2018 · 09 · 20 • Fuente: Beatriz Lecumberri, El Confidencial

Jugando con fuego en Gaza: Trump toma decisiones de alto riesgo... incluso para Israel

La cancelación de los fondos estadounidenses de la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA) pretende forzar una negociación, pero genera grandes riesgos incluso para Israel

Los familiares de un joven palestino muerto durante una protesta cerca del cruce de Erez gritan durante su funeral en el campo de refugiados de Al Shati, Gaza, el 19 de septiembre de 2018.  (Reuters)

La fotografía es simple y escalofriante: un millón de personas ven cómo se esfuma la cesta básica con alimentos que reciben mensualmente, casi 300.000 niños se quedan sin escuela y decenas de miles de personas ven cómo cierran las puertas los ambulatorios médicos que utilizan desde hace años. Todo ello en un pedazo de tierra de 365 km2 donde la pobreza y el desempleo baten récords, donde falta electricidad, agua y medicinas y donde un impuesto aislamiento del resto del mundo marca la vida de sus dos millones de habitantes. Esta será la radiografía de la franja de Gaza si la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos, la UNRWA, se ve forzada a suspender sus operaciones debido al corte de las contribuciones decretado por el gobierno de Estados Unidos.

“Ni en mis peores pesadillas puedo imaginar que UNRWA deje de existir. Estamos hablando de decenas de miles de afectados”, afirma Rafat Al Habbesh, coordinador de las escuelas de la agencia de la ONU en la zona Este de Gaza, mientras recorre el patio de uno de los colegios de la entidad en la franja. Esta escuela primaria recibe cada día a 1.200 niños en dos turnos y las clases siguen estando abarrotadas. “La preocupación es enorme en profesores y padres. Pero tenemos dejarlas de lado y trabajar como si nada estuviera ocurriendo porque la educación tiene que seguir funcionando”, afirma Ezzedine Albin Mathun, director de la escuela.

En 2018, Estados Unidos ha entregado menos del 20% de los 360 millones de dólares (306 millones de euros) que dedicaba a la UNRWA. A finales de agosto, Trump anunció que Washington suspendía sus contribuciones a UNRWA, que atiende a más de cinco millones de refugiados en Palestina, Líbano, Siria y Jordania con programas educativos, sanitarios y sociales. Gaza, donde el 80% de la población recibe ayuda humanitaria, se verá especialmente afectada por esta decisión.

“A principios de año el déficit global de UNRWA era de 446 millones de dólares. Gracias a una campaña internacional importante logramos 238 millones. Eso nos permitió abrir nuestras escuelas en septiembre, 274 de ellas en Gaza. Pero ahora sólo tenemos dinero para un mes. A finales de septiembre, si no ocurre nada, no podremos seguir trabajando”, explica Adnan Abu Hasna, portavoz de UNRWA en Gaza.

La administración estadounidense también decidió no entregar 200 millones de dólares anuales que invertía en programas humanitarios en Palestina, de manera bilateral, vía ONGs norteamericanas. “Estados Unidos era el principal donante de nuestro programa de ayuda de emergencia, del que Gaza se beneficia especialmente. Gracias a este programa, damos comida a un millón de habitantes de la franja. Ese dinero ya no está llegando y hemos tenido que coger dinero de otros programas porque no sabemos qué pasaría si dejamos de distribuir comida. Es una cuestión muy sensible”, explica Abu Hasna.

Niñas palestinas queman un retrato de Donald Trump durante una protesta contra la cancelación de fondos de la UNRWA, en Gaza, el 11 de septiembre de 2018. (Reuters)

Niñas palestinas queman un retrato de Donald Trump durante una protesta contra la cancelación de fondos de la UNRWA, en Gaza, el 11 de septiembre de 2018. (Reuters)

Estudiar en ayunas

El corte de las ayudas estadounidenses ya ha provocado los primeros efectos en Gaza. El programa de salud mental de la UNRWA se ha reducido, las actividades extraescolares para niños han desaparecido, ha habido más de 1.000 puestos de trabajo de la institución, que emplea a 14.000 personas en la franja, que se han visto afectados con reducciones de jornada o no renovación de los contratos. Y para los trabajadores es sólo el inicio.

Con gesto triste, Al Habbesh recuerda que hace algunos años UNRWA podía dar a sus alumnos un desayuno completo en todas sus escuelas. “Para muchos alumnos era la comida principal del día. Nosotros teníamos la garantía de que estaban alimentándose y de que su rendimiento sería mayor. Eso se acabó y hoy sabemos que tenemos alumnos con anemia, chicos que vienen con el estómago vacío por la mañana y no comen nada durante la jornada escolar”, lamenta. “Hasta 2007 también pudimos dar a nuestros alumnos libros, atención psicológica permanente y programas de entretenimiento. A partir de entonces, muchas cosas fueron reduciéndose”, agrega.

Ese año, 2007, marca el inicio del bloqueo impuesto por Israel a la franja que limita la entrada de bienes materiales y restringe severamente la entrada y salida de personas. En este momento, Gaza tiene dos puertas: Rafah, en el sur, en la frontera con Egipto, que ha permanecido cerrada desde 2013 y que en este momento está abierta, permitiendo el paso de algunas decenas de personas al día con visados en vigor o permisos de trabajo o estudios en el exterior. Y Erez, en el norte, hacia Israel, por la que salen algunos empresarios, trabajadores humanitarios y enfermos si las autoridades israelíes les dan la autorización.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2017, sólo la mitad de las 25.500 solicitudes de gazatíes enfermos para salir de la franja vía Erez fueron aceptadas. Los enfermos raramente van a territorio israelí, sino a hospitales palestinos de Cisjordania o Jerusalén-Este, pero siempre el permiso debe de ser concedido por Israel.

