2017 · 12 · 15

Entrevista a Nicolás Morás: 'Un liberal consecuente jamás será cómplice de la violencia israelí'

Joven conferencista y analista político argentino: La creación del estado judío en Palestina es la última gran pulsión imperial de Inglaterra.

Nicolás Morás – Fotografía: Gino Lucas Turra

 

Nicolás Morás tiene apenas veintitrés años, sin embargo pronto cumplirá una década de intervenciones en los medios de comunicación, especialmente por su rol de columnista (Infobae, La Voz del Interior, Río Negro) y locutor radial que supo alcanzar récords de audiencia en el interior del país.

Más allá del periodismo, también se ha consolidado como un procaz referente en causas políticas relacionadas a las libertades civiles (laicidad social, legalización de las drogas, movimiento anti-psiquiatría y promoción de los derechos de los varones) y un jugador clave en la resistencia a la mega minería contaminante en la Patagonia y la defensa de los comerciantes informales.

Opositor a la mayoría de corporaciones multinacionales, desarrolló profundas críticas a los entramados empresariales que se benefician de patentes, licencias de explotación, subsidios, aranceles y otras intervenciones políticas en los mercados.

Es considerado la principal voz del pensamiento liberal o libertario de izquierda en la región.

En en el día de la fecha, visitó la Universidad Nacional de Salta para exponer la conferencia Viviendo la Distopía, donde explicó su perspectiva sobre lo que llama “Despotismo posmoderno”, y luego participó de una jornada de debate sobre el polémico reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de los Estados Unidos.

Años atrás, como investigador del Center For Stateless Society, dedicó páginas de análisis a sometimiento del pueblo palestino, y también publicaba un compilado de artículos breves: “El Estado en Carne Viva: Israel, Genocidio en Palestina y Libertarismo” que lo posicionan como el único intelectual liberal argentino que tomó postura abiertamente en favor de la causa palestina.

Wiston Churchill (Izq.) y Clement Atlee, su sucesor (Der.)

 

PL: En ocasiones anteriores definiste la ocupación sionista como “La última joya de la corona”, ¿A qué te referías?

NM: Me refería a que el sionismo jamás habría logrado su propósito sin la inestimable cooperación del Imperio Británico.

Para mayor exactitud: La creación del estado judío en Palestina es la última gran pulsión imperial de Inglaterra.

Luego de haber perdido la India en el 47, luego de la reconfiguración de la política mundial a  término de la Segunda Guerra, los últimos baluartes de un Imperio que llegó a mantener bajo su arbitrio a tres cuartas partes del planeta eran las colonias africanas y los mandatos en el Mediterráneo.

Ante la inevitable relegación a  potencia de segunda línea, la clase dominante británica interpretó que debía desprenderse de sus dominios predilectos para finalmente asumirse satélite de la primacía geopolítica estadounidense.

Pero también decidieron diseñar cuidadosamente el contexto, y el procedimiento escogido fue negar cualquier forma de independencia y elevar el fenómeno que comenzó con la Declaración de Balfour de 1917 a su auge paroxístico, iniciando una “sucesión” del dominio palestino a las manos judías.

Fue la manera de garantizarse cierto grado de influencia en la región a perpetuidad, lo cual visto en perspectiva se concretó, ya que la alianza entablada entre Londres e Israel goza de perfecta salud.

Dicha amistad ha salido indemne de todas las etapas israelíes de política exterior a lo largo del siglo XX: Desde la postura pro-soviética de Golda Meir hasta el viraje radical que lo llevó a convertirse en el socio incondicional del Pentágono, ninguno de estos abruptos movimientos disolvió los vínculos comerciales con Reino Unido, o la estrecha relación -en el origen, el padrinazgo- entre el MI5/MI6 y la Mossad.

Aquel momento histórico, el nacimiento de Israel, es fundamental para entender un periodo bisagra de la historia contemporánea donde convergieron los estertores del modelo imperial saliente con los albores del vigente.

En el marco previo a la asamblea de la ONU que aprobó la propuesta británica, Churchill le escribe a Clement Attlee, otrora rival político y Primer Ministro en ejercicio: “En esta gran empresa empeñamos la dignidad de nuestra nación y el futuro de su liderazgo”.

A confesión de parte, relevo de pruebas.

 

PL: También mencionaste un factor racial anti-árabe como disparador

NM: No es exactamente una cuestión racial, es un histórico recelo insular hacia los oprimidos árabes.

Comparativamente, los árabes, incluyendo los palestinos, fueron quizás los colonos más insumisos del régimen.

Y por sobre todas las cosas, una suerte de antítesis moral a la tiranía occidental, algo que al parecer jamás se les perdonará.

Incluso desde un punto de vista desapasionado, el concepto de “Civilización Occidental” podría considerarse un oxímoron. La hegemonía occidental fue y es coactiva, la historia de Occidente es la historia de la competencia delictiva, de la imposición de costumbres, de la restricción de libertades, la ingeniería social y el saqueo generalizado como motores inequívocos de su consolidación.

