2017 · 07 · 05 • Fuente: Julio César Roca De Castro, El Universo - Ecuador

50 años de tormento palestino

En junio de 1967, Israel sostuvo contra Egipto, Siria, Jordania e Irak, la llamada guerra de los seis días, que ganó abrumadoramente, merced a que una vez nacido como Estado, después de la primera guerra con los árabes en 1948, se preparó para nuevos conflictos, a fin de expandir su territorio.

Egipto le dio el pretexto para dar el primer golpe el 67, porque fue informado que Israel lo atacaría. El vencedor se quedó con algunas tierras árabes, entre ellas la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. Y para defender el despojo cuadriplicó el presupuesto militar, del 6,4% al 24,7% del PIB.

La ONU, con la excepción del propio Israel y de los EE.UU. de América, su protector, ha rechazado la usurpación y exigido dejar sin efecto la anexión de algunos de los territorios invadidos y el retiro de las tropas israelís. Pero como el derecho del invasor reposa en las ojivas de sus misiles, ha hecho caso omiso de ello. Gaza es una cárcel bombardeada en tres conflictos, Cisjordania está controlada el 60% por el ocupante que, a despecho de las resoluciones de la ONU, viola el estatuto internacional de Jerusalén Este.

¿Cuál ha sido el resultado de 50 años de ocupación del suelo palestino? Human Rights Watch lo ha explicado: Homicidios ilegítimos y crímenes de guerra, asentamientos ilegales, desplazamientos forzados, cierre de Gaza y detenciones abusivas.

En el último holocausto de Gaza, en 2014, murieron 2.200 de sus habitantes, casi la cuarta parte niños, miles de heridos y mutilados, en todas partes. No tienen refugios antiaéreos, son carne de cañón de la inhumanidad. Crimenes de genocidio y de lesa humanidad. Se destruyó la única planta eléctrica del lugar, lo que es un crimen de guerra. La mayoría de las víctimas de los homicidios de medio siglo han sido civiles, miles de casas destruidas, sin guerra, sin demostrarse que son blancos militares legítimos.

HRW señala que, en Cisjordania, soldados israelís han matado o herido gravemente a miles de manifestantes, por tirar piedras. En la ciudad de Bil’in, cada viernes sus habitantes, sin lanzar piedras, sin usar violencia alguna, iban hasta el muro contra el cual protestaban. Un muro que tiene 66 puertas que deben atravesar los campesinos palestinos para ir a sus campos, que los separa de sus familias, sus centros educativos y de salud. Esos tiradores de piedras, nos contaba Stéphane Hessel, eran acusados por Israel de “terrorismo no violento”.

En cuanto a los asentamientos de 580.000 colonos israelís en Cisjordania y Jerusalén Este -antes también los hubo en Gaza-, el Derecho Internacional los prohíbe. La potencia ocupante aplica a sus ciudadanos la ley israelí y sus beneficios y se los niega a los palestinos.

Reporta HRW que Israel ha expropiado miles de acres a los palestinos, quebrantando el Derecho de Ocupación -ilegítimo además en este caso-, que prohíbe la ocupación de bienes a excepción de necesidades militares. Agrega que cientos de miles de ellos han sido excluidos del registro de la población, restringiendo su capacidad de viajar entre Cisjordania y Gaza. En 50 años Israel ha revocado la residencia de casi 150.000 palestinos, en gