2018 · 09 · 12 • Fuente: Vanguardia Liberal

Israel y Palestina, el desafío diplomático para Colombia

La decisión trajo consigo abrir una puerta en la dinámica de las relaciones con Palestina y daría paso a una agenda bilateral más robusta, que no es vista con buenos ojos por Israel, un aliado estratégico e histórico de Colombia.

(Foto: Fotoilustración/ VANGUARDIA LIBERAL)

Más allá de las connotaciones políticas o implicaciones diplomáticas, la decisión adoptada por el saliente gobierno de Juan Manuel Santos de reconocer oficialmente a Palestina, como un “Estado libre, independiente y soberano”, es a la postre un mensaje simbólico en un momento oportuno tras el acuerdo de paz alcanzado con las Farc.

Pese a la cercanía histórica que ha tenido Colombia con Israel y Estados Unidos, por lo cual se explica que era el único país en Suramérica que no había dado ese paso, la medida da mayor estatus internacional a las reivindicaciones del pueblo palestino pero también supone un desafío frente a un estratégico aliado, Israel.

En el contexto latinoamericano solo faltan México y Panamá por seguir los pasos de Colombia. Mientras en el ámbito internacional, cerca de 138 naciones han reconocido a Palestina como Estado, es decir, un 70% de los países miembros de la ONU consideran a Palestina como un igual.

La lectura que hace Walter Arévalo, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario en Bogotá, es que el Estado palestino existe como tal porque tiene un gobierno que en su momento fue la Autoridad Nacional Palestina, y un territorio histórico que le reclama a Israel, no obstante tal reconocimiento supone el establecimiento de relaciones diplomáticas más fuertes, robustas y efectivas.

“Porque si uno no reconoce el Estado, se pueden firmar tratados, no tendrá que objetar el voto de este Estado en una organización multilateral, entonces ese es el verdadero efecto”, explica el analista.

En su criterio, Colombia hace mucho tiempo reconocía a Palestina de facto, porque había autoridades palestinas en el país y una misión con prerrogativas de carácter diplomático y “lo que faltaba era la firma de un acto formal”.

Esto se explica, dice, en lo que en el Derecho Internacional se conoce como reconocimiento De Iure​ (De Derecho) que permite de una manera abierta y honesta entrar en actos jurídicos internacionales.

En esa misma línea se refirió Fabián Gamba, docente del programa de Negocios y Relaciones Internacionales de la Universidad de La Salle, quien lo describe como una decisión de buena voluntad y búsqueda de acercamiento a la paz, “un mensaje claro de un país que ha hecho apuestas claras en esa dirección, más que un sentido político pleno”.

Recordó que hace más de 20 años Palestina tiene una misión diplomática en Colombia, y ahora la nueva realidad implica relación más dinámica, la posibilidad de vínculos e intercambios culturales y económicos, pero considera que no va a marcar mucho una diferencia hasta tanto no se resuelva el asunto con Israel.

Julián Schvindlerman, escritor y analista político internacional, tiene otro enfoque y plantea varios factores que pueden explicar el hecho.

“Nada ayuda más a un anhelo personal de crecer en el ámbito de la ONU que tomar una medida contraria a Israel y a favor de los palestinos. Si es que Santos albergase tal deseo, esto le habría allanado el camino”, recalca el experto. No descarta que haya sido “fruto de alguna negociación secreta entre la Autoridad Palestina y Colombia o bien, resultado de la presión del lobby árabe-libanés en Colombia”.

Y también cita algo improbable pero no imposible: “que Santos pueda haber concedido esto a los palestinos de cara a un futuro desplazamiento de la Embajada hacia Jerusalén, ya una política que le cabría definir a la nueva administración de Duque”.

En ese orden de ideas, Schvindlerman subraya que salvo Estados Unidos, Canadá, México y Panamá, los demás países de la región ya han reconocido a Palestina: “Quizás Colombia quiso dejar de estar en ese club minoritario. Obviamente ha de existir un quid-pro-quo (una cosa por la otra)”.

Pone de relieve, además, que esta determinación “contradijo la política de ocho años de gestión del expresidente Santos, quien había declarado varias veces que tal reconocimiento sólo se daría como fruto de un acuerdo de paz palestino-israelí”.

Lo anterior, teniendo en cuenta que en la votación de 2012 de la Asamblea General de Naciones Unidas que otorgó a Palestina la categoría de Estado observador, es decir con derecho a voz pero sin voto, Colombia fue el único país de la región que se abstuvo.

Si bien se manejan varias versiones sobre la toma de la decisión del gobierno Santos al término de su mandato, que se dice fue consultada durante el empalme con el presidente Iván Duque, el profesor Gamba considera que lo mejor hubiera sido hacerlo con mayor anterioridad para no dar la sensación que no era un asunto de entregarle un dilema al siguiente gobierno.

Ahora bien, aclara que también es cierto que cada presidente tiene hasta el último minuto la potestad para ejecutar los actos de política exterior que desee.

¿No hay reversa?

En cuanto a la posibilidad de reversar la medida, Arévalo lo ve difícil, porque por presencia política le quedaría muy mal, “es un acto que está regulado por el Régimen de los Actos Jurídicos Unilaterales del Derecho Internacional, que entre sus normas dice que no se puede retrotraer un acto jurídico internacional de forma arbitraria”.

Añade que está en manos del nuevo gobierno adoptar una postura que no afecte la relación con Israel, en la medida en que “teniendo ya la puerta abierta, decida robustecer las relaciones diplomáticas, entrar en actos jurídicos con Palestina, tener una agenda muy activa y por supuesto la relación con Israel, va a decaer” porque va en contra de este último estado frente al tema en Medio Oriente.

Lo más factible, según Gamba, es que la Cancillería colombiana mantenga el reconocimiento del Estado Palestino, pero avanzará despacio con las relaciones diplomáticas, para de esta manera cuidar su relación con Israel que en efecto sí es robusta en temas de seguridad, relaciones económicas y posconflicto”.

Fuente: Vanguardia Liberal