 

PL: ¿Por qué la cultura árabe sería antitética de la europea?

NM: Europa no albergó la totalidad de los imperios brutales que puedas nombrar, pero sí dio a luz a la mayoría, a los más efectivos y a los más violentos.

Francia, España, Reino Unido, Holanda, Bélgica…esos mismos países que ahora se visten de rectores de la democracia global, y en a los efectos prácticos mantienen intacta su identidad expansiva, intervencionista y criminal.

En la contraparte encontramos en las sociedades árabes (con la excepción de los saudíes) un carácter bastante menos beligerante, consecuente de la naturaleza mercantil que dichos pueblos heredaron de Fenicia.

Laicismo, relativa tolerancia, apertura comercial. Ejes que se mantuvieron a lo largo de los siglos, que garantizaron por ejemplo la opulenta prosperidad de Al-Ándalus durante el medioevo, donde judíos, cristianos y musulmanes convivían en armonía, comerciaban entre sí y disponían de unos niveles de confort, producción artística e investigación científica exorbitantes.  En contraste a una Europa feudal cristiana sumida en la miseria, la peste bubónica y el oscurantismo inquisitorial.

Richard Cobden, un heroico liberal inglés de fines del siglo XIX, precursor movimiento anti-imperialista, decía que la base del éxito político británico residía en la propaganda, en la habilidad de caricaturizar a los disidentes y adueñarse de la imagen del enemigo.

Richard Cobden, activista británico que abogó por la equidad de los pueblos y el libre comercio internacional

Aquella Inglaterra que encarcelaba a los homosexuales propagaba en los periódicos de la época la parodia del Líbano como “la nueva Sodoma”, aduciendo que allí se perpetraba la ignominia de respetar la intimidad de cada cual, vaya pecado a los ojos de los enérgicos defensores de la uniformidad de los hábitos personales.

Fieles a esa táctica de desprestigio europeos y estadounidenses en la actualidad, han impregnado aquel paternalismo imperecedero de moralina progresista y ahora fingen indignarse por la presunta situación de la mujer o de los gays en Oriente Medio.

Qué ironía que dichas críticas provengan de los inventores, entrenadores y eternos financistas de la Yihad que dicen combatir.

En fin, retomando tu pregunta: entregarle Palestina a la oligarquía judía, tan fundamental en el entramado del poder político y financiero en Inglaterra desde Lord Disraeli, fue el broche de oro de la represión en el Mediterráneo oriental.

 

PL: Sos quizás el único difusor liberal argentino crítico del sionismo.

NM: Lo cual no es ningún mérito, es un mínimo de consecuencia con los principios morales liberales.

Si soy el único será porque en Argentina abundan los farsantes, aún más entre las reducidas troupes que se autodenominan liberales.

 

PL: El abogado y periodista Carlos Maslatón afirma que Israel es la única democracia liberal en Oriente Medio. ¿Qué le contestarías?

NM: Que Israel es junto con el Estado Vaticano la única teocracia existente en el siglo veintiuno, pero infinitamente más agresiva. Y además se constituye como paradigma de nación anti-liberal por excelencia, realidad lógicamente travestida por el doblepensar orwelliano que impera en los tiempos que corren.

Pero educar a gente como Maslatón es una finalidad utópica. Igualmente me parece un personaje simpático, porque no pretende que lo tomen en serio, y cual Cándido de Voltaire, se ocupa de cultivar su huerto sin mayores pretensiones.

Mejor así. Otros pseudoliberales cultivan los suyos a fuerza de desprestigiar la ideología, que prostituyen con la doble finalidad de esterilizarla y encubrir a la vez su abyecto servilismo simbiótico a gobiernos extranjeros, élites corporativas alérgicas al laissez faire, instituciones reaccionarias, etc…

 

Agente británico observa matanza de civiles palestinos en Deir Yassin (1948)

 

PL: ¿Por qué Israel es un paradigma anti-liberal? ¿Qué razones les das a los liberales para defender la causa palestina en el conflicto?

NM: No me parece que resulte enigmático a nadie. El origen de Israel destaca en su atrocidad por sobre el resto de los estados, que son todos fruto de la violencia organizada y la reclamación del monopolizarla.

Los testimonios de los palestinos de los años cuarenta narran la desoladora realidad de ser literalmente expulsados a punta de pistola de sus hogares dejándoles literalmente servido el café del desayuno a los colonos sionistas que los ocuparían.

A estos testimonios acompaña profusa documentación oficial de las propias oficinas británicas que ejecutaron el desplazamiento forzoso de poblaciones enteras, concluyendo en matanzas masivas de civiles como la de Deir Yassin en 1948.

Partimos de esa génesis del despojo, del saqueo más encarnizado que arrasó con los derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad privada de centenares de miles de inocentes. Pero inmediatamente pregunto ¿Qué sucedió después de este auge paroxístico de la ingeniería social?

Se construyó un Estado cuyas características superan con creces al Leviatán de Hobbes: Israel está constituido íntegramente como una teocracia en la cual para casarse hay que acudir a los Tribunales Rabínicos, entre otros disparates de un ordenamiento jurídico fundamentado en la Religión de Estado.

