Landi, Blog Palestina en el Corazón

Acerca de María Landi: María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania. Es columnista del portal Desinformémonos y escribe en varios medios independientes y alternativos.