2017 · 10 · 19 • Fuente: Agencia EFE

Foxtrot: el destino y una denuncia de la sociedad israelí

El director israelí Samuel Maoz considera que su país "prefiere enterrar la verdad", tal y como muestra en una de las escenas más controvertidas de su premiada película "Foxtrot", en la que dos soldados esconden la muerte de unos palestinos.

En Israel "preferimos enterrar la verdad a confrontarla, a hacernos preguntas penetrantes y tratar de comprenderla", señaló sobre la citada escena de la película, que logró el Gran Premio del Jurado en Venecia, ocho premios Ofir en Israel (equivalente al Goya) y es candidata a los Óscar.

Maox, tras una proyección en Jerusalén esta semana, explicó que la escena es una imagen "surrealista" que se encargó personalmente de escribir "como una alegoría, no como una representación de la realidad".

"No estoy interesado en una película realista sobre un puesto de control (militar). El puesto de control es aquí un microcosmos de nuestra sociedad", una sociedad, la israelí, que describe como: "Apática y ansiosa, con una percepción retorcida que procede de nuestro terrible trauma pasado".

La historia, que deja en mal lugar al Ejército, le ha valido a Maoz el boicot a su película por parte del Gobierno, en concreto de la ministra de Cultura, Miri Regev, que la tachó de "autoflagelación y cooperación con la narrativa anti-israelí", que "contribuye a la incitación de los jóvenes contra el Ejército más moral del mundo".

Él defiende que "la sociedad debe tratar de mejorarse a sí misma y la condición básica y necesaria para mejorar es la habilidad de aceptar la autocrítica" y lamenta que en Israel "la autocrítica se tome como una traición".

"Si critico el lugar donde vivo, lo hago porque estoy preocupado y porque quiero mejorarlo, lo hago por amor", aseguró.

Maoz reflexionó, tras un lleno total en la proyección, sobre el efecto del Holocausto en los descendientes de los supervivientes, que no lo vivieron pero siempre lo tuvieron presente.

"Mi generación, la segunda generación de los supervivientes del Holocausto, no podía quejarse a sus padres, a sus profesores, que aún llevaban en los brazos los números (tatuados por los nazis en los campos de concentración)", explica.

"Recuerdo que, una vez en la escuela, saqué un siete en matemáticas, y cuando llegué a casa mi madre me dijo: '¿Para esto he sobrevivido al Holocausto?, ¿para que saques un siete en matemáticas?", dice con una sonrisa.

Las situaciones traumáticas que ha enfrentado esa generación no podían nunca ser consideradas como tales y, por tanto, no eran tratadas como deberían haberlo sido.

"Cuando un israelí vuelve de la guerra con dos piernas, dos brazos y diez dedos, siente que quejarse de lo que ha vivido o de lo que guarda dentro es inaceptable. No podíamos quejarnos y lo teníamos que reprimir", lo que hizo que se convirtieran en "una generación adicional de víctimas del drama de nuestros padres".

Maoz también denuncia que en su país, pese a ser "una súper potencia tecnológica, con un Ejército fuerte" y armas nucleares siempre se repita el "eslogan del peligro existencial". Para él, "es básicamente como decir: soy joven, soy fuerte y estoy sano, porque estoy enfermo".

Se defiende de los que le consideran un traidor argumentando la necesidad de un cine crítico que mire profundamente a la sociedad y aseguró que "Foxtrot" está siendo muy bien recibida en el extranjero y por muchos israelíes que entienden que "muestra a los soldados como seres humanos".

"No hay un solo artículo sobre 'Foxtrot' que diga que esta película es una vergüenza para el estado de Israel o el Ejército", afirma este director, que sirvió como artillero de tanque durante dos décadas: los años del servicio militar y los posteriores periodos de servicio en la reserva, obligatorios para todo israelí.

En 2009, su cinta "Líbano", ambientada en una contienda bélica en la que participó como militar en 1982, ganó el León de Oro en Venecia.

Maoz defiende una técnica propia para trabajar, que incluye "no apagar la cámara entre dos escenas" y continuar grabando el tiempo que sea necesario hasta que consigue un corte que considere perfecto y "estresar a los actores", hasta que olvidan que la cámara está ahí y le dan el resultado que busca.

Fuente: Agencia EFE