2017 · 11 · 06 • Fuente: Tayeb El Mestari, Tlaxcala (Traducido por Ana Abarquero)

Cien años de la Declaración Balfour: la tendencia al declive del imperialismo occidental

La primera ministra británica, Theresa May, ha invitado a su homólogo israelí, Benjamín Netanyahu, a celebrar el centenario de la Declaración Balfour el 2 de noviembre de 2017, rechazando presentar disculpas, tal y como le habían pedido los líderes palestinos, por esta Declaración que supuso la primera piedra sobre la que se cimentó el estado de Israel.

En realidad, unas semanas antes de que finalizase la Primera Guerra Mundial, Arthur Balfour, ministro de asuntos exteriores de Gran Bretaña, declaró de forma oficial su apoyo a la creación de un estado judío en Palestina . “El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país”.

La ocupación de Palestina fue la apuesta principal del proyecto de fragmentación de Oriente Medio orquestado por Gran Bretaña y Francia. La Declaración fue presentada al pueblo judío dentro del marco del proyecto de “reparto” de Oriente Medio que llevaron a cabo ambos países durante los acuerdos secretos de  Sykes-Picot (1916). Este proyecto sería el que más tarde adoptaría su forma definitiva en la Conferencia de San Remo (1920) y que gozaría del apoyo de la Liga de la Naciones en 1922. La Primera Guerra Mundial fue “una guerra de saqueo y pillaje” entre las grandes potencias de entonces. En Oriente Medio, Francia consiguió establecer su Mandato en Siria y Líbano por un lado, y Gran Bretaña hizo lo mismo en Irak y Palestina. La declaración prometida a los judíos fue implementada, mientras que la declaración para los árabes, a saber, un estado árabe a cambio de posicionarse contra el Imperio Otomano, no se materializó.

En su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo Lenin escribió que la Primera Guerra Mundial representó el punto más álgido en la lucha de los países capitalistas por la conquista de territorios. Ningún país estaba libre del control, y lo único que era susceptible de cambio, según Lenin, era el “amo” que “posee” esos países. La historia ha demostrado que Lenin tenía razón en este punto, convirtiéndose los USA tras la Segunda Guerra Mundial en el “amo” del mundo. Pero ¿el desprecio de Theresa May a los palestinos es acaso un reflejo del control absoluto de occidente sobre esta región desde hace cien años? Muchos observadores están de acuerdo en que el imperialismo ha sido testigo de una profunda transformación. El imperialismo pasa por una fase de debilidad por numerosos factores, en especial por el auge de potencias como Irán y Turquía, así como la resistencia popular tal y como ha sucedido en Palestina.

En su análisis de las causas de la debilidad del movimiento sionista, considerado una extensión del imperialismo en la región, el pensador Munir Shafiq cree que “los líderes israelíes actuales carecen de una visión, han perdido toda credibilidad y son débiles, nada tienen que ver con aquellos que estuvieron en la creación del estado de Israel… Así mismo, el ejército israelí ha dejado de luchar, tuvo que hacer frente a la derrota en cuatro guerras libradas por él, transformándose de forma paulatina en un fuerza policial”. Para esclarecer esta evolución en el seno de las comunidades de colonos, Munir Shafiq planteó un ejemplo esclarecedor: “Un joven palestino del 48 mató a dos israelíes en un atentado en Tel Aviv. Consiguió escapar y esconderse durante una semana. Durante toda esa semana, la vida en Tel Aviv se paralizó. Los israelíes no se atrevían a salir de sus casas hasta que las fuerzas de ocupación lo encontraron y lo mataron en su pueblo”. Más allá de esta clara evolución, la decadencia del imperialismo se puede explicar a través de los mecanismos internos del capitalismo.

