2019 · 02 · 12 • Palestina Soberana

Por qué pedimos el boicot Eurovisión en Israel

BDS es defender los derechos humanos y el derecho internacional, es concienciar a la comunidad internacional sobre la locura de normalizar las políticas genocidas de un estado. Los objetivos son poner fin a la ocupación y la colonización, reparar los daños de las víctimas y proteger los derechos individuales y colectivos del pueblo palestino.

El estado español podría ser la representación de esa parte del Norte global que busca un diálogo con la Otra, con ese Sur global que injustamente ha sido deshumanizado.

Tras la elección de la persona que representará al estado español próximamente en Eurovisión 2019 en Tel Aviv (Israel), queremos explicar por qué hemos pedido a RTVE, al gobierno español y a la UER su inmediata actuación. Y es que el hashtag #pleaseDontGo está circulando por las redes como una ola de solidaridad internacional por parte de la sociedad civil para demandar la suspensión de la participación de España en el festival. Las usuarias se preguntan: ¿Hubiesen aceptado que España cantara en la Sudáfrica del apartheid?

Uno de los instrumentos más importantes de la propaganda sionista o hasbara es el programa de promoción cultural: Marca Israel, que sirve para blanquear los crímenes de guerra cometidos por este estado. El lavado de imagen (whitewashing) promueve la invisibilización del sufrimiento palestino a partir de un discurso racista que se manifiesta a través de diferentes ámbitos, entre ellos la cultura que se refleja en eventos como Eurovisión. Las personas que alegan que este festival sirve para mezclar las diversidades culturales, no solo mienten, sino que se convierten en cómplices al tratar de esconder la limpieza étnica y el memoricidio de un pueblo entero; cuya situación actual es responsabilidad de la comunidad internacional —y más concretamente del gobierno británico como antigua administración colonial—, tras la aprobación de la resolución 181 por las Naciones Unidas en 1948. Por este motivo, y tras más de 70 años, hoy es más necesario que nunca adoptar una posición reflexiva y crítica sobre la cuestión palestina, donde el apoyo de la comunidad internacional juega un papel clave, al igual que ocurrió durante la Sudáfrica del apartheid.

En este sentido, desde el contexto europeo nuestra respuesta pasa por entender las palabras de la investigadora y activista hispano-siria Sirin Adlbi Sibai, al afirmar que “bajo el régimen colonial no existe posibilidad alguna de crear este diálogo inter-cultural (…) puesto que el elemento central, esto es, la libertad y la iniciativa histórica, no tienen cabida en dicho régimen represivo” (La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial, 2016: 82). No enfrentarse al discurso del estado israelí es perpetuar la visión orientalista de la que hablaba el pensador palestino Edward Said y que sirvió para propagar desde el eurocentrismo las estructuras binomiales: Occidente-Otra y civilización-barbarie.

Ante este panorama tenemos la opción de apoyar el movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) al estado de Israel, que constituye una herramienta imprescindible lanzada por la sociedad civil palestina en 2005. Adherirse al BDS es luchar contra el colonialismo, rechazar que la soberanía de un pueblo dependa de otro. Es también combatir la colonialidad, entendida como el dispositivo de poder en el que aparece la imbricación de las jerarquías globales (sexuales, epistémicas, lingüísticas, etno-raciales, etcétera) que se interrelacionan sobre el modelo económico capitalista globalizado, la noción de raza y el sistema binario sexo-género. Así mismo, BDS es perseguir la despatriarcalización, tras demostrarse en innumerables ocasiones el doble muro al que se enfrentan las mujeres palestinas como consecuencia de la ocupación y la colonización.

La responsabilidad social de nuestras instituciones públicas, tanto estatales como europeas, depende de la autoconciencia de su propia localización en las estructuras de poder dentro del sistema y su capacidad para caminar hacia la transformación social. Estos organismos tienen en sus manos la posibilidad de responder a las demandas de la opinión pública internacional, donde existe una importante facción de disidentes que rechazan, como ocurre en el caso español, la participación en el festival de Eurovisión 2019. Desde el BDS no pedimos el boicot al cantante Miki, porque entendemos que él no es el culpable de esta situación y tampoco está representando al estado israelí —a pesar de lo importante que sería su posicionamiento firme a favor del respeto de los derechos humanos y del derecho internacional—. No obstante, nosotras nos dirigimos a RTVE, al gobierno español y a la UER debido a la coyuntura nacional e internacional del asunto.

