2018 · 03 · 13 • Fuente: Thembisa Fakude, Middle East Monitor en Español

El documental de Al-Jazeera sobre el lobby estadounidense pro-israelí

A menudo, a los periodistas se les dice que nunca sean la historia; “cuenta la historia, pero nunca formes parte de ella” es el consejo que más escuchan. Sin embargo, los periodistas de Al-Jazeera y esta red en general llevan años siendo el centro de la historia.

Oficinas de Al Jazeera

El Día Internacional de la Mujer, por ejemplo, Asociación de la ONU Mujeres por la Paz (UNFWPA) premió a Al-Jazeera Media Network con su “Premio a la sensibilización” anual por su papel clave a la hora de arrojar luz sobre los problemas de la mujer en todo el mundo. Sin embargo, en la mayoría de casos, cuando Al-Jazeera está en las noticias, no es por razones que haya que celebrar.

La red informativa ha atraído admiración y críticas de personas y gobiernos desde sus comienzos en 1996. Docenas de periodistas de Al-Jazeera han sido detenidos y asesinados en distintas parte del mundo, mientras que algunos han sido encarcelados, sobre todo en Egipto. Mahmoud Hussein lleva más de un año retenido en Egipto sin haber sido juzgado; su detención se ha extendido 11 veces.

Además, en muchos países, las oficinas de Al-Jazeera a menudo reciben amenazas de cierre; la última se produjo en su sede de Jerusalén, cuando, en agosto del año pasado, Ayoub Kara, el ministro de Comunicación israelí, anunció su intención de revocar las credenciales de los periodistas de Al-Jazeera y cerrar la red. Más recientemente, los legisladores estadounidenses han presionado para que se etiquete a la red como un “agente extranjero” en Estados Unidos. Estos intentos se produjeron después de que los representantes Josh Gottheimer, demócrata de Nueva Jersey, Lee Zeldin, republicano de Nueva York, y otros 16 miembros de la Cámara, entre ellos el senador Ted Cruz, republicano de Texas, enviaran una carta afirmando que Al-Jazeera perjudica directamente a los “intereses americanos.” Si se aprueba, esta etiqueta tendrá duras consecuencias para los periodistas y las operaciones de la cadena en EEUU. Al-Jazeera y sus contratistas de Estados Unidos tendrían que divulgar información sobre su estructura corporativa, presupuesto, gastos y personal, la cual se publicaría en la web del Departamento de Justicia. Esta designación podría causar un escrutinio indebido a los periodistas y tener un impacto tremendamente negativo en sus carreras.

Al-Jazeera lleva varios años operando en Estados Unidos, – su sede árabe en Washington tiene tanta antigüedad como la propia red – así que, ¿por qué sucede esto ahora? En 2017, la Unidad de Investigación de la cadena realizó un documental que sacó a la luz cómo el lobby pro-Israel influye en la política de Reino Unido. Se llevó a cabo una investigación encubierta de seis meses con la que se reveló cómo Israel se había introducido en varios niveles de la democracia británica. El documental indignó a los cargos israelíes de Reino Unido y puso en peligro la relación entre el país británico e Israel. Un resultado directo fue el despido de Shai Masot, oficial de la embajada israelí implicado en el programa, de su cargo como alto cargo político, y tuvo que regresar a Israel. El embajador Mark Regev, originario de Australia, fue obligado a disculparse ante el gobierno británico.

El programa irritó tanto a Israel que envió una queja sobre Al-Jazeera al organismo regulador y de competencia del gobierno británico para las empresas de radiodifusión, telecomunicación y correos, Ofcom. Tras mucha deliberación, Ofcom se pronunció en favor de Al-Jazeera, declarando que el documental de cuatro partes “El Lobby”, publicado en enero de 2017, era objetivamente preciso y respetaba las reglas sobre equidad, imparcialidad y privacidad y, lo más importante, no se trataba de un documental antisemita. La victoria de la cadena salió cara, ya que requirió una costosa representación legal.

Poco después de la sentencia, el director de la Unidad de Investigación, Clayton Swisher, anunció que Al-Jazeera publicaría un documental similar sobre el lobby pro-Israel en Estados Unidos. Esto despertó el interés de grupos de lobby poderosos, que empezaron a prepararse a una gran batalla, elaborando estrategias para evitar que el documental llegara a ver la luz. De la misma manera, Al-Jazeera tuvo que prepararse para evitar la aparición de cualquier obstáculo legal. Por desgracia, esto ha llevado a que se haya pospuesto la publicación del film. Naturalmente, este retraso ha causado mucha ansiedad entre los periodistas que realizaron el documental, incluido el propio Swisher. Las especulaciones sobre el retraso de la emisión del programa insinúan que el gobierno ha presionado indebidamente a la cadena. Esto se produjo cuando las cosas se complicaron e hicieron falta respuestas y aclaraciones cautas.

Al-Jazeera tiene asuntos urgentes e importantes entre manos, entre ellos la intención de los legisladores estadounidenses de designarla como un “agente extranjero.” La cadena tendrá que demostrar su independencia si quiere contrarrestar estas acusaciones.

Por lo tanto, es necesaria una explicación clara al respecto del retraso de la emisión del documental, y ha de articularse urgentemente a todas las partes interesadas, no sea que otras “razones” inexactas y sin escrúpulos impregnen el debate. La versión que relaciona el retraso con la presión del gobierno ya ha cobrado impulso. Esto es algo negativo, ya que, en el pasado, Washington ha superado la presión para involucrarse directamente en las operaciones de Al-Jazeera. Por ejemplo, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto – que, actualmente, dirigen un asedio político y económico contra el Estado de Qatar – pidieron el cierre de la cadena y, cuando el gobierno de Doha insistió en que Al-Jazeera es una entidad independiente, tuvo que pagar el precio. Existen otras muchas experiencias que demuestran la insistencia de Doha en este tema.

Basta con decir que la demora de la emisión del documental sobre el lobby pro-Israel estadounidense es, en realidad, una prerrogativa administrativa y una decisión que, con suerte, ha tenido en cuenta los mejores intereses de la cadena. Sin embargo, hay quien piensa que la emisión del film podría exonerar a Al-Jazeera y separar claramente al gobierno de Qatar de la institución. Además, la emisión prematura del documental, ignorando ciertos obstáculos legales, podría suponer consecuencias graves para la cadena, su personal y sus operaciones internacionales, incluidas largas batallas legales que podrían afectar a sus recursos, cada vez más escasos.

Por supuesto, una tercera opción sería permitir que otras plataformas emitan el documental, también en las redes social. Sea cual sea la opción elegida, hay mucho en juego.

Fuente: Thembisa Fakude, Middle East Monitor en Español