En el libro antes mencionado, Lenin decía que la estrategia de conquistar territorios desde finales del siglo XIX se había basado en la idea de un rico banquero inglés que decía “el imperio, como siempre he dicho, es una cuestión relacionada con el estómago, si queréis evitar una guerra civil tendréis que transformaros en imperialistas”. Es decir, los imperialistas supieron crear con inteligencia un consenso entre clases a través del reparto,entre las clases más desfavorecidas, de pequeñas partes de los expolios de las colonias. La idea del banquero inglés está amputada de la otra cara de la dialéctica imperialista: para consolidar el imperio hay que superar las contradicciones internas a través de la fabricación de cierta solidaridad contra natura de clase. No obstante, este consenso se enfrenta hoy a la división a causa de la vuelta de la cuestión social a Europa y a Estados Unidos. Las elecciones presidenciales y legislativas celebradas este año en Francia han mostrado las tensiones sociales y políticasexistentes, expresadas en un alto índice de abstención y en la votación de una clase “antisistema”. Inglaterra quiere abandonar la Unión Europea como resultado de la votación de la clase popular y de parte de la burguesía, y en Estados Unidos el empobrecimiento del “pequeño blanco” y las contradicciones internas de la clase dominante han sido el factor decisivo para la llegada de Donald Trump al poder. Las tensiones en lo más alto del estado muestranlas dificultades a las que se enfrentan las clases dirigentes a la hora de encontrar consensos y seguir una estrategia clara.

El capital se beneficia por doquier de las condiciones precarias de los trabajadores a sueldo, ejerciendo presión con el objetivo de bajar los salarios. La “política del estómago” y el consenso histórico entre las clases ha llegado a su límite desde 1970. Esta situación interna en los países capitalistas tiene consecuencias políticas que podrían conducir, con el paso del tiempo, a una crisis de legitimidad de esos estados. La crisis económica de 2008 nos recuerda que los cimientos sobre los que se asienta el modelo occidental son frágiles. La decadencia total puede parecer hoy en día una hipótesis real.

El ciudadano occidental acomodado, que carece de impulsos subversivos, denunciado por el filósofo Herbert Marcuse en 1960, ha dejado de ser una realidad palpable. Hay una nueva fuerza de fractura que pone en entredicho la tranquilidad burguesa de las democracias occidentales. En realidad, los países capitalistas dominantes se enfrentan hoy en día a un doble reto: la decadencia política interna y la inevitable conquista de nuevos mercados cada día, lo que provoca una intensa guerra económica entre ellos. La entrada del capitalismo en esta nueva etapa explica la brutal injerencia occidental por doquier, a pesar de todos los riesgos que ello supone.

Por eso, el intelectual comprometido Noam Chomsky hizo un análisis de la brutalidad imperialista, es decir, el uso excesivo de la fuerza como una estrategia inútil e irracional. Y el mejor ejemplo de ello fue el ataque israelí contra la Flotilla de la Libertad turca que se dirigía a Gaza en 2012. Según Chomsky, “los países no tienen por qué comportarse de forma racional pero Israel ha dejado claro su falta de racionalidad, sus delirios y su fanatismo nacionalista. Tomen el ejemplo de la Flotilla de la Libertad, fue una reacción absolutamente descabellada, podría haber detenido los barcos si hubiera querido. El ataque a una embarcación turca y el asesinato de turcos fue uno de los actos más irresponsables que podía haber hecho desde el punto de vista estratégico, porque Turquía es la principal aliada de Israel en la región desde 1958. Atacar a tu principal aliado en la región sin motivo alguno es la máxima expresión de la locura”.

¿Significa esto que el imperialismo yace en su lecho de muerte? Es muy pronto para decirlo, pero la resistencia popular y el camino de la independencia que persiguen los países de Oriente Medio aligera el peso de las contradicciones internas del imperialismo, del que su debilidad estructural no se considera el fin de la Historia, sino el fin de su historia, la historia de un occidente arrogante. La vanidad de Theresa May es una mera ilusión óptica.

Gracias a: Tlaxcala

Fuente: مئة عام على وعد بلفور: النزعة الانحدارية للإمبريالية الغربية

Fecha de publicación del artículo original: 15/09/2017

Fuente: Tayeb El Mestari, Tlaxcala (Traducido por Ana Abarquero)