2019 · 06 · 12

Los gazatíes sueñan con irse, en busca de un futuro

Junto a un vertedero de Gaza, en una casa muy modesta sólo quedan las mujeres, los niños y un anciano. Los hombres han emigrado ante la falta de futuro en el enclave palestino.

Vista del campo de refugiados de Jan Yunes, en el sur de la Franja de Gaza, el 26 de febrero de 2019

Junto a un vertedero de Gaza, en una casa muy modesta sólo quedan las mujeres, los niños y un anciano. Los hombres han emigrado ante la falta de futuro en el enclave palestino.

Los dos hermanos de Angham Zorab y su marido partieron en junio de 2014. "Vendió la casa y con los 5.000 dólares se fue", cuenta la joven de 23 años refiriéndose a su esposo.

"Tomaron la ruta de los túneles" en dirección a Egipto, el enclave palestino gobernado por el movimiento islamista Hamas y sometido a un bloqueo israelí estricto.

En el pasado los gazatíes usaron estos túneles cavados bajo la frontera egipcia, una de las pocas vías de salida del enclave. Así comenzaban un periplo peligroso por el Mediterráneo para intentar llegar a Europa.

En los últimos años Egipto destruyó cientos de túneles y mantuvo cerrado el paso fronterizo terrestre de Rafah hasta 2018, cuando lo reabrió gracias a una mejora en las relaciones entre El Cairo y Hamas. Desde entonces cada día decenas de gazatíes están autorizados a cruzarlo.

El verano pasado el cuñado de Angham Zorab fue uno de ellos. Fue el último de la familia en emigrar.

Su marido "se fue por los mismos motivos que todos los demás: el trabajo", declaró Angham Zorab a la AFP. "Él decía: 'Voy a construir un futuro a mi hija, a mi familia'".

Gaza lleva más de diez años sometida a un estricto bloqueo terrestre, aéreo y marítimo impuesto por Israel. El Estado hebreo y Hamas libraron tres guerras desde 2008 y está vigente una tregua precaria.

"Yo también quiero"

En esta franja de tierra situada entre el mar Mediterráneo, Israel y Egipto, el 80% de los dos millones de habitantes de Gaza depende de la ayuda internacional para sobrevivir.

Los hermanos de Angham Zorab llegaron a Suecia y se establecieron allí. Su marido dejó de comunicarse con ella, por lo que la joven se divorció. Ahora carece de recursos y vive con su hija de seis años en casa de sus padres.

"Yo también quiero emigrar", afirma la joven mostrando el cuerpo cubierto de granos de su hija por la proximidad de la casa al vertedero.

Frente a ella, en una pequeña estantería de madera se encuentra el objeto más importante de la casa: el módem, alimentado por una batería cuando hay cortes eléctricos, algo que ocurre a menudo.

"Ahora hablo con mis hijos a diario", comenta con una sonrisa Shamaa, la madre. "Los dos primeros años, tenía continuamente los ojos llenos de lágrimas".

Con el dinero que ellos envían viven nueve personas en unos cuartos casi sin amueblar y con colchones en el suelo.

Al menos unos 20 hombres de la familia se fueron del enclave y algunos murieron en el camino.

Según datos de la ONU, el año pasado 61.000 personas salieron de Gaza por Rafah y sólo 37.000 volvieron.

Israel concede autorizaciones de paso con cuentagotas, generalmente a enfermos y comerciantes, según la oenegé Gisha, que obra por la libertad de movimiento de los palestinos.

La reapertura de Rafah simplificó la emigración, afirma Samir Zaqut, de la organización palestina de defensa de los derechos humanos Al Mezan.

Imposible cifrar el fenómeno, reconoce, sentado en su oficina del centro de Gaza. Se van, dice, por el desempleo, la pobreza, los salarios bajos, la falta de libertad de expresión, la situación política, el encierro y la imposibilidad de viajar libremente.

"En el pasado, la idea de emigrar era considerada una traición. Ahora es un orgullo. Incluso los que están implicados en política, en la resistencia (contra Israel) se preparan para emigrar", estima, afirmando que todas las clases sociales quieren irse al extranjero.

"Abdelá falleció"

Si pudieran elegir los palestinos se quedarían en Gaza, "tan bella" sin bloqueo, afirma suspirando.

Abdelá Masri, de 27 años, soñaba con cambiar de vida. Salió por Jan Yunés y tras un largo viaje llegó a Argelia donde embarcó con destino a Europa.

"Me llamó un miércoles. Me dijo: 'me voy mañana'", cuenta Samar al Masri, su madre, sentada en un salón adornado con retratos de su hijo.

El primer intento fracasó. Cuando me anunció que lo volvería a intentar le dije "¡Si tienes miedo no vayas!", recuerda esta mujer de 43 años.

Durante la travesía no tuvo noticias. Más tarde alguien le llamó desde un número extranjero. "La persona me dijo: 'Abdelá falleció'".

Samar Al Masri llora: "Estoy enfadada con el gobierno, con Israel, con todos los que nos encierran aquí. ¡Nos quitan a nuestros jóvenes! ¿Cuántos han muerto?"

Fuente: Agencia AFP