2018 · 09 · 28 • Fuente: Marcelo Svirsky, Middle East Eye / Rebelión (Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.)

El engaño de los dos Estados

El caso de Sudáfrica se aplica aquí, y no solo por el común denominador del apartheid

La solución de dos Estados no está ni viva ni muerta. Es el delirio clásico de quienes prefieren no hacer frente a la realidad, un amigo imaginario de los que creen que los acuerdos políticos entre partes opuestas en una relación de poder asimétrica son posibles. La fe en el modelo de dos Estados desafía la realidad.

Hay medio millón de colonos judíos en Cisjordania fracturando geográficamente la región. Muchos israelíes consideran que la presencia militar de Israel en Cisjordania y en sus alrededores es una necesidad existencial pero la economía palestina se ha convertido en un mercado cautivo que beneficia a las empresas israelíes. La mayoría de los israelíes está dispuesta a seguir sirviéndose de la ocupación. Dados estos factores, ¿por qué iba Israel a retirarse y poner fin a la ocupación?

Una gran fantasía

Esto no es solo un delirio benigno: es perjudicial para nuestras perspectivas de una vida mejor. Los israelíes que creen en la solución de dos Estados quieren mantener viva la fantasía de que su régimen es una democracia capaz de negociar un acuerdo razonable. Quieren, por así decirlo, sanar su sionismo a través de un acuerdo con los palestinos. Es una gran fantasía cuando se trata de una catástrofe de esta magnitud.

Algunos palestinos creen en el modelo de dos Estados porque renunciar al sueño de independencia política es demasiado difícil considerando todo lo que llevan perdido. Una encuesta realizada a principios de este año reveló que el 47% de los palestinos y el 46% de los judíos israelíes respaldaban la solución de dos Estados.

Más allá de Israel y Palestina, están los actores internacionales que presionan por el modelo de dos Estados porque la idea alivia sus almas liberales al permitirles reconocer las aspiraciones nacionales de ambas naciones –como si esto fuera un conflicto entre dos partes iguales que pudiera arbitrarse redistribuyendo aproximadamente el 20% de la Palestina histórica. Al mismo tiempo, estos actores pueden ocultar su vergonzoso silencio sobre los crímenes de Israel.

Aferrarse al modelo de dos Estados impide cualquier desarrollo racional. Centrarse en una idea tan poco realista simplemente perpetúa el sufrimiento palestino.

Huir de la opresión

También hay quienes apoyan el modelo de dos Estados por razones racionales. El liderazgo de Israel lo apoya precisamente porque es imposible: distraer con la idea de la solución de dos Estados perpetúa el status quo en el que solo una parte gana. Las administraciones estadounidenses siguen confiando en el modelo de dos Estados porque así pueden mantener activo el sesgo de su intervención.

Aunque prefiero la idea de un único Estado democrático para todos tampoco creo que esta sea una conversación útil. Distrae de lo realmente importante.

Lo que es vital es corregir nuestra comprensión de este conflicto. En primer lugar, se trata de un conflicto de asentamiento colonial. En segundo lugar, no es un conflicto entre dos liderazgos sino entre dos pueblos. Los palestinos han intentado por todos los medios escapar de la opresión israelí pero los israelíes no tienen intención alguna de renunciar a los privilegios que este sistema de opresión les otorga.

Bajo estas condiciones, poco sentido tiene pontificar para hallar la solución política perfecta. Mientras sigamos obsesionándonos con asuntos irrelevantes, los palestinos seguirán sufriendo y los israelíes continuarán perpetuando su papel de opresores.

Presión internacional

No hay solución bajo la dinámica de poder actual. Hay que admitirlo ya. Lo realmente importante es poner fin al sufrimiento de los palestinos, lo que no se puede hacer sin re-configurar las relaciones de poder entre israelíes y palestinos. Esto significa obligar a los israelíes a reconsiderar cómo debe ser la vida de ambas naciones.

No se trata de divagar sobre modelos políticos sino sobre la resistencia y cómo derribar un régimen que perpetúa la opresión. El caso de Sudáfrica se adapta aquí, y no solo por el común denominador del apartheid. Al final, fue el mundo el que acordó que había que acabar con el régimen sudafricano.

El mundo también acordará, en algún momento, que el régimen de ocupación que los israelíes han construido debe desaparecer. De esto es de lo que tenemos que hablar: cómo poner fin al cruel asedio de Gaza, detener la destrucción de las aldeas palestinas, evitar que los militares israelíes destruyan los hogares palestinos y transformar la vida política judía de Israel lejos del sionismo. La respuesta es un proceso largo y acumulativo que combine la presión interna y exterior.

Marcelo Svirsky es catedrático de la Facultad de Humanidades e Investigación Social de la Universidad de Wollongong, Australia. Investiga las sociedades coloniales de asentamiento, particularmente Israel/Palestina, y se centra en cuestiones de transformación social y descolonización.

Fuente: The two-state delusion

Fuente: Marcelo Svirsky, Middle East Eye / Rebelión (Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.)