2018 · 05 · 17 • Fuente: Emilio Marín, La Pampa La Arena

Palestina sufre otra Nakba, por Netanyahu y Trump

Entre el 30 de marzo y el 14 de mayo pasado, las tropas israelitas asesinaron a 118 palestinos e hirieron a 2.771. Sigue la Nakba o Catástrofe de mayo de 1948.

Más de un centenar de palestinos muertos y miles de heridos

El 6 de diciembre pasado, el presidente norteamericano anunció que mudaría su embajada a Jerusalén. La mudanza se haría en 2019, pero sus necesidades políticas de mostrar dureza en la arena internacional, cuando en ese frente y en el doméstico las cosas no iban bien para él, hicieron adelantar ese cambio provocador para el 14 de mayo. El día implicó una agresión doble a los palestinos: coincidía con el aniversario 70 de la creación del Estado de Israel y el 15 de mayo ellos vienen conmemorando su día de la Catástrofe (Yawn an-Nakba). El 14 de mayo de 1948 surgió Israel, sobre la base de la “limpieza étnica” en esos territorios palestinos. Unos 700 mil refugiados perdieron sus hogares, sin poder volver.

El anuncio de Trump aseguró días de luto palestino. Ese pueblo, de un coraje pocas veces visto, no se amedrentó. Y preparó varias semanas de movilizaciones, entre el 30 de marzo, Día de la Tierra, hasta el 15 de mayo, de la Nakba, como “Marcha del Retorno”.

La gente más combativa es la que vive bloqueada y frecuentemente bombardeada en la Franja de Gaza, unos 2 millones de habitantes. Fue la vanguardia de esas movilizaciones, seguida varios pasos atrás por los residentes en ciudades cisjordanas y de Jerusalén oriental, donde no es fácil manifestar. Una ley israelí quita apoyo estatal a las ONG que recuerden con una actividad la Nakba. Esa ley antes preveía un año de cárcel a quien incurriera en semejante “delito”. Rara democracia, la sionista…

Netanyahu, que va por su cuarto mandato, se congratuló de la gauchada de Trump en el 70 aniversario, soñando con superar a David Ben Gurión, Golda Meier y otros predecesores. Conociendo la voluntad de lucha de los palestinos, ordenó un dispositivo de represión contra los que osaran manifestar en rechazo a la apertura de la embajada de USA y evocar la Nakba. El, su ministro de Defensa Avigdor Lieberman y el jefe de Estado Mayor de la “Fuerza de Defensa de Israel” (léase de Ataque), Gadi Eizenkot, dieron esas órdenes de disparar a palestinos desarmados que protestaban en tierra gazatí.

El resultado: 118 muertos, entre ellos una docena de niños por balazos y una niña de ocho meses asfixiada por los gases; y 2.771 heridos, entre ellos 225 niños y 86 mujeres. Como entre los heridos, según el reporte del ministerio de Salud palestino hay muchos heridos graves y varios debieron ser operados y amputados, es muy posible que la lista de fallecidos se incremente.

Del lado israelí no se reportó ningún muerto ni herido grave. Es la mayor prueba de que no hubo una “confrontación”. Lo que hubo, hay y seguirá habiendo es de la parte palestina el reclamo histórico de volver a su tierra. Y de la otra, los crímenes de guerra y un genocidio continuado desde 1948, con pequeños intervalos, para asentar su dominación ilegal. Dentro de este propósito de “legalización”, resultó muy útil el gesto de Trump de llevar su embajada a Jerusalén, como si fuera sólo de Israel y no la capital prevista de dos Estados, uno israelí y otro palestino, según la resolución 181 de la ONU, de noviembre de 1947. Ese fue otro papel mojado, inútil. Desde la guerra de “Los seis días” en 1967, Israel anexó esa ciudad, pero el resto del mundo no lo convalidó, aguardando una negociación y acuerdo de dos partes que no final feliz. El magnate quiere legalizar lo que la abrumadora mayoría de países no hizo.

Mauricio amigo.

Washington inauguró la embajada provisoria, con presencia del subsecretario de Estado, John Sullivan; el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin; e Ivanka Trump y su marido. Sólo EE.UU. lo hizo. Guatemala y Paraguay dijeron que también lo harían. Honduras, Rumania y República Checa están en aprontes para ir contrario a derecho.

La Unión Europea no ha convalidado que Jerusalén sea sólo capital de Israel. La Liga Arabe, mucho menos y esta semana se reunía en El Cairo a petición del gobierno palestino de Abu Abbas, quien retiró a su embajador en EE.UU. y la ONU. Turquía y Sudáfrica trajeron de regreso a sus embajadores de Tel Aviv. El lunes 14 la representante estadounidense Nikki Haley tuvo que impedir una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU pedida por Kuwait para repudiar los crímenes de Israel, pero no podrá hacerlo todo el tiempo. Amnistía Internacional, que no puede ser acusada de antisemitismo, fulminó la represión de “asesinatos deliberados” y pidió una comisión investigadora que no dependa de Netanyahu. La cancillería iraní propuso denunciar a esos criminales ante la Corte Penal Internacional de La Haya.

Los argentinos, sensibles a estos temas de derechos humanos por los crímenes de la dictadura militar-cívica, no están conformes con lo actuado por el gobierno de Mauricio Macri. Su embajador en Israel, Mariano Caucino, en declaraciones televisivas, dijo comprender el orgullo de Israel por la inauguración de la embajada de USA. El canciller Jorge Faurie demoró dos días de la última represión para emitir un comunicado, el 16/5, donde “hace un llamado a todas las partes para actuar con moderación y responsabilidad”. El drama no fue ocasionado por dos partes iguales sino por la represión bestial de un Estado ocupante.

Que nadie espere una condena de Macri. Es un amigo de Netanyahu y Trump, los dos grandes responsables del derramamiento de sangre. A “Bibi” lo presentó como admirada estrella en la Casa Rosada, en septiembre pasado. Donald chichoneó con él como viejo conocido en la Casa Blanca en abril de 2017; este 14 de mayo sangriento hablaron por teléfono sólo de dólares y FMI, no de palestinos asesinados.

Fuente: Emilio Marín, La Pampa La Arena