2018 · 06 · 06 • Fuente: Agencia Prensa Latina

Fuera de juego para Israel en cancelado partido contra Argentina

Llevar la política al deporte puede ser digno de elogio si ello conlleva justicia y el respeto a la vida, como la negativa del equipo argentino de fútbol a jugar contra su similar israelí en Jerusalén.

Lejos de la aspiración de la Grecia clásica de deslindar el deporte de las coyunturas de la realidad, los puños en alto de Tommie Smith y John Carlos en Mexico ´68, y ahora el rechazo argentino a comulgar con la ocupación israelí de Jerusalén demuestran que la dignidad va más allá de las fronteras, entre las actividades humanas.

La base de la decisión del equipo albiceleste descansa en dos puntos básicos. Primero, Jerusalén es una ciudad que se encuentra ocupada por Israel desde la guerra de 1967, situación agravada por las pretensiones de Tel Aviv de considerarla como capital de su Estado y el reciente reconocimiento de Washington a esa condición contraria al Derecho Internacional.

De hecho, el estadio donde tendría lugar el partido amistoso preparatorio para la Copa del Mundo Rusia 2018 está erigido sobre los restos de la aldea palestina Al Malha, desaparecida del mapa por el ocupante israelí.

En segundo lugar, pero no por importancia, se cuenta la agravada represión israelí a los derechos del pueblo palestino al retorno a sus tierras ancestrales y crear un Estado independiente, la cual durante el último mes ha causado la muerte a más de 120 manifestantes palestinos en Gaza, y heridas a varios miles.

De hecho, una de las primeras voces que pidió al equipo argentino y su líder, Lionel Messi, abstenerse de jugar en Israel fue la del futbolista palestino Mohammad Khalil.

La autoridad moral de Khalil emana, entre otros aspectos, de su sufrimiento personal: mientras protestaba pacíficamente en Gaza contra la ocupación, francotiradores israelíes dispararon con balas de combate contra sus piernas, incapacitándolo de por vida y provocando así el fin de su carrera deportiva.

De inmediato miles de personas de todas las latitudes se sumaron a la petición, que tomó forma estructurada con el movimiento argentino Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Además de ciudadanos comunes, muchos pequeñas empresas y las Madres de Plaza del Mayo se unieron al llamado.

Tras conocerse la decisión oficial del equipo argentino, Omar Barghouti, de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI), expresó su satisfacción y la de todo su pueblo.

Hubiera sido extremadamente negativo respecto a los derechos humanos jugar con representantes de un Estado de Apartheid, lo cual sería una forma de complicidad, opinó.

El respaldo de Tel Aviv al ahora cancelado partido forma parte de la política israelí de 'utilizar eventos deportivos internacionales para encubrir sus crímenes de guerra (...) contra los palestinos', agregó el funcionario.

Según BDS, la cancelación del partido amistoso es además un impulso a la campaña Red Card Israel, que ha pedido a la FIFA la expulsión de Israel, como se hizo con el régimen del apartheid de Sudáfrica, debido a sus violaciones contra el fútbol palestino y su desprecio por los estatutos de esa organización.

Y, por paradójico que parezca, la supresión del juego entre Argentina e Israel, según coinciden los palestinos, a la larga favorece al deporte, en su real magnitud de promover los mejores valores humanos y elevar su dignidad por sobre las actitudes de rapiña, crímenes y guerras sin fin.

Fuente: Agencia Prensa Latina