2018 · 11 · 28 • Fuente: Mauricio Amar Díaz, El Desconcierto - Chile

Palestina y la policía del gueto

Una policía palestina y un cuerpo administrativo burocrático que fuera cimentando las bases institucionales de un futuro Estado, iban de la mano de la inserción en los Territorios Ocupados de un programa de gobierno neoliberal, confirmado en los Protocolos de París de 1994, que funcionó durante los años 90 fomentando la creación de una clase media palestina con ningún derecho político, pero con capacidad de consumo y endeudamiento. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron los garantes de la implantación neoliberal en Palestina, para lo que era necesario el despliegue de una lógica securitaria, donde esta vez el control sobre la población fuese ejercido por los propios palestinos.

Cuando los nazis ocuparon Polonia, una de las estrategias de control de la población fue el establecimiento de cuerpos policiales que se ocuparan específicamente de los judíos. Tal es el caso de la Policía del Gueto de Varsovia, o Policía Judía, que colaboró con el trabajo del régimen de Hitler de una manera brutal contra aquellos que pertenecían a su comunidad, los judíos del gueto. Un cuerpo de cerca de 2.500 miembros colaboraba diariamente con detenciones, confiscaciones y restricciones al movimiento para cumplir con la misión encargada por los nazis. En su Diario del Gueto de Varsovia, el historiador Emanuel Ringelblum, asesinado por el nazismo en 1944, afirmaba respecto a la policía del gueto de Varsovia que éstos buscaban ser más católicos que el Papa –en este caso más nazis que los nazis – y “siempre querían caer en gracia con la potencia ocupante”. “Víctimas que escapaban de los ojos alemanes eran atrapados por la policía judía” que incurría, relata Ringelblum, en incontables crímenes contra los judíos [1].

Si la cuestión judía se resolvió en el siglo XX con la generación de la cuestión palestina, es decir con la creación del Estado de Israel, la expulsión de cientos de miles de palestinos y luego con una ocupación colonial contra este pueblo, que hoy ha devenido en un sistema de Apartheid, el paralelo con la policía judía no podía estar ausente. La Autoridad Nacional Palestina (AP), nacida de los Acuerdos de Oslo en 1993 y 1995 ha asumido precisamente este rol dentro de la estructura de dominación y lo ha hecho con el rol activo de las potencias cooperantes.

Los Acuerdos de Oslo prometieron, desde el inicio, la creación de un Estado Palestino que conviviera pacíficamente al lado de Israel. Para ello, se montó sobre la vida de la ocupación una zona A de administración que controla exclusivamente la AP. Una policía palestina y un cuerpo administrativo burocrático que fuera cimentando las bases institucionales de un futuro Estado, iban de la mano de la inserción en los Territorios Ocupados de un programa de gobierno neoliberal, confirmado en los Protocolos de París de 1994, que funcionó durante los años 90 fomentando la creación de una clase media palestina con ningún derecho político, pero con capacidad de consumo y endeudamiento. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron los garantes de la implantación neoliberal en Palestina, para lo que era necesario el despliegue de una lógica securitaria, donde esta vez el control sobre la población fuese ejercido por los propios palestinos.

Así, mientras la inversión de los donantes se va a crear más y más aparatos securitarios, aplastando a la resistencia contra la ocupación israelí, en la vida de los palestinos, apareció una desigualdad similar a la que existe en la mayoría de los países donde el neoliberalismo ha sido implantado en nombre de la competencia. Como dice Andy Clarno, “Aunque el Banco Mundial y el FMI siempre han alentado a la AP a reducir el gasto público, movilizaron a los Estados donantes para financiar el empleo en la AP durante la segunda Intifada con la esperanza de que el acceso al empleo ayude a contener el levantamiento. Tras la Intifada, la AP ha seguido un programa más ortodoxo de economía neoliberal que exige recortes en el gasto público y la promoción de la inversión privada. Sólo las fuerzas de seguridad siguen siendo parcialmente inmunes a estos recortes porque tienen la tarea de reprimir la resistencia palestina dentro del Área A” [2].

