2017 · 08 · 31 • Fuente: Omar Naboulsi, Playground Magazine

Muerte, mutilación y depresión: así afecta al deporte un ataque a Gaza

El año en que el Estado de Israel mató a más palestinos desde 1967

Muhammad Abu al-Bayd era la estrella de un equipo de la Segunda División palestina. Un centrocampista talentoso, de esos que tienen el centro de gravedad bajo y con visión de juego: su mote era Isco, por cómo conducía el balón.

Hace unos tres años, el 13 de julio de 2014, mientras estaba de pie frente a su casa en el barrio Shujaiya de Gaza, recibió un proyectil disparado durante el quinto día de la ofensiva que Israel llevó a cabo en la ciudad. Solo recuerda a un grupo de hombres delante de él recibiendo metralla y su despertar en el hospital.

Con 30 años perdió una pierna y el resto de su carrera como futbolista.

Fue uno de los 11.000 palestinos, de los cuales 3.400 eran niños, que resultaron heridos durante la masacre, sufriendo lesiones permanentes el 10% de ellos.  Además, 32 deportistas formaron parte de los 2.250 palestinos asesinados por Israel en aquel año y otros 27 fueron gravemente heridos, según los datos del Ministerio de Juventud y Deporte de Gaza. 2014 fue el año en que el Estado de Israel mató a más palestinos desde 1967, el año de la Guerra de los Seis Días en las que Palestina perdió los Altos del Golán, la península del Sinaí, Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania.

Abu al-Bayd ahora lucha por adaptarse a su nueva realidad. Ya no podrá cumplir el sueño de jugar en la selección nacional y se mantiene cobrando una paga por invalidez de 200 dólares al mes con 7 hijos a su cargo.

"El fútbol siempre fue mi pasión, nunca tuve un plan B, el fútbol fue siempre la primera y última opción", reconoce Abu al-Bayd en The Electronic Intifada. "Siempre me imaginé jugando en un estadio con la multitud animándome, ahora, con sólo una pierna, no puedo conducir un coche o jugar al fútbol".

Su familia le ayudó a acostumbrarse a vivir con una pierna y cambió el fútbol por el baloncesto en silla de ruedas, aunque es reticente a conocer a nuevas personas.

"Mi vida social sigue paralizada tras mi lesión. Odio participar en actividades en las que me tenga que relacionar porque odio esa mirada de lástima en los ojos de la gente", dice el exfutbolista, que sigue buscando la manera de viajar a Alemania para que le implanten una pierna artificial.

Otros deportistas siguen hundidos tras el ataque. Jihad al-Mabhouh era jugador profesional de volley, pero aquel verano fue víctima de un bombardeo en una escuela de las Naciones Unidas que estaba cerca de su casa. Quince palestinos fueron asesinados aquel 30 de julio y él sobrevivió, pero se llevó consigo una lesión permanente en su mano derecha que le retiró. Desde entonces no le encuentra sentido a la vida.

"Soñé con convertirme en un jugador internacional. Ahora solo quiero dormir. Realmente no me gusta la empatía de los demás. No encuentro la verdadera felicidad de la vida. Israel destruyó mi primer y último sueño. No soy nada en esta vida", explica al-Mabhouh, que se niega visitar el psicólogo.

El mismo día en que al-Mabhouh perdió la movilidad de su mano, también fue asesinado Ahed Zaqout, que fue futbolista, periodista deportivo y padre de cuatro hijos.

Su caso fue el más conocido en la Franja por su fama y por la forma en que perdió la vida. Zaqout llegó a jugar en la selección de Palestina, fue entrenador y cuando le mataron presentaba un programa de televisión deportivo de bastante éxito.

Murió solo en el dormitorio de su apartamento, cuando un proyectil entró por la ventana.

Tan solo un mes después de su muerte, el bloque entero donde vivía la famillia Zaqout fue bombarbeado y ahora esperan una compensación económica por las pérdidas. Aún se preguntan por qué sufrieron esa persecución.

Fuente: Omar Naboulsi, Playground Magazine