2018 · 12 · 03 • Fuente: Eugenio García Gascón, Blog Público - España

Hace casi treinta años

Ha muerto George Bush padre, un presidente republicano que solamente gobernó durante un mandato pero que consiguió una proeza que no ha logrado ningún otro presidente estadounidense, sencillamente porque ninguno de ellos se lo ha propuesto con decisión.

Bush declaró la guerra a Irak cuando Saddam Hussein invadió Kuwait en 1990. Estableció una importante coalición en todo el mundo que incluyó, por ejemplo, a Siria y a otros países árabes, y en apenas unos días sacó a los iraquíes de Kuwait.

Bush se entrevistó en Suiza con el presidente sirio, Hafez al Assad, y a cambio de su ayuda se comprometió a convocar una conferencia internacional entre árabes e israelíes que se celebró al año siguiente, una vez concluida la primera guerra del Golfo, en Madrid.

En la Conferencia se sentaron todas las partes en conflicto. Bush, y su activo secretario de Estado, James Baker, obligaron al entonces primer ministro Yitzhak Shamir a acudir a Madrid.

Shamir no quería participar en la Conferencia, pero Bush y Baker no le dejaron escapatoria. Los americanos condicionaron un préstamo de 10.000 millones de dólares a que Israel estuviera presente en la Conferencia.

Shamir, en otros tiempos un reputado terrorista, necesitaba el dinero para acoger a un millón de judíos de las antiguas repúblicas soviéticas que se disponían a dar el salto a Israel, de manera que tuvo que acudir.

Bush y Baker demostraron que Israel no cede si no se le presiona, y que hay que presionarla mucho para conseguir que se atenga a la razón. Es algo que los siguientes presidentes de Estados Unidos no han hecho, lo que ha permitido que el conflicto se haya vuelto cada vez más intratable.

Bush no obtuvo un segundo mandato, así que tuvo que retirarse. Los presidentes estadounidenses que han venido después no han querido ensuciarse con el conflicto entre israelíes y palestinos, y Europa simplemente no cree en sus fuerzas, seguramente con razón ya que es un continente que experimenta profundas divisiones.

La lección que dieron Bush y Baker no ha tenido seguidores, de manera que tres décadas después todo está patas arriba.

Fuente: Eugenio García Gascón, Blog Público - España