El intelectual palestino Alaa Tartir ha hecho hincapié en esta verdadera farsa de proceso de paz, donde la «paz» ha llegado a ser una mera función de procesos de securitización que bajo el paradigma de «la seguridad primero» justifican la intervención de toda la institucionalidad. La Unión Europea, el principal donante de la AP, participa activamente en la destinación de fondos que van a parar en el robustecimiento del aparato securitario de la AP, cuyo presupuesto es mayor al de las partidas de educación, salud y agricultura en conjunto. En otras palabras, para Europa la creación de un Estado pasa mucho más por el desarrollo de un cuerpo policial que por la consecución de los derechos de una población que lleva oprimida bajo el yugo israelí por más de 70 años [3]. Así también, Ahmed Abu Artema es lapidario respecto a qué han significado los Acuerdos para los palestinos: estos “pusieron fin efectivamente a la lucha de la OLP por la liberación de Palestina y facilitaron la ocupación al hacerla menos costosa para el Estado israelí. El establecimiento de la Autoridad Palestina alivió a Israel de la carga de atender las necesidades del pueblo palestino. También creó un organismo de seguridad dirigido por palestinos que se encargó de vigilar a los palestinos, facilitando a Israel el control de los mismos y la represión de la lucha popular” [4].

Como bien dice Tartir, la securitización de la vida es siempre parte del proyecto de dominación y nunca resulta un negocio conveniente para quienes sufren opresión. Esto es evidente, dado que la seguridad se despliega siempre hacia quienes son vistos como disruptores de un orden social dado y naturalizado, en este caso, los palestinos que viven bajo ocupación. Y como vicaría de la ocupación israelí, la AP llevó a cabo en 2002 y 2003 importantes reformas a los dispositivos de seguridad, enganchándose perfectamente con el discurso estadounidense e israelí de la guerra contra el terrorismo, criminalizando de esta manera, todas las actividades de la resistencia palestina. De esta manera, enuncia Tartir “la reforma de la seguridad palestina siguió siendo en esencia, un proceso controlado externamente, impulsado por los intereses de seguridad nacional de Israel y Estados Unidos, y caracterizado por una participación muy limitada por parte de la sociedad palestina” [5].

Como suele ocurrir en las economías neoliberales, la inteligencia de la UE tanto como la de Israel y la AP, separan completamente la economía y la política, dando primacía a la primera y organizando contra la política a la policía. Esto ha provocado que los palestinos que se resisten a vivir bajo ocupación busquen nuevas formas de lucha como el boicot, pero aún así siguen siendo perseguidos por el ejército israelí y su brazo territorial, la policía palestina.

Volviendo al triste pero muy presente recuerdo de la policía del gueto de Varsovia, será bueno tener presente que cuando el régimen nazi decidió la Solución Final, asesinando a millones de judíos, los policías del gueto no fueron condecorados, sino que entraron directamente a las cámaras de muerte. Si hoy el objetivo es acabar con un sistema que combina el Apartheid con la limpieza étnica, la lucha de la AP debiera estar del lado del pueblo palestino, aunque esto signifique su disolución, que siempre será más digna y justa que seguir siendo la policía del gueto.

Notas

[1] Ringelblum, E., Diary of the Warsaw Ghetto.

URL: https://www.datocms-assets.com/4857/1522129299-emanuel-ringelblums-diary-translated-by-max-rosenfeld1.pdf

[2] Clarno, A., Neoliberal Apartheid. Palestine / Israel and South Africa after 1994, The University of Chicago Press, 2017, p. 41.

[3] Tartir, A. “The limits of Securitized Peace: The EU’s Sponsorship of Palestinian Authoritarism”, wn Middle East Critique (2018).

URL: https://doi.org/10.1080/19436149.2018.1516337

[4] Abu Artema, A., “Camp David created Oslo, which killed the Palestinian struggle”.

URL: https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/camp-david-created-oslo-killed-palestinian-struggle-180918182921223.html

[5] Tartir, A. “The limits of Securitized Peace…, ibíd.

Acerca del autor: Mauricio Amar Díaz, Doctor en Filosofía, Universidad de Chile

Fuente: Mauricio Amar Díaz, El Desconcierto - Chile