2018 · 03 · 12 • Fuente: Emilio J. Cárdenas, La Prensa - Argentina

La crisis de Gaza: una bomba de tiempo

En la llamada Franja de Gaza viven, casi sin recursos y hacinados, nada menos que unos dos millones de palestinos, que con frecuencia son olvidados. Por todos.

Como si estuvieran de alguna manera irremediablemente empantanados o embretados entre Israel y Egipto. Sin demasiado futuro propio. Teóricamente los gobierna -y conduce- la llamada Autoridad Palestina. En los hechos, la gran mayoría de ellos come de la mano del aún hostil a Israel movimiento islámico Hamas, cuyas relaciones con la Autoridad Palestina (controlada por otro grupo palestino, diferente, desde la Margen Occidental: en este caso el secular Fatah) son bien tensas y complejas.

Casi todos los palestinos que trabajan en la zona Gaza son hoy empleados públicos. Su vida es bastante poco feliz. Para la mayoría, ella es, en lo económico al menos, casi miserable o primitiva. La electricidad no es un bien que esté para ellos disponible todo el tiempo. Los cortes de electricidad son frecuentes, en la que es una desgraciada realidad. El agua corriente no es, por lo demás, siempre potable. Las cloacas, están en mal estado y son insuficientes.

Las opciones reales para quienes viven en la Franja de Gaza son, en los hechos, difíciles, muy escasas, y bastante poco atractivas. Incluyendo las que tienen que ver con el cuidado de la salud.

En Gaza, la seguridad personal no está necesariamente garantizada y los robos son parte de una incómoda vida cotidiana. Para los funcionarios de las Naciones Unidas, Gaza está nuevamente cerca de un posible colapso o explosión, de consecuencias impredecibles. Por cuarta vez en los últimos tiempos. Gaza está, por ello, considerada por muchos como una suerte de bomba de tiempo.

Ya ha desatado tres guerras -cruentas y destructivas- contra Israel, de las que siempre salió inmensamente dañada y perdidosa. Y nadie, es cierto, puede hoy garantizar que no habrá, de pronto, una cuarta, en algún momento.

El Bloqueo

Israel mantiene cuidadosamente bloqueada a la Franja de Gaza desde hace una década ya. En procura estratégica, dicen algunos, de que su población, cansada de sufrir, de pronto se anime a sacarse de encima a los belicosos líderes de Hamas, para dejar de vivir casi en la miseria.

Lo que no ha ocurrido, pese al largo tiempo transcurrido. Por todo esto, salir de y entrar a Gaza no siempre es fácil, ni es una opción siempre disponible.

El contrabando de prácticamente todo es un recurso ordinario y, como suele suceder, una alternativa disponible, ante la dramática escasez de todo.

El negocio del contrabando es monumental y enriquece inmensamente a unos pocos, que por lo general utilizan túneles para operar comercialmente. Ellos alguna vez sirven también para las andanzas -y atentados- de los terroristas que apuntan con sus explosivos -y ahora también con sus misiles- a todo Israel, indiscriminadamente. A toda hora, en la que es una pesadilla eventual de la que, al menos por el momento, no ha sido posible desprenderse.

Las salidas de la Zona de Gaza y sus entradas desde Egipto no están tampoco abiertas constantemente. Son trabajosas.

Ocurre que el gobierno egipcio del presidente Abdel Fattah el-Sisi es de corte secular y está apoyado por el Ejército de su país, sin lo cual no habría sobrevivido. Sabe perfectamente bien que su enemigo existencial principal es la Hermandad Musulmana, muy cercana a Irán y a Hamás. Muy particularmente, sus peligrosos grupos de terroristas.

Por eso, la circulación de personas desde Egipto hacia y desde Gaza, incluyendo el paso principal, el de la localidad de Rafah, está siempre cuidadosamente vigilada. Lo mismo sucede con el paso de Kerem Shalom, que la comunica con Israel. Por razones absolutamente elementales de prudencia y seguridad.

También por todo esto Israel está construyendo ahora una inmensa barrera bajo tierra, una suerte de cerco de concreto subterráneo y a la vez electrónico. De modo de poder detectar e imposibilitar que los túneles de pronto lleguen, con sus bocas, al territorio israelí.

Ya hay unos cinco kilómetros de ese muro que han sido construidos. Pero faltan unos 40 kilómetros más, que aún están por delante.

Hablamos de utilizar una montaña de cemento, que algunos estiman sería equivalente a la que, con un costo estimado de mil millones de dólares, se requeríria para poder construir de nuevo una buena parte de Manhattan.

Los túneles aludidos tienen por lo general luz eléctrica y agua, a lo largo de su extensión. Cinco plantas especiales de cemento proveen constantemente el material básico necesario para poder completar -y mantener- una construcción defensiva estratégica que, como hemos señalado, ya está en plena marcha.

El Apagón

Financieramente, Gaza -como hemos dicho- depende realmente de Fatah. Por esto, cuando Hamas se niega a seguir sus instrucciones o a aceptar su liderazgo en materia política y con relación a las relaciones con Israel, con frecuencia Fatah deja de pagar la energía eléctrica que fluye y alimenta a Gaza, aumentando así los padecimientos personales diarios de su casi indefensa y sufrida población, que entonces queda prácticamente en la oscuridad.

Pese a todas las duras restricciones vivenciales que los partidarios de Hamas enfrentan, como ya hemos visto, lo cierto es que hasta ahora se han negado sistemáticamente a desarmar y neutralizar a su brazo militar.

Lo que es toda una señal de injustificable y peligrosa tozudez y de falta de voluntad respecto de poder caminar decididamente, y con sinceridad, en dirección a consolidar, mediante las tratativas que son indispensables, la reconciliación. Y dar espacio suficiente a la posibilidad de pactar, en buena fe, lo que ambicione realmente ser un esquema para una paz duradera con la vecina Israel.

Cuando las negociaciones de paz en Medio Oriente lucen moribundas, avanzar en este tema en particular, el de Gaza, no parecería ser, para nada, una empresa simple.

* Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

Fuente: Emilio J. Cárdenas, La Prensa - Argentina