El aislamiento de Gaza aumenta la pobreza de la inmensa mayoría de la población. Desde finales de marzo, las protestas en la frontera contra Israel pidiendo el fin del bloqueo y el derecho al retorno de los refugiados palestinos han sido semanales y adquirieron una fuerza inédita en mayo, coincidiendo con la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, reconocida por Trump como capital de Israel.

Niñas palestinas frente a una escuela de la UNRWA en el campo de refugiados de Al Shati, en Gaza, el 3 de septiembre de 2018. (Reuters)

Niñas palestinas frente a una escuela de la UNRWA en el campo de refugiados de Al Shati, en Gaza, el 3 de septiembre de 2018. (Reuters)

Decisión política

“¿Qué más puede cortar Trump?” se pregunta Ahmad, un estudiante universitario de 19 años, herido en la rodilla en una de estas protestas. “¿La ayuda alimentaria? ¿Los hospitales? ¿Las escuelas? En Gaza ya no queda casi nada, los servicios públicos han perdido toda su calidad. Por eso protestamos también”, agrega.

Trabajadores de la UNRWA en Gaza están convencidos de que la decisión de Trump se debe a razones políticas y no tiene nada que ver con el funcionamiento de la UNRWA o el cumplimiento de su mandato, entregado en 1949 por Naciones Unidas. “Hasta hace muy pocos meses responsables estadounidenses elogiaron nuestro trabajo, visitaron nuestras escuelas y se mostraron sorprendidos por la calidad de nuestros servicios. Y de repente UNRWA se convierte en una institución que ellos describen como crónicamente imperfecta. Son términos inaceptables. Pensamos que esto es puramente político. Están politizando la asistencia humanitaria. Nosotros tenemos nuestro mandato de Naciones Unidas y hasta que no haya solución para el problema de los refugiados palestinos tenemos que continuar con nuestro trabajo”, explica Abu Hasna.

El mandato de UNRWA se renueva periódicamente por la Asamblea General de la ONU. El próximo mandato expira en 2020. Trump podría votar en contra de su prolongación, pero no tiene el poder de desmantelar la institución.

Abu Hasna recuerda que la embajadora de EEUU ante la ONU, Nikki Haley, dijo que los palestinos “tenían que volver a negociar [con Israel] para seguir recibiendo fondos”. Pero los dirigentes palestinos consideran que el actual gobierno estadounidense no es un interlocutor legítimo después de que Trump reconociera Jerusalén como capital de Israel y han congelado los contactos con Washington. “Estados Unidos se va a dar cuenta de que 360 millones no nos harán desaparecer. Vamos a vivir momentos difíciles, seguro, pero no creo que sea nuestro fin, a menos que la comunidad internacional se una a EEUU”, agrega el portavoz.

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu durante una recepción diplomática por la inauguración de la Embajada de EEUU en Jerusalén, el 13 de mayo de 2018. (Reuters)

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu durante una recepción diplomática por la inauguración de la Embajada de EEUU en Jerusalén, el 13 de mayo de 2018. (Reuters)

Un riesgo para Israel

Abu Hasna, Al-Habbesh y otros trabajadores de UNRWA en Gaza alertan de los riesgos que podría entrañar una desaparición de la UNRWA o una disminución de sus actividades para el propio Israel. “No se concibe actualmente una Gaza sin UNRWA. Aquí en la franja somos todo para ellos. Perder todo eso de golpe sería muy destructivo. La UNRWA está dando una especie de estabilidad a Gaza y a la región. Todavía transmitimos esperanza. Si la esperanza desaparece esto será peligroso también para la seguridad de Israel”, opina Abu Hasna.

Responsables israelíes de Defensa han advertido en estos días de los riesgos que entrañaría una desaparición de la UNRWA. “Crearía un vacío que puede ser usado por Hamás para fortalecerse en la franja”, dijeron al diario israelí Haaretz. Pero por ahora, frente a las cámaras, el gobierno israelí se ha felicitado por la decisión de Trump de cortar fondos a la institución. “La UNRWA perpetúa el problema de los refugiados y el corte decretado por Estados Unidos comienza finalmente a resolver el problema”, celebró el primer ministro Benjamin Netanyahu, considerando que la institución debería, directamente, desaparecer. “El verdadero número de refugiados es solo una pequeña parte de las cifras de UNRWA”, agregó.

El gobierno israelí ha dado a entender que refugiados palestinos deberían ser únicamente los que abandonaron sus casas en 1948, tras la creación del Estado de Israel. Un número que se ha estimado en 750.000 personas, de las que sólo una parte estarían con vida. La UNRWA considera refugiados a estas personas y a sus descendientes. La forma de pensar israelí, con la que Trump parece concordar, significaría poner en entredicho el derecho al retorno, recogido por la ONU y esgrimido por los palestinos como condición esencial en cualquier negociación de paz.

“El corte de las contribuciones estadounidenses despeña por un acantilado la economía palestina, sobre todo la de Gaza y esto podría significar una reanudación de la violencia en la frontera entre Gaza e Israel en un momento en que una tregua de larga duración entre Hamas e Israel parece posible”, consideró el analista de Haaretz, Amos Harel, en una reciente columna.

Desde hace semanas se negocian en El Cairo las condiciones de un alto el fuego de larga duración entre Israel y Hamas. El acuerdo se hace esperar debido, entre otros, a cuestiones espinosas como el alivio del bloqueo en Gaza o el intercambio de prisioneros palestinos a cambio de los cadáveres de dos soldados israelíes muertos en la guerra de Gaza de 2014 y la liberación de dos civiles israelíes que también estarían retenidos en la franja.

Fuente: Beatriz Lecumberri, El Confidencial