2017 · 08 · 22 • Fuente: Beatriz Lecumberri, El Confidencial

Hebrón, el microcosmos de la ocupación israelí

Palestinos y colonos israelíes viven en el corazón histórico de la ciudad de Hebrón. En sus calles milenarias se concentra la esencia del conflicto y el sufrimiento de 50 años de ocupación israelí.

Manifestante palestino reza durante las protestas contra la construcción de un edificio militar al sur de Hebrón. (Reuters)

“Los colonos están aquí, allí y también sobre nuestras cabezas”, señala Issa Amro deteniéndose unos segundos en el precioso casco histórico de Hebrón. Basta levantar la vista para ver las banderas israelíes y los soldados apostados en los tejados y tras las ventajas enrejadas y adivinar otra ciudad. Basta también un rápido recorrido por el corazón de esta localidad palestina de más de 4.000 años de historia para sentir que es un lugar único que concentra en pocos kilómetros cuadrados la violencia, la lucha por la tierra, el sufrimiento y las contradicciones de la ocupación.

Issa Amro guía por paso firme por estas callejuelas donde la convivencia forzada entre colonos y palestinos se traduce desde hace años en muertos y enfrentamientos, en una creciente intransigencia y en un éxodo silencioso de los palestinos de la ciudad. “Hebrón es el conflicto israelí-palestino en miniatura. Aquí hay retenes militares, asentamientos, casas confiscadas y demolidas, tierra robada, acoso a las familias palestinas y enfrentamientos casi diarios”, explica Amro, de 36 años, que encarna desde hace años la resistencia pacífica frente al avance de las colonias israelíes en Hebrón.

El primer asentamiento israelí en Hebrón, Kiryat Arba, se instaló en 1968, un año después de la guerra de los Seis Días que dio inicio a la ocupación israelí de Cisjordania, Gaza y Jerusalén-Este. Hoy, más de 7.000 colonos viven en este asentamiento situado a las afueras de la ciudad. Otras cuatro colonias fueron creadas posteriormente en el corazón histórico de Hebrón, donde solo vivían palestinos.

Pero para los judíos, su relación con Hebrón se remonta a muchísimo antes. El libro bíblico del Génesis ya menciona que el profeta Abraham compró un lugar en Hebrón para enterrar a Sara, su esposa. La cueva comprada por el profeta sería la Tumba de los Patriarcas, situada en el corazón de la ciudad, donde también habría sido posteriormente enterrado Abraham, cuya figura es venerada por musulmanes, judíos y cristianos. Hoy en día, judíos y musulmanes custodian, se reparten con dificultad y rezan en la que se considera la tumba de Abraham, que es por un lado una mezquita y, por otro, una sinagoga.

Para entender el Hebrón del siglo XXI hay que tener un mapa de la ciudad en las manos. Desde 1997 y en virtud de un acuerdo israelí-palestino, la ciudad está partida en dos: la zona llamada H1, que representa un 80% de su superficie, en la que viven más de 120.000 palestinos y que está bajo control palestino y la zona H2, el 20% restante (algo más de 4 kms cuadrados) que incluye el casco antiguo. En esta parte viven unos 35.000 palestinos y 800 colonos, y que está bajo control israelí.

Ciudad fantasma

Con los años y después de varios episodios violentos, parte de la zona H2 ha sido totalmente cerrada por el ejército israelí, concretamente la calle Shuhada, que fue durante años el núcleo comercial de la localidad, y el barrio de Tel Rumeida. Es la llamada “ciudad fantasma” de Hebrón a la que solo se accede atravesando retenes militares israelíes. Dentro quedan 300 familias palestinas que viven atrincheradas entre decenas de colonos y soldados israelíes. Según datos de la ONG israelí B’tselem, más de 1.000 familias palestinas abandonaron sus casas en el centro de Hebrón desde 1994 y un 77% de los comercios cerró sus puertas.

La calle Shuhada sorprende por su silencio desolador. El bullicio de las calles comerciales de Hebrón queda atrás y una vez atravesado el control militar israelí, el llamado “checkpoint 56”, solo se escucha el ruido de las propias pisadas mientras se camina entre tiendas cerradas a cal y canto con persianas roñosas, carteles descoloridos por el sol y el paso del tiempo, farolas con bombillas fundidas que acumulan polvo desde hace años. Nadie adivinaría que en la calle Shuhada sigue existiendo vida. “Somos 27 miembros de la misma familia y hemos decidido quedarnos. Teníamos una tienda y la tuvimos que cerrar y hay momentos en que vivimos prácticamente de la caridad. Los israelíes nos han propuesto bastante dinero por la casa, pero no nos iremos pese a que sufrimos ataques de los colonos prácticamente cada día”, explica Mufid Shaarabati, de 54 años, desde su silencioso salón familiar en la calle Shuhada.

Para este palestino y todos los que viven en el área H2, tareas simples como ir al supermercado, a la escuela, tomar un café, rezar en la mezquita, recibir familiares o ir al hospital se convierten en complicadísimos desplazamientos e interminables controles. Una pesadilla cotidiana que hace que el desempleo en esta zona de Hebrón supere el 74% según datos de ONGs israelíes. “No podemos llamar a esto vida porque carecemos de los derechos más básicos. Debo pasar varios retenes para entrar y salir de mi propia casa. Es un acoso y una humillación. Me siento un número”, denuncia Amro.

Manifestantes palestinos en una protesta contra los colonos israelís por la construcción de la torre militar en Dura, Hebrón. (Reuters)

Desde hace más de una década este activista defiende el ambicioso objetivo de detener el avance de las colonias en el centro de Hebrón y para ello fundó la organización "Jóvenes contra los asentamientos”, que denuncia abusos y violaciones de los derechos humanos, organiza protestas pacíficas y visitas al centro de Hebrón para mostrar cómo es su vida diaria rodeados de colonos israelíes. La sede de la ONG, donde Amro vive casi acampado desde hace años, es una casona situada cerca del asentamiento de Beit Hadassa, el primero en instalarse en el corazón de Hebrón. Sus problemas con los colonos son diarios y este activista calcula que es arrestado por el ejército israelí una media de dos veces al mes.

Pero su estrategia, inspirada en las vidas de Nelson Mandela, Martin Luther King o Gandhi, no cambia y se jacta de no haber arrojado “ni una sola piedra a un soldados israelí en 15 años”. En un deseo de devolver una cierta normalidad a este barrio asediado por retenes militares y colonias, Amro y su asociación han logrado abrir una guardería para los niños palestinos que viven en estas calles fantasmas y han impulsado en los últimos meses la creación de un precario cine en el barrio. “Los colonos sienten que les quito algo, que les impido apoderarse de más tierra en el centro de Hebrón”, explica.

Amro ha sido declarado defensor de los derechos humanos por la Unión Europea y por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos. Pero hace un año, la justicia militar israelí, que tiene potestad en Cisjordania, abrió un juicio contra el activista palestino por incitación a la violencia que está aún abierto y podría llevarle a la cárcel. El derecho internacional considera ilegales todos los asentamientos israelíes en territorio palestino. En este momento, unos 600.000 colonos viven en más de 130 asentamientos de diferentes tamaños repartidos por Cisjordania y Jerusalén-Este.

Soldados para defender colonos

“Los colonos nos golpean y nos arrojan basura y los soldados nos arrestan a nosotros”, protesta Ahmad Azza, palestino de 16 años que vive en plena zona H2. A finales de 2015, Azza fue arrestado por soldados israelíes. “Me sacaron de la sala donde estaba reunido, me hicieron andar varios minutos y me pusieron al lado de un cuchillo. Comenzaron a decirme que era mío y que había querido atacarles con él. Pasé una semana en la cárcel, sufrí malos tratos hasta que una prueba de ADN exigida por activistas israelíes mostró que yo nunca toqué ese cuchillo”, explica. Su caso fue denunciado por varias ONGs.

Entre los palestinos de Hebrón no hay duda de que el ejército israelí desplegado en el centro de la ciudad tiene por misión principal defender a los habitantes de los asentamientos. En este momento habría prácticamente un soldado por cada colono que vive en el centro de Hebrón, según cálculos de la ONG israelí Breaking The Silence (Rompiendo el silencio), que denuncia los abusos del ejército israelí en los territorios ocupados.

“Cuando eres soldado y estás en Hebrón, el mensaje es que estás allá para proteger a los colonos y no debes reaccionar cuando estos agreden a palestinos. Y para proteger a los habitantes de estos asentamientos se lleva a cabo una extrema campaña de segregación”, denuncia un exsoldado israelí miembro de Breaking The Silence. En el caso de Hebrón, varios organismos internacionales han denunciado las limitaciones de movimiento que sufren los palestinos que viven en el centro de la ciudad y sus consecuencias funestas.

Un palestino contempla desde un montículo a las afueras de Hebrón la vista de la ciudad. (Reuters)

Según la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés), en el corazón de Hebrón hay 100 obstáculos físicos levantados por el ejército israelí: desde un control militar permanente con una caseta y un control antimetales hasta un bloque de cemento que corta el paso. “Hay calles que sólo pueden usar los colonos mientras que hay palestinos que no pueden circular en coche por su calle y a veces hasta tienen prohibido pasar caminando por ciertos puntos”, denuncia la OCHA en un informe del pasado mayo. La organización habla de un “acoso sistemático” por parte de los colonos y de “castigos colectivos” contra los palestinos que viven en el casco histórico de la ciudad.

Recientemente, el presidente israelí Reuven Rivlin visitó el asentamiento de Kiryat Arba, en Hebrón, y subrayó que esta ciudad palestina “no es un obstáculo para la paz”. “Es más bien un test de nuestra capacidad de vivir juntos, uno al lado del otro (…) Porque no sé si llegaremos a un acuerdo político y si llegamos cuál será. Pero está claro que judíos y árabes van a seguir viviendo aquí”, aseguró el jefe de Estado.

Fuente: Beatriz Lecumberri, El Confidencial