2019 · 06 · 03

Por qué los palestinos deben repensar su gobernanza

Un modelo de liderazgo colectivo alejado de las fracasadas estructuras de la AP y de la OLP podría llevar a los palestinos al camino hacia la autodeterminación.

Mientras se suceden los rumores sobre el estado de salud de Mahmud Abbas, en los círculos políticos de Estados Unidos e Israel se debate sobre quién sucederá al presidente palestino (83 años). Medios de comunicación y think-tanks se suman al debate y proponen nombres y contendientes, especulando sobre cómo podría ser un posible proceso de transición, o su ausencia. Quines encabezan las listas, con su mantra de la estabilidad primero, son los responsables palestinos de la seguridad.

No obstante, desde una perspectiva palestina esta dinámica debería desencadenar un serio debate ya demasiado tiempo postergado sobre cómo reinventar los sistemas políticos y de gobernanza palestinos y toda la cuestión del liderazgo político.

Desechar el liderazgo unipersonal

Tres cosas pueden contribuir a construir un sistema político inclusivo y participativo que empodere a los palestinos y palestinas en su camino hacia la libre determinación, a la condición de Estado y a una democracia real.

En primer lugar, el modelo de liderazgo unipersonal debe ser sustituido por una forma colectiva de liderazgo. El modelo del “líder supremo” no sólo es obsoleto, deficiente y antidemocrático sino que ha perjudicado a la lucha palestina y al proyecto de liberación nacional.

A lo largo de los años los palestinos y su camino hacia la autodeterminación han sufrido importantes consecuencias perniciosas como resultado de los diferentes estilos de gobierno personalista (desde el arafatismo, pasando por el fayadismo, hasta el abbasismo) y de los paradigmas del espectáculo individual que han adoptado. Ha llegado el momento de poner fin a ese modo de gobernanza y de concebir un modelo de liderazgo colectivo.

Aunque en teoría el modelo de liderazgo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) tiene naturaleza colectiva, en la práctica es todo menos eso. Esta es la razón por la que la OLP fue cooptada por la Autoridad Palestina (AP), y por la que la AP lo fue posteriormente por Israel –la potencia ocupante– despojando al pueblo palestino en Cisjordania y Gaza de su potencial transformador.

Esa es también la razón por la que a los palestinos y palestinas se les ha marginado del núcleo del sistema político palestino y por la que, en última instancia, siguen bajo la ocupación israelí y bajo el autoritarismo palestino. El modelo de dirigente único –ya sea el padre de la nación (Yaser Arafat), el socio para la paz (Abbas) o el tecnócrata apoyado internacionalmente (Salam Fayad)– ha fallado miserablemente al pueblo palestino.

Consejos supervisores

Por lo tanto, es hora de replantearse tanto los propios cargos y títulos del presidente de la OLP y del presidente de la AP como los símbolos de estatalidad con que se adornan, y desecharlos por completo.

El pueblo palestino necesita, por el contrario, un comité de dirigentes elegidos, un pequeño grupo (idealmente cuatro, con representación de ambos sexos) que pueda formar una oficina política, cada uno con responsabilidades diferentes pero complementarias y con similar peso político. Uno podría tratar asuntos internos y sociales, otro asuntos externos y exteriores, otro asuntos económicos y de desarrollo, y otro asuntos de educación y juventud.

Esta división del trabajo a nivel del liderazgo garantizaría que el proyecto nacional no pudiera ser secuestrado por un dirigente ni por su partido político, su proyecto o su programa. Aseguraría una mejor rendición de cuentas, transparencia, inclusión y efectos positivos en la vida cotidiana de los palestinos.

La oficina política no funcionaría en el vacío sino que estaría apoyada por dos consejos supervisores diferentes: uno formado por ancianos y otro por jóvenes (de hasta 35 años de edad o menos). Los dos consejos, con el mismo equilibrio de género y con representantes de diferentes sectores, clases y localidades –que no superasen los 15 miembros por consejo, y al cargo por períodos de hasta tres años– desempeñarían un papel crucial en la formulación de estrategias y en el control de su aplicación.

Un gobierno en la sombra

Ciertamente, habrá quien plantee qué pasa con el Consejo Legislativo Palestino (CLP) y con el Consejo Nacional Palestino (CNP), y por qué agregar más burocracia a las ya complejas estructuras burocráticas existentes.

Son preguntas válidas contra las que yo argumentaría que es precisamente la ausencia de tales consejos lo que ha hecho que ni el CLP ni el CNP sean eficientes, solventes, representativos o incluso legítimos. El CLP y el CNP también han sido fagocitados por las políticas partidistas y los estilos personalizados de gobierno.

Los dos consejos de ancianos y jóvenes ayudarían a consolidar los pilares de la rendición de cuentas dentro del sistema político palestino y agregarían los tan necesarios controles e imparcialidad. Su papel sería de naturaleza supervisora y asesora; no serían cuerpos legislativos, ejecutivos ni judiciales. Pero su poder se derivaría de su capacidad para comprometer a los dirigentes, respaldar la perspectiva nacional y hacer que todo el mundo rindiese cuentas.

En tercer lugar, los múltiples organismos presentados anteriormente nombrarían un primer ministro para formar un gobierno y un viceprimer ministro, siendo ocupado uno de estos dos cargos por una mujer. Así como el primer ministro nombra a los miembros del Parlamento y a otros dirigentes, la oposición debería organizarse en un gobierno paralelo con posiciones ocultas, similar al modelo de Westminster.

Este gabinete en la sombra no lo sería de pleno derecho, como en las democracias bien establecidas, sino adaptado a las realidades materiales palestinas. La idea sería garantizar una mejor rendición de cuentas y una mayor inclusión en las estructuras políticas palestinas.

El camino hacia adelante

Este triángulo de liderazgo colectivo, consejos de ancianos y jóvenes y un gabinete en la sombra puede parecer inalcanzable dadas las realidades actuales de la ocupación israelí, las división palestina, la fragmentación vertical y horizontal, el marco de los Acuerdos de Oslo y la solución prevista de dos Estados. Tal plan puede parecer poco realista, ajeno a las realidades de hoy, e incluso en gran medida liberal e ingenuo.

Sin embargo, también es obvio que ni los modelos de gobierno de la OLP ni el marco de los Acuerdos de Oslo han funcionado a favor del pueblo palestino. Entonces, ¿por qué seguir funcionando dentro de estos marcos tratando de arreglar lo que no tiene arreglo?

Es hora de nuevos y no convencionales modelos de liderazgo palestino; una visión de futuro en la que los palestinos podrían trabajar colectivamente en lugar de seguir atrapados dentro de un marco político podrido que no ofrece soluciones significativas ni duraderas.

Las tres ideas antes mencionadas plantean una serie de asuntos que incluyen los requisitos previos que deberían existir para garantizar su materialización, cómo se podría definir claramente un plan de acción, qué actores liderarían el proceso de cambio, si funcionaría a pesar de la ocupación israelí, y cómo se aplicaría más allá de Gaza y Cisjordania a los palestinos en Israel y de la diáspora, entre otras cuestiones.

Por eso necesitamos un debate serio sobre los sistemas políticos y de gobierno palestinos. Este proceso está intrínsecamente vinculado al proceso de realización de la liberación y la autodeterminación: solo cuando imaginamos diferentes modelos y estructuras políticas podemos esperar transformar esa visión en una realidad.

Fuente Original: Why Palestinians must rethink their governance

Fuente: Alaa Tartir, Middle East Eye / Rebelión (Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós)