2018 · 10 · 02 • Fuente: Asa Winstanley, Middle East Monitor en Español

Fascismo, nazis e Israel

¿Se pueden hacer comparaciones válidas entre Israel y la Alemania nazi o cualquier otro ejemplo de Estado fascista de la historia? Tan sólo hacer esta pregunta podría causarte problemas como miembro del Partido Laborista británico.

Críticas a Israel y antisemitismo. Caricatura [Cartoon Latuff/MiddleEastMonitor]

El ejecutivo nacional gobernante decidió a poco cambiar drásticamente su conducta contra el antisemitismo y adoptar plenamente la desacreditada “definición operativa” de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés). El muy criticado documento de IHRA incluye una cláusula (un “ejemplo” de antisemitismo) que prohíbe “hacer comparaciones entre la política contemporánea de Israel y la nazi.”

Esto es un ejemplo más de por qué el documento es inútil como definición del antisemitismo. Fue creado por grupos pro-israelíes – consultando al propio Israel – como arma contra el movimiento de solidaridad con Palestina.

La cláusula del documento de IHRA que prohíbe las críticas contra Israel por ser “una actitud racista” pretende, precisamente, prohibir el discurso político a favor de Palestina. Como te diría cualquier palestino, Israel, como Estado (no sólo el “gobierno israelí” actual) es, de hecho, un sistema estructuralmente racista.

Su fundación como un “Estado judío” en un país en el que, en aquel momento, la población era de mayoría no judía supone la definición misma del racismo. Esta realidad requería una manipulación violenta por parte de las milicias sionistas que formaron el núcleo de las nacientes “Fuerzas de Defensa de Israel”. En 1948, la milicia Haganah, junto a los grupos terroristas Irgun y la Banda de Stern, comenzaron a expulsar a 750.000 palestinos del país debido al “crimen” de no ser judíos. Desde entonces, su regreso legítimo y el de sus hijos se ha impedido mediante una combinación de leyes racistas y el recurso a la violencia. Esto sí que es una “actitud racista”.

Además, Israel sigue definido en sus leyes y prácticas como un “Estado judío”, en lugar de como un Estado para todos sus ciudadanos, del que el 20% son árabes palestinos, cristianos o musulmanes. La nueva “Ley del Estado de la Nación” afianzó más esta estructura de apartheid y la hizo aún más explícita. Pero esta no es la única ley de este tipo. El grupo en defensa de los derechos humanos Adalah documenta más de 65 leyes que privilegian a los ciudadanos judíos de Israel a expensas de los ciudadanos palestinos, por no mencionar a los millones de palestinos que viven bajo el régimen dictatorial militar de Israel en Cisjordania y la Franja de Gaza.

Normalmente, las comparaciones entre Israel y la Alemania nazi se hacen para conmocionar al público y hacerlo actuar ante el extremismo violento representado por la ocupación israelí. La mayoría de las veces, son hipérboles. Por su puesto, en sí mismas, no son una forma de antisemitismo, pero, a veces, estas comparaciones las hacen políticos israelíes, por lo general, inadvertidamente. Por ejemplo, Moshe Feiglin, político de extrema derecha – acorde a la corriente principal en Israel – y entonces portavoz adjunto del parlamento israelí, hizo indirectamente una comparación así en 2014.

Durante la mortífera guerra israelí de aquel año contra la población civil de Gaza, Feiglin instó a la “conquista” de Gaza, la “aniquilación” de todos los soldados de la resistencia palestina y la expulsión de “la población civil” para que fuera “concentrada” en “campamentos” en el Desierto del Sinaí egipcio. Por supuesto, la Alemania nazi no fue la que inventó los campos de concentración. Fueron ideados mucho antes por los Imperios alemán y británico en el sudoeste de África (más tarde Namibia) y en Sudáfrica, respectivamente. Y un campo de concentración no es lo mismo que los campos de exterminio donde la Alemania nazi asesinó sistemáticamente a seis millones de judíos y a otros millones de personas.

Sin embargo, es difícil no percibir el fantasma del fascismo en las escalofriantes amenazas de Feiglin. Aquella guerra israelí de 2014 provocó 2.200 víctimas palestinas, incluidos casi 500 niños. Invocar deliberadamente la creación de campos de concentración parece una amenaza especial; al igual que los graffitis de la extremista “Liga de Defensa Judía” en la ciudad palestina ocupada de Hebrón – “los árabes a las cámaras de gas” –, parece estar calculada precisamente para evocaa los nazis.

También está el hecho documentado (aunque no reportado) de que Israel recibe armas y formación de una verdadera milicia nazi de Ucrania. El Batallón Avoz es un grupo extremadamente racista y antisemita que recibe ayuda tanto de naciones de Occidente como de Israel.

Grupo neonazi ucraniano [Facebook]

Aunque estos fascistas de extrema derecha nunca se van a unir al Partido Laborista, irónicamente, la adopción del partido de la “definición operativa” de la IHRA en sus reglas podría amenazar con expulsar a cualquiera que dirija la atención al hecho de que los propios políticos israelíes han hecho comparaciones entre el fascismo, los nazis e Israel.

Vimos un ejemplo igual de escalofriante en un discurso reciente del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu: “No hay lugar para los débiles. Los débiles se derrumban, son masacrados y eliminados de la historia, mientras que los fuertes, para bien o para mal, sobreviven.” En las redes, se comentó mucho que este discurso recordaba inquietantemente a los mítines previos a la guerra de Adolf Hitler.

Si el primer ministro de Israel hace que sea casi inevitable hacer comparaciones con los nazis, ¿por qué debería el Partido Laborista prohibirlas por superar los límites de la libertad de expresión aceptable?

Sobre el autor: , es editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

Fuente: Asa Winstanley, Middle East Monitor en Español