Israel es una nación abrazada al concepto de raza, que se ha ceñido al concepto de Ius Sanguinis al punto de igualar ciudadanía a condición genética judía por vía materna, y viceversa.

Israel, con exitosa vocación expansiva, es por lejos el país más militarizado del planeta. Cuya extensión de la servidumbre militar forzosa y compulsiva no tiene igual siquiera en la temida Corea del Norte.

Con el fin de mantener reprimido al conjunto de individuos que el propio Israel resignó a guetos cada vez más reducidos, de los cuales se les permite salir bajo estricto control únicamente al grupo que trabaja en condiciones de explotación para la industria israelí.

No en vano se mantuvo firme hasta el último momento su sociedad oficial con la Sudáfrica del Apartheid, la consanguineidad de espíritu entre ambos regímenes es indiscutible, salvando dos diferencias: Los boérs no llegaron a cortarle masivamente el suministro de agua o medicamentos a la población negra, ni tampoco se consolidaron como el país más beligerante y agresivo con sus vecinos.

Por este cúmulo de razones un liberal debe como mínimo denunciar con virulencia acorde al caso semejantes aberraciones, y ponerse al servicio no necesariamente de la del Estado Palestino, pero sí en definitiva de los palestinos, que son víctimas de un auténtico genocidio. Un liberal consecuente jamás será cómplice de la violencia israelí, y la única posición lógica que puede adoptar es la de colaborar en la Intifada de los individuos contra la tiranía que los depreda.

Y más allá de nuestras trincheras, nadie que se precie humanista puede dar la espalda al peor crimen colectivo del siglo XXI: Gaza es el campo de concentración más grande de la historia universal, tendiente a convertirse en campo de exterminio.

 

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, en su última visita a Gaza

PL: Durante la conferencia denunciaste que los medios de comunicación cumplen la función de normalizar lo aberrante y desvirtuar el sentido común ¿Cómo aplica esta imputación que hiciste al tema que nos ocupa?

NM: La prensa miente, omite información, la manipula y realiza purgas y favores políticos desde sus orígenes, con los periódicos que editaban las fracciones enfrentadas durante la Revolución Francesa.

En la actualidad se observa un modelo de dualidad que perfeccionó esas viajas artimañas, y ha reducido al periodismo a una falsificación permanente de la realidad:

Se ha suprimido casi por completo la competencia informativa, al mismo tiempo que se fomenta la idea contraria, la de pluralidad de voces.

En líneas generales, este fenómeno se explica a través de la concentración de poder que ha recaído en las manos de agencias como Reuters y grandes cadenas que producen el contenido que miles de medios de todo el mundo replicarán sin mediar edición siquiera.

A su vez, la aportación de políticos y lobbys empresariales ligados a la política dominante es hoy la principal fuente de ingreso de diarios y revistas urbe et orbi, que se encuentran en situación deficitaria.

La manifestación de este fenómeno de uniformidad del pensamiento es tangible, cada vez que observamos como los medios presuntamente en las antípodas concuerdan en determinados asuntos:

ABC y El País, The New Yorker y The Wall Street Journal, Le Monde y Le Monde Diplomatique no tienen fisuras en azuzar los fantasmas del terrorismo islámico de lobos solitarios con escasos matices, o la supuesta epidemia mundial de violencia de género o publicitar el brillante futuro que nos augura la industria tecnológica, tres banderas del moderno statu quo occidental.

Con Palestina no ocurre exactamente lo mismo, ya que en la prensa autoproclamada progresista podrán leerse mínimas críticas a los “excesos” israelíes (en relación al mínimo decoro de las plumas que las escriben).
Y es entonces como esta temática aporta a la farsa de la pluralidad de voces.

No obstante alcanza con dar vuelta la página o bajar el cursor para encontrar en relación diez a uno titulares sobre los azotes islamistas, cuando no elogiando la paridad de género en Tel Aviv o las maravillosas aplicaciones móviles que se desarrollaron en dicha ciudad.

Jamás de los jamáses ninguno de los pasquines “de prestigio” ahondará sobre los multitudinarios interrogantes que hay detrás de cada atentado, ni el soporte occidental a sus perpetradores. Mucho menos se dará un lugar central al desastre humanitario en Gaza, ni se legitimará la resistencia armada de los invadidos contra el invasor.

Así se garantiza conformar al público disidente cuyo sentido común le dicta que Israel dista de la perfección, y a la vez moderarlo, suavizar sus perspectivas, distraerlo,  en suma desactivar su disidencia.

PL: Por último. El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha mantenido siempre una postura crítica al Estado de Israel desde una óptica liberal. ¿Le reconoces esa consistencia?

NM: Me consta que es la única consistencia liberal de Don Mario, que como analista político es un brillante novelista. No deja de sorprenderme que en este tema mantenga a lo largo de los años una postura decente. Enhorabuena para él.

 

Entrevista realizada en Argentina por Nair Alabi para palestinaLibre.org