2018 · 04 · 10 • Fuente: Hossam Shaker, Middle East Monitor en Español

La Gaza que no se ha hundido en el mar

Los francotiradores se colocaron en la colina y empezaron a disparar a los chicos desarmados uno por uno.

Imagen de Mohamed Ayyash usando una máscara de cebolla para protegerse del gas lacrimógeno israelí [aljazeera.com]

La escena parecía una cacería con rifles automáticos, que terminó con la presa cayendo al suelo con balas en el cráneo. En unas pocas horas, cientos de personas resultaron heridas y unas 20 perdieron la vida. Ninguna de las víctimas iba armada ni suponía un peligro para los soldados armados o para la integridad de la frontera con Israel.

La masacre estuvo premeditada; planeada de antemano por el gobierno israelí, que pretendía frenar las marchas de paz – pacíficas – que han organizado los refugiados palestinos durante las semanas del 30 de marzo en adelante para exigir sus derechos legítimos.

El mundo entero fue testigo de lo sucedido el pasado viernes, cuando cientos de miles de refugiados palestinos de la Franja de Gaza declararon su adhesión a sus derechos y a la propiedad de sus hogares y tierras originarias en las partes de Palestina que Israel ocupó en 1948. En Gaza, la mayoría de la población la forman los más de 2 millones de refugiados; viven en zonas tanto superpobladas como aisladas. La ONU ya ha declarado que en 2020 la Franja será “invivible” debido a la escasez de recursos y a la falta de acceso a agua potable y servicios básicos.

No es necesario que el mundo conciba complejas soluciones para una zona sitiada en la que la mayoría los ciudadanos son refugiados. La opción más práctica es sencilla: permitirles recuperar sus hogares, territorios y recursos de los que fueron expulsados por las fuerzas israelíes durante una de las operaciones militares más crueles del siglo XX. Desde entonces, las autoridades israelíes se han negado a cumplir las resoluciones de la ONU, incluida la Resolución 194 formulada por la Asamblea General en 1948, y, más o menos, ignorando las leyes y convenciones internacionales, así como los derechos humanos y el acceso a la justicia que proporcionan.

Yitzhak Rabin [Foto de archivo]

Los palestinos habitantes de la Franja de Gaza se niegan a renunciar a sus derechos y no parece que se vayan a rendir bajo ninguna circunstancia. Esta perseverancia ha empujado a los líderes de Israel a desear una destrucción masiva del pueblo de Gaza, que aumenta ante sus ojos e insiste en recuperar sus derechos y realizar levantamientos populares. El ex primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, expresó este deseo afirmando que ojalá se levantara una mañana y encontrara a la Franja de Gaza hundida en el mar. Rabin fue asesinado por un fanático israelí, y, año tras año, Gaza se ha mantenido en pie.

El deseo de Rabin nunca se cumplió, pero el gobierno israelí ha actuado con cautela para hundir a Gaza en la oscuridad cortando sus suministros eléctricos durante casi todo el día a diario; impidiendo la entrada de recursos médicos en el enclave y que los pacientes viajen al extranjero. Gaza se ha visto abrumada por los problemas económicos y sociales causados por el asedio israelí. Está claro que la profecía de la ONU respecto a la Franja de Gaza se cumplirá, si es que no se ha cumplido aún.

Sin embargo, para el asombro de muchos, el pueblo palestino aún no ha ondeado la bandera blanca ni ha renunciado a sus derechos. Más bien han demostrado una actitud de resistencia y determinación frente a las autoridades de ocupación israelíes y el resto del mundo con su Gran Marcha del Retorno.

Todos aquellos que participaron en la marcha tenían su propia historia. Mohammed Ayyash, por ejemplo, es un niño de una familia originaria de Jaffa. Participó en la marcha usando un invento propio para protegerse del gas lacrimógeno que los israelíes lanzaron sobre la multitud desde drones aéreos. Sentado en silencio, mantuvo una mirada desafiante, aparentemente indiferente al gas que llenaba el aire a su alrededor. Se inspiró en la experiencia de su padre, quien, con la edad de su hijo, usó cebollas para reducir los efectos nocivos del gas durante la Primera Intifada, hace 30 años.

Netanyahu como el Faraón [Sarwar Ahmed / MiddleEastMonitor]

Así es como los palestinos recurren a soluciones simples que les ofrece la tierra a la que se aferran para no rendirse ante el poder de Israel, que cuenta con la tecnología más avanzada para reforzar su ocupación, agresión e intimidación. Las sucesivas generaciones de Palestina han heredado y, a su vez, han transmitido sus experiencias, a pesar de los tremendos sacrificios que han hecho por la libertad en los constantes levantamientos y actos de resistencia.

Si algún ministro del gobierno de Netanyahu viese la imagen del “chico usando cebollas” en la frontera de Gaza, se vería obligado a reconocer que la historia no se ha acabado en Palestina, y que se tendrán que enfrentar a esta nueva generación palestina, dispuesta a desafiar a la hegemonía israelí. Puede que esos ministros arrogantes recuerden el deseo de Rabin de despertarse y que Gaza se hubiera hundido en el mar. No se ha hundido; no se hundirá; puede que se hundan ellos.

Fuente: Hossam Shaker, Middle East Monitor en Español