2018 · 09 · 12 • Fuente: Sputnik Mundo

Los Acuerdos de Oslo: 25 años de intentos de reconciliar a Israel y Palestina

El 13 de septiembre de 1993, el entonces primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, y el líder palestino Yaser Arafat sellaron en la Casa Blanca los Acuerdos de Oslo, llamados así porque las negociaciones previas y secretas las mantuvieron en la capital noruega.

Por primera vez, Israel reconocía a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), a la que consideraba un grupo terrorista, y este movimiento reconocía al Estado de Israel.

Arafat quería acabar con el aislamiento de la OLP y temía que los líderes surgidos en Palestina a raíz de la primera intifada lo desplazaran a él y al liderazgo de la OLP en el exilio.

Rabin anhelaba poner fin a la intifada y liberar a Israel del alto coste que representaba la ocupación de Cisjordania y Gaza.

Los acuerdos de Oslo I y Oslo II (el último firmado en 1995) establecieron las bases de un Gobierno palestino interino para un período de transición de cinco años en los que se negociaría un tratado de paz final basado en las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU, referentes a la retirada de Israel de los territorios ocupados en 1967, al reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia de todos los Estados de la zona y al alto el fuego de la guerra de 1973 entre Israel y varios países árabes.

Oslo señalaba el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, creaba la Autoridad Nacional Palestina (ANP), un autogobierno limitado a Cisjordania y a Gaza que se encargaría de la educación, sanidad, tributación, cultura y turismo de esos territorios. Además, se instauraba un cuerpo de policía palestino.

La cuestiones centrales del conflicto entre palestinos e israelíes —fronteras, colonias judías en territorio palestino ocupado, refugiados palestinos, estatus de Jerusalén, seguridad— se dejaban para negociar en el acuerdo definitivo, que tenía que estar listo a finales de 1999.

Cisjordania se dividió en tres áreas: A, B y C. La ANP tendría el control total sobre la zona A y el administrativo en la B. Israel mantendría su dominio civil y militar en la C (60% del territorio) y militar en la B.

El acuerdo despertó el optimismo de muchos, pero también generó escepticismo y fue rechazado por la derecha israelí, que se negaba a firmar con la OLP, considerada terrorista. Los colonos temían que Rabin aplicara la fórmula de "tierra por paz" y los desalojara de Cisjordania y Gaza.

En el lado palestino, Hamás y otros grupos se oponían a Oslo por varias razones, entre otras porque consideraban que la solución de dos Estados traicionaba el derecho al retorno de los refugiados palestinos expulsados en 1948, tras la creación de Israel, recogido en resoluciones de la ONU.

Para el analista político israelí Sergio Yahni, "el proceso de Oslo, iniciado en la Conferencia de Madrid de 1991, fue una victoria de la lucha popular palestina en la primera intifada (1987-1993), que forzó a Israel a negociar y reconocer a los palestinos. Fue la primera vez que la OLP consiguió poner un pie en Palestina".

"Los palestinos aceptaron varios puntos sin recibir garantías o con garantías verbales del equipo de Shimon Peres (entonces ministro de Exteriores de Israel) que en el momento de la verdad, tras el asesinato de Rabin, no se cumplieron", aseguró Yahni a Sputnik.

Según el analista palestino Rifat Kassis, del grupo cristiano Kairos, "las expectativas sobre Oslo no han cambiado en estos 25 años porque nunca esperé nada. Oslo no reunía las condiciones para hacer justicia y posponía el debate sobre los temas centrales del conflicto", apuntó Kassis.

"La idea de Oslo era extraña, combinaba la ocupación con la creación de una autoridad palestina sin autoridad porque seguía mandando Israel", señaló el analista palestino.

"Oslo fue un compromiso ideal para los israelís porque ponía a la OLP bajo su control. La tierra, los recursos y la economía seguían secuestrados. Los palestinos cayeron en la trampa, se dejaron impresionar por los símbolos de Estado como un cuerpo de policía, una bandera y un himno. La ANP se convirtió en una zona tapón para la ocupación", añadió Kassis.

En cambio, el analista israelí Dan Rothem, comentó a Sputnik que "el acuerdo interino de cinco años fue en general una buena idea y quizás era lo único que se podía conseguir en aquel momento. El problema es que en lugar de ser un tránsito hacia un acuerdo final se convirtió en una imagen permanente del statu quo, de la ocupación [israelí de los territorios palestinos]".

Oslo indicaba que Israel transferiría gradualmente la jurisdicción sobre Cisjordania y Gaza a la ANP. Pero esto nunca se cumplió. Veinticinco años después, los asentamientos judíos se han expandido y el número de colonos es de 650.000, el triple que en 1993.

Las negociaciones posteriores a Oslo entre israelís y palestinos —las principales fueron Camp David 2000, Taba 2001, Annapolis 2007 y el último intento de la administración Obama en 2013-2014— fracasaron.

El presidente de EEUU, Donald Trump, visitó Israel y Palestina en mayo del 2017 y anunció que presentaría un nuevo plan de paz.

Unos meses después, Trump reconoció Jerusalén como capital de Israel, a pesar de que su parte oriental está ocupada por los israelíes, y trasladó a esta ciudad la Embajada de EEUU en Israel. Más tarde recortó los fondos a la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA), recientemente los ha eliminado, ha acabado con la ayuda a hospitales de Jerusalén este y ha cerrado la oficina diplomática palestina en Washington.

Rothem considera que Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, "están intentando remodelar el panorama israelo-palestino, especialmente en lo referente a los temas centrales en la negociación del conflicto —fronteras, refugiados, Jerusalén, seguridad, asentamientos—, incluso podríamos llegar a ver la anexión de una parte de Cisjordania".

"Tanto israelíes como palestinos han enterrado los Acuerdos de Oslo. No existe más por la falta de implementación. Uno de los mayores errores del pacto fue que nunca se mencionó la creación de un comité para observar su implementación porque ninguna de las dos partes estaba interesada en llevarlo a la práctica", declaró a Sputnik el comentarista político palestino Bassem Eid.

Uno de los golpes mortales a Oslo y al proceso de paz, según muchos analistas, fue el asesinato de Rabin en noviembre de 1995. El primer ministro israelí fue tiroteado por un judío de ultraderecha en Tel Aviv. El asesino de Rabin "era la punta de lanza de una comunidad política bastante grande de la que Netanyahu formaba parte", subrayó Yahni.

El actual jefe del Gobierno israelí fue contrario a los Acuerdos de Oslo en 1993 y lideró buena parte de las protestas opositoras.

El analista israelí Ofer Zalzberg, del think tank International Crisis Group (ICG) cree que las nuevas generaciones de israelíes y palestinos serán decisivas para ver hacia dónde camina el proceso de paz.

"Existe una dinámica generacional crucial sobre Oslo en ambos lados que podría resultar decisiva. Los jóvenes palestinos a menudo señalan cómo Oslo se convirtió en un medio para que Israel controlara, dominara y oprimiera a la población palestina", recalcó Zalzberg.

"En Israel, los derechistas más jóvenes ven Oslo como un obstáculo obsoleto para asegurar la soberanía israelí sobre zonas de Cisjordania", indicó el analista del ICG.

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