2017 · 11 · 09 • Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España

El emisario público y confidente privado de Netanyahu en el calabozo por corrupción

La policía interroga bajo custodia al abogado Isaac Molcho, mano derecha del primer ministro de Israel

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el pasado día 3 en Londres. EDDIE KEOGH REUTERS

Se conocen desde la adolescencia. Forman parte de la aristocracia surgida tras la fundación del Estado judío en la época en las que ambos nacieron, siete décadas atrás. El primero recibió el legado del liderazgo político del revisionismo sionista conservador. El segundo heredó parcelas en el distrito de Rehavia —el más señorial de Jerusalén y en el que los dos crecieron juntos, y acciones del Banco de Descuento de Israel—, el tercero del país. En 1996, cuando Benjamín Netanyahu se instaló por primera vez durante tres años en la oficina del primer ministro, se llevó como asesor personal al abogado Isaac Molcho, a quien puso al frente de delicadas negociaciones con el líder palestino, Yasir Arafat, y misiones secretas en Egipto, Jordania o Estados Unidos.

Emisario público, también confidente privado, ante todo factótum del jefe de Gobierno tras sus tres reelecciones consecutivas desde 2009, el letrado anunció recientemente que se disponía a retirarse como consejero de Netanyahu cumplidos ya los 72 años. Pero al alba del pasado domingo llamaron a la puerta de su casa, y no era el lechero. Agentes de la temida brigada Lahav 443, la unidad anticorrupción de la policía israelí, le detuvieron para interrogarle sobre el llamado Caso 3.000, la multimillonaria compra de tres submarinos alemanes para la Armada sobre la que pesan graves sospechas de amaño en la adjudicación y de tráfico de comisiones ilegales.

La policía investiga si Molcho, que ha pasado largas horas hasta el martes en la sala de interrogatorios, violó la regulación sobre incompatibilidades a la que se sometió para poder seguir ejerciendo la abogacía mientras actuaba como asesor del primer ministro. Los agentes indagan también si estaba al corriente de que David Shimron, su cuñado y socio de bufete, tenía como cliente al representante de los astilleros Thyssen Krupp en Israel, Mickey Ganor.

Este conocido intermediario fue detenido el pasado verano bajo la acusación de corrupción, pero mostró arrepentimiento al ser informado de la elevada condena que le aguardaba. Optó por convertirse en testigo de cargo de la fiscalía a cambio de la promesa de una sentencia más favorable. Ganor ha declarado ante la policía que Shimron —primo y letrado personal de Netanyahu—, medió activamente para que se adjudicara el contrato de los sumergibles a la naviera alemana por más de mil millones de dólares, y recibió por ello una sustanciosa comisión.

Para el primer ministro israelí, Molcho ha sido su principal hombre de confianza, al que encomendada las misiones más delicadas por las que no ha cobrado del erario público más que un simbólico shequel (0,27 euros) al mes.  “No será posible revelar todos sus logros y servicios al Estado hasta que hayan transcurrido varias décadas”, aseguró Netanyahu en un mensaje de despedida a su viejo amigo, lejano pariente y fiel asesor tanto en los vericuetos de la diplomacia secreta como en asuntos personales. Como le definía el analista Yossi Verter en el diario Haaretz, se trata de “un abogado particular que no tiene que rendir cuentas ante los diputados de la Knesset y navega confortablemente entre lo público y lo privado”.

“Todas las acciones que ha emprendido han sido en interés del Estado”, se apresuró a declarar a la prensa el abogado defensor de Molcho. El asesor especial y cuñado del primo de Netanyahu, era hasta ahora un personaje refractario a los medios de comunicación. Poco se conoce de los casos privados mercantiles que lleva en su prominente bufete este discreto jurista jerosolimitano. De su vida pública apenas ha trascendido que desempeña el puesto de cónsul honorario de Austria y el de presidente del patronato que gestiona el Museo de Israel. Del contenido de sus misiones y negociaciones secretas en nombre del primer ministro solo ha emergido la punta del iceberg.

El columnista del diario Maariv Ben Caspit, una de las plumas más lúcidas de la prensa israelí, plantea en estos términos el dilema suscitado por la detención e interrogatorio policial bajo sospecha de corrupción del asesor de Netanyahu: “Independientemente del resultado de esta investigación, deberíamos esperar al menos que la anarquía haya quedado atrás. Recemos para que el fiscal general reúna el valor para informar al primer ministro de que los asuntos más secretos del Estado deben ser supervisados por funcionarios (…) que no cobren honorarios o una comisión por sus servicios”.

Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España