BDS es defender los derechos humanos y el derecho internacional, es concienciar a la comunidad internacional sobre la locura de normalizar las políticas genocidas de un estado. Los objetivos son poner fin a la ocupación y la colonización, reparar los daños de las víctimas y proteger los derechos individuales y colectivos del pueblo palestino. Se trata de asumir el llamamiento de la sociedad civil para declarar la extinción de la impunidad israelí. Porque el próximo mes de mayo mientras se esté retransmitiendo la gala de Eurovisión a través de RTVE será tarde para irritarse y compartir la fotografía de Razan al-Najjar, asesinada durante las protestas de la Gran Marcha del Retorno en Gaza a pesar de vestir el chaleco de trabajadora médica. Será tarde para pensar en el 70% de la ciudadanía palestina que fue desplazada forzosamente, en las ya más de 5 millones de refugiadas que alertaba la UNRAW antes de finalizar el 2018, en esas personas que solo pudieron y pueden emprender dos caminos: el exilio permanente o bien los bombardeos y la ocupación militar. Tenemos la opción de seguir los pasos de los organismos internacionales y los gobiernos que asumieron la normalización de la discriminación racial y el apartheid, o como alternativa podemos adherirnos al BDS.

Una vez una profesora me dijo que la cuestión palestina no tenía solución, porque el estado de Israel es un aliado imprescindible de occidente para combatir el terrorismo internacional. Esa afirmación me ardió en el estómago, sentí vergüenza, náuseas e indignación, pero también sirvió para darme cuenta de que ella era el claro reflejo del eurocentrismo y de la perversión del discurso de la protección de los derechos humanos desde y para Nor-Europa. Esto le da la razón al sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, al considerar que “la retórica de los Derechos Humanos se aplicó siempre contra los enemigos del Frente Unido Imperialista Occidental y se pasó por alto cuando se trataba de regímenes dictatoriales amigos de occidente” (Los derechos humanos y el antisemitismo después de Gaza, 2009: 160). De tal forma, alimentar este pensamiento nos coloca sobre la línea del “fundamentalismo eurocéntrico” que “se funda en el racismo/sexismo epistémico de la tradición de pensamiento del hombre occidental” (ibid.: 173).

La hegemonía de las colonizadoras dependerá siempre de la vulnerabilidad de las colonizadas, y en este punto debemos escoger nuestra ubicación. Tenemos la posibilidad de no ser parte del bloque que marchita la cultura palestina, ese que trabaja cada día en la consolidación del monólogo occidentalocéntrico con el objetivo de mantener la anulación de la Otra, en el lugar de “plantear un verdadero diálogo humano-ecológico, espiritual, epistemológico-existencial. Un diálogo no epistemicida, ni genocida” (Adlbi Sibai, 2016: 268). Por ende, posicionarse a favor de la descolonización, implica ir más allá de la independencia jurídico-política de un estado, se trata también de poner fin a todas las relaciones de subordinación, que han creado una escala de privilegios en este nuevo orden mundial marcado por la era desarrollista, el mito de la poscolonialidad y el cambio en las relaciones internacionales.

En definitiva, si las instituciones públicas estatales e internacionales decidiesen apoyar el boicot al festival de Eurovisión 2019 apelando a la responsabilidad social, se convertirían en un modelo a seguir dentro del contexto europeo. El estado español podría ser la representación de esa parte del Norte global que busca un diálogo con la Otra, con ese Sur global que injustamente ha sido deshumanizado y que, haciendo uso de la expresión fanoniana, es donde habitan las condenadas de la tierra. No permitamos que los derechos humanos les pertenezcan tan sólo a las personas que están sobre la línea de lo humano o del Ser. No consintamos que las palestinas sigan en la infrahumanización, en la línea del No Ser, donde todo tipo de violencia se puede aplicar en su contra. No contribuyamos a que Israel continúe con su “proyecto colonialista de población”, basado en el apartheid y la limpieza étnica (Grosfoguel, 2009: 163). Por ello, les pedimos desde el BDS que se alejen de esa élite colonial que impide la comprensión de la realidad política, les pedimos que por favor actúen y que se suspenda la participación del estado español en el festival. Porque la alternativa contra la barbarie cultural es la campaña #BoycottEurovision2019.

Autora: Selena Barros es periodista y miembro del grupo BDS Madrid.

Fuente: Palestina Soberana

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