2017 · 11 · 03 • Fuente: APDHA, La Voz del Sur

Primera parada de Autobús contra los muros, Hebrón: la historia de Nisreem

Hebrón es una de las ciudades más antiguas de Oriente Medio, siendo además la más grande de Cisjordania.

Una palestina anda por una calle de Hebrón con su pequeño.

Hebrón es una de las ciudades más antiguas de Oriente Medio, siendo además la más grande de Cisjordania. En ella residen algo más de 215.000 personas palestinas, alrededor de 600 colonos israelíes y 200 soldados que controlan el territorio. Tras la guerra de los seis días en 1967, Israel ocupó Hebrón junto al resto de Cisjordania, permaneciendo aún a día de hoy bajo el régimen de ocupación militar israelí. El establecimiento de asentamientos de colonos en el territorio palestino es una de las principales estrategias desarrolladas por Israel, vulnerando el derecho internacional y numerosas resoluciones de la ONU, provocando además un intenso impacto en las condiciones de vida de las personas palestinas que viven bajo el régimen de la ocupación.

Esta ciudad es una de las que más presión soporta en la relación con los colonos israelíes, dado que existen 5 asentamientos ilegales que rompen la ciudad en su zona central. Para entender el efecto de la ocupación, hay que destacar vulneraciones específicas como las restricciones a la libre circulación de las personas palestinas, cierre de comercios, prohibición de construir o toque de queda. Pero también está el acoso que ejercen los propios colonos israelíes para tratar que las personas palestinas dejen sus casas y abandonen la ciudad. Organizaciones de defensa de DDHH han alertado de graves violaciones de derechos ejercidas a través de agresiones físicas y daños a la propiedad de las personas palestinas, por parte de los colonos con total impunidad.

Nos preguntamos cómo se sostiene una actuación tan cruel y degradante, ejercida por los colonos israelíes hacia la población palestina. El discurso del odio parece ser el dominante, aceptado y legitimado por el ejército israelí que protege a los colonos en sus actuaciones. Y no podemos evitar un pensamiento inquietante que nos lleva también a nuestro contexto de origen, el europeo. En Hebrón se produce la máxima expresión del rechazo, en la vieja Europa se refuerza también la discriminación hacia personas migrantes, refugiadas o de otra raza, si no logramos detener esta situación parece que estamos abocadas a ver como se extiende y nos tragará a todas.

En palabras de Ahmed del AIC (Alternative Information Center), la separación existente en la ciudad de Hebrón genera dos tipos de vidas: dos tipos de personas. Relata cómo se ejerce la deportación silenciosa, ésta se materializa a través de la prohibición de reparar o rehabilitar viviendas, dificultar el acceso a la asistencia médica, el acceso a los recursos básicos la escolarización y la violencia directa. EL desarrollo de la vida cotidiana se hace imposible para las personas palestinas.

La cuestión religiosa aparece en su valoración, clarificando que es la última de las motivaciones de la violencia de la colonización, para explicarlo nos habla de la relación con los judíos palestinos. Una comunidad judía se estableció en Palestina hace 400 años y desarrollaron una convivencia natural y pacífica. Durante la guerra civil en los años veinte – treinta, esta comunidad abandonó Hebrón hacia otras zonas. En 1967, una vez establecido el control integral por parte de Israel en el territorio, se les instó a regresar a sus casas en Hebrón, a lo que rehusaron hasta que las personas palestinas pudieran retornar también a sus territorios legítimos.

La comunidad cristiana es reducida, pero no es una cuestión de fricción con las personas musulmanas, la ocupación también les afecta y eso promueve que la mayoría decida abandonar el territorio.

Pero con los colonos es otra cosa, no son palestinos judíos, y sus motivaciones para establecerse en el territorio son dos claramente diferenciadas; ventajas económicas que ofrece Israel (lo hacen por dinero), les sale muy barato vivir aquí, y por motivos ideológicos; consideran que esta es la tierra prometida y de ahí sus derechos para reclamarla.

La mentalidad de la colonización desarrolla estrategias dirigidas a promover un estatus subdesarrollado en la comunidad palestina, es por ello que ejercen un férreo acoso a las escuelas y universidades, dificultando su asistencia, intimidando a escolares y estudiantes con el objetivo de mermar su desarrollo educativo y mantener estancada a la comunidad palestina como hace 40 años. O incluso peor, ya que Ahmed nos cuenta que en los años 70 – 80 existía mayor modernidad que en la actualidad.

Nisreem nos cuenta su historia en primera persona. Su marido, Hashem Azzeh murió asesinado durante la tercera Intifada por el ejército israelí y toda su vida fue un activista muy relevante en la ciudad. En su casa siempre se han recibido a colectivos y activistas de Derechos Humanos que han mostrado a través de las imágenes, la vida en las personas palestinas en contacto con los asentamientos ilegales de los colonos.

La importancia de mostrar estas imágenes reside en aportar una respuesta a la pregunta de por qué las reacciones violentas de las personas palestinas durante la Intifada. En la razón está la agresividad de la ocupación. En las puertas de las casas de las personas que viven junto a las zonas ocupadas se puede leer mensajes de colonos como “Matadlos, tienen que alejarse de aquí”. Los check points son pasos obligados para acceder a la escuela o al hospital. En su caso particular, le negaron el paso estando a punto de dar a luz y le dijeron que se fuera a su casa y se muriese. Ella aprovechó un cambio de guardia para colarse y pasar al otro lado. Los niños y niñas también sufren un acoso de alta intensidad en su camino a la escuela, son parados por seis o siete militares armados hasta los dientes que los intimidan con el objetivo de que teman por su vida y dejen de estudiar. Su propia hija, al morir el padre lloraba agarrada a su falda diciendo que no que quería ir al colegio, que no quería morir.

Sin embargo, Nisreem, poderosa a pesar de dolor, dice que ha salido adelante. Los colonos le decían que al morir su marido se quedaría sola y abandonada, pero ha continuado recibiendo a los activistas, enseñando cómo es vivir en su casa, rodeada de colonos. Dice con satisfacción, que incluso mantiene contacto con organizaciones que nunca llegaron a conocer a su marido. La vida y la resistencia continúan.

Ver: 

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Crónicas desde Palestina: 'Un autobús contra los muros'

 

Fuente: APDHA, La Voz del Sur