2017 · 09 · 15 • Fuente: Palestinalibre.org

Sabra y Chatila: 35 años de una de las mayores masacres de civiles palestinos

En septiembre de 1982, en medio de la guerra civil del Líbano, la milicia falangista libanesa asesinó a miles de refugiados palestinos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila en Beirut. Toda esta tragedia bajo la supervisión del Ministro de Defensa israelí y comandante de la operación, Ariel Sharon.

Se cumplen 35 años desde que, un 16 de septiembre, las milicias falangista libanesa entraron en Sabra y Chatila para cobrarse venganza por una matanza ocurrida en Damour. La masacre se prolongó dos días. Aquél era un Líbano envuelto en furia y llamas, en una espiral del todos contra todos que fue la guerra civil que partió el país en mil pedazos entre 1975 y 1991.

Sabra y Chatila eran dos campos de las Naciones Unidas para albergue de los refugiados palestinos, en los arrabales de la ciudad de Beirut, capital de la República del Líbano.

Estos dos campamentos -como resultado de la invasión israelí a el Líbano y de la posterior evacuación de las tropas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) convenida entre las partes, con la intervención de los Estados Unidos- quedaron bajo control y jurisdicción del Ejército de Israel, el cual, moral y jurídicamente, era responsable y garante de la vida de los moradores de esos dos campamentos, de acuerdo con las Convenciones Internacionales respectivas.

Ese día, las tropas israelíes, que en ese momento ocupaban Beirut y eran comandadas por Ariel Sharon como ministro de Defensa, permitieron la entrada a los campamentos de las milicias libanesas para que perpetraran una masacre contra una población compuesta principalmente de adolescentes, niños y mujeres. Esta masacre mereció la calificación de acto de genocidio por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas a través de su resolución 37/123.

Dos días antes, el líder maronita Bashir Gemayel -elegido presidente del país hacía tan sólo un mes- había sido asesinado junto a otras 40 personas. Dos divisiones del Ejército israelí, bajo el mando de Ariel Sharon, ocuparon Beirut para preservar su estrategia en la guerra. En junio de 1982, Israel había invadido el país.

Los israelíes incitaron a sus aliados en el Líbano, los falangistas derechistas, a tomar represalias contra los palestinos. Entre el 16 y el 18 de septiembre las milicias de la Falange -formación maronita de extrema derecha- entraron en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, donde torturaron, violaron y mataron entre 800 y 3.500 civiles palestinos y libaneses, según las diversas fuentes.

Contaron con la conspiración del Ejército israelí, que controlaba entonces los campos. Ante las presiones internacionales, Israel creó una comisión de investigación sobre lo ocurrido, la Comisión Kahan, en cuyo informe se apuntó a Sharon (quien luego se convertiría en primer ministro israelí) como responsable “indirecto” en su calidad de ministro de Defensa. Sharon tuvo que dimitir, pero nunca fue procesado.

Relato de un testigo del genocidio de Sabra y Chatila (Líbano). Ahmed Ali Al Jatib.

Sabra y Chatila no han cambiado mucho desde aquellos días. Siguen siendo un marasmo de calles sin nombre, sucias, regadas por el agua insalubre. Las improvisadas viviendas forman angostos pasillos por donde apenas cabe una persona. La basura se acumula en las calles y los niños corretean descalzos y despeinados. Casi todos los campos de refugiados palestinos se parecen.

Allí viven miles de personas. En Chatila, más de 7.000 se hacinan en dos kilómetros cuadrados. Ya no viven sólo palestinos, sino también libaneses muy pobres, casi todos chiíes. Recuerdo, en 2006, haber visto cómo el mercadillo se extendía hasta el cementerio que alberga los cuerpos de las víctimas de las matanzas de 1982 (hubo más masacres allí, en 1985, cuando las milicias chiíes de Amal mataron a 400 personas). La falta de espacio hace que la prohibición islámica de enterrar a hombres y mujeres juntos, allí no se cumpla, me contaban.

Vivos y muertos se mezclan en este espacio abigarrado y nauseabundo. Como si los rostros fueran los mismos y nada hubiera cambiado desde aquellos días de horror. Hoy, sin duda, los habitantes de Sabra y Shatila tendrán un motivo más para estar cerca de sus muertos: la memoria de una de las peores matanzas de civiles de la historia de la humanidad.

35 años después aún quedan muchas cosas por aclarar sobre las circunstancias de aquella masacre que la Asamblea General de la ONU calificó de “genocidio” sin ningún voto en contra.

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-  Especial de Sabra y Chatila en Palestinalibre.org

Fuente: Palestinalibre.org