2017 · 11 · 08 • Fuente: APDHA, La Voz del Sur

Día 4: Nablus, personas refugiadas y el derecho irrenunciable al retorno

Nablus con 135.000 habitantes, es una de las ciudades más pobladas de Cisjordania. La ciudad está rodeada de asentamientos ilegales israelíes.

Uno de los muros reivindicativos: "Resistir para existir".

Nablus con 135.000 habitantes, es una de las ciudades más pobladas de Cisjordania. La ciudad está rodeada de asentamientos israelíes, considerados ilegales por las Naciones Unidas y siendo además uno de los principales obstáculos para lograr la paz en la región. La ciudad tiene una larga tradición de activismo político y fue uno de los principales epicentros de la segunda intifada. Esta implicación se saldó con la tremenda cifra de 522 personas palestinas asesinadas y 3104 heridas, la mayoría de ellas civiles, desde el año 2000 al 2005.

Una de las características de Nablus es la convivencia existente entre distintas confesiones religiosas. La comunidad samaritana, musulmana y cristiana, llevan desarrollando desde hace siglos un sentido de comunidad y colectividad enriquecedor y solidario.
En Nablus además existen tres campos de personas refugiadas creados por la UNRWA; Askar, Balata y Beit Ilma: (o Campo Numero 1), el campo de Balata es el mayor de toda Cisjordania, albergando a más de 27.000 personas palestinas (según datos de la UNRWA, casi 30.000 teniendo en consideración las miles de personas que no están registradas). Si vivir en un campo de personas refugiadas puede considerarse una solución temporal hasta el acceso al retorno, se puede comprobar como en la realidad ésta se hace indefinida y permanente. El campo de Balata se instauró en 1950 (para atender a alrededor de 5.000 personas desplazadas después de la Nakba) y desde entonces su densidad no ha hecho más que aumentar, a la par que las condiciones de vida no dejan de empeorar.

Los cooperantes gaditanos en Nablus. APDHA

Más de cinco millones de personas palestinas se encuentran desplazadas en calidad de refugiadas sin acceso al derecho al retorno, casi dos millones dentro el propio territorio palestino donde permanecen hacinadas, el resto, en otros países, la mayoría en la zona adyacente a Palestina, en un limbo legal que no parece tener solución. El estado israelí se niega a que puedan regresar a sus lugares de origen, en contraposición con las resoluciones de la ONU que prevén el regreso de las personas refugiadas a los territorios usurpados ilegalmente, con el derecho al retorno como un elemento inalienable. La UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para las personas refugiadas de Palestina en Oriente Medio) nace en 1949 para abordar la situación de las personas refugiadas palestinas y más de 65 años después, continúa atendiendo a lo que representa la tercera parte del total de las personas refugiadas que existen en el mundo, las personas palestinas.

Pero la vulneración de derechos humanos de las que se han venido a llamar “personas refugiadas” es una suerte de cinismo, ya que la norma es carecer de las condiciones necesarias para su protección y desarrollo vital. Ésta es la tónica general también lejos de Palestina. Con especial virulencia se está consolidando una aceptación generalizada en la sociedad europea y española de los incumplimientos de los acuerdos internacionales y compromisos de cuota, parecen ser una inspiración de la estrategia del estado israelí que hace oídos sordos a las reclamaciones de Naciones Unidas.

Una de las organizaciones humanitarias en la zona. APDHA

Lejos de encontrar la vía para restablecer los derechos de las personas refugiadas palestinas, se extienden el abandono y las dificultades para obtener el reconocimiento del derecho de asilo, condenándolas a vivir en el limbo de los campamentos indefinidamente, o buscar vías de acceso a lugares donde puedan vivir en condiciones de seguridad, aunque bien sabemos quienes dirigimos habitualmente la mirada a las fronteras, que esas vías demasiado a menudo acaban en muerte.

Sin embargo, en Nablus encontramos organizaciones que deciden reaccionar al abandono de las personas afectadas por la violencia ejercida por Israel y desarrollar estrategias que sirvan para reparar y construir en positivo. La influencia del espacio sostenido de convivencia entre religiones sirve de motor para el desarrollo de iniciativas pedagógicas, con las que trabajar el conflicto y el trauma que los niños y niñas de Nablus han sufrido y sufren debido a la ocupación israelí. Generar espacios seguros donde a través de la expresión artística y la atención psicológica los más pequeños puedan expresarse. Esta es la clave para organizaciones que trabajan específicamente en las estrategias imprescindibles para abordar la vida, y lograr que la ocupación no bloquee además la oportunidad de supervivencia y desarrollo personal.

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Fuente: APDHA, La Voz del Sur