2017 · 11 · 29 • Fuente: Luis E. Sabini Fernandez, Rebelión

Noviembre 2017, a cien años de la Declaración Balfour

Pocos acontecimientos centenarios están dejando semejante impronta, dolorosa, trágica, cargada de racismo, en nuestro presente como las 300 palabras que el canciller británico, hiperconservador, supremacista blanco, lord Arthur James Balfour le envió a lord Lionel Walther Rothschild, banquero de la Corona Británica y ardiente sionista.

Estamos a un siglo de la Declaración Balfour.
Pocos acontecimientos centenarios están dejando semejante impronta, dolorosa, trágica, cargada de racismo, en nuestro presente como las 300 palabras que el canciller británico, hiperconservador, supremacista blanco, lord Arthur James Balfour le envió a lord Lionel Walther Rothschild, banquero de la Corona Británica y ardiente sionista.

Para alejar a los judíos de sí, y a la vez afianzar alianzas, Balfour expidió una auspiciosa protección a un hogar judío en Palestina, que a la sazón ni siquiera era un territorio de la Corona (pero que estaban esperando les cayera como fruta madura con el desmembramiento de “El hombre enfermo”, como se le llamaba a Turquía entonces a punto de perder la 1ª Guerra Mundial).

Balfour favorecía así a los sionistas que eran entonces una minoría dentro de la minoría judía palestina y ni siquiera se tomaba el trabajo de reconocer otra población que habitaba Palestina; era apenas mencionada como población no-judía, siendo por lo menos el 90% de la población.

La declaración fue acogida por el gabinete británico con la sola oposición del único judío del gabinete, Henry Morgenthau, que sabiamente entrevió el caldo de racismo que dicha declaración abonaba. Y cuando eso se traduzca en violencia –lo cual es inevitable dada la política colonial, que es usurpación y saqueo− el doble rasero será flagrante: los muertos judíos, por ejemplo, serán reconocidos, identificados, biografiados; los muertos palestinos –generalmente muchos más− serán apenas un número.

Balfour habilitará el entronizamiento del sionismo, en primer lugar dentro de la propia población judía en Palestina, piadosa.

Llamada Antiguo Yishuv estaba integrada a la sociedad palestina tradicional; sin embargo los judíos sionistas les plantearán que con el ingreso sionista en Palestina, se termina el diálogo con la población árabe.

Eso va a ser resistido por judíos que vivían allí de tiempo atrás. Y que mantenían con sus relaciones sociales un reconocimiento tácito y recíproco con la población fundamentalmente musulmana, así como con una minoría cristiana.

La tensión entre el Antiguo Yishuv y el llamado Nuevo o Moderno Yishuv generó el primer asesinato político en ese desgraciado país. El aparato militar sionista, la Haganah, que constituyó, pasadas las décadas, el núcleo del ejército israelí, condenó a muerte a Jacob de Haan, un extraordinario poeta judío que se negó a seguir las instrucciones de boicot a la población no judía, mantuvo su conducta fraterna con musulmanes o cristianos y fue asesinado a bala. En 1924. No había nazismo entonces, casi en ninguna parte (apenas en Alemania, devastada por la guerra, un partido minúsculo que con los años iba a crecer).

El asesinato a sangre fría de de Haan fue el inicio de una cadena interminable de violencia y terror que el sionismo irá desarrollando cuando no pueda avanzar “por las buenas”.

Y siempre lo hará con protección imperial.

A cien años de semejante acontecimiento es bueno tenerlo presente y conocer los resultados de la Declaración del Sr. Balfour y del emprendimiento sionista.

Un reconocimiento a la población palestina que ha tenido que soportar esa “idea genial” y a los judíos que han sabido negarse a gozar de los “frutos”, cuantiosos y jugosos, conseguidos por el sionismo. Como uno de ellos, −no por cierto el único−, mi reconocimiento a Marek Edelman, sobreviviente del Gueto de Varsovia y de otras peripecias, que se negó a ser recibido como héroe en el flamante Israel de posguerra.

Blog del autor: http://revistafuturos.noblogs.org 

Fuente: Luis E. Sabini Fernandez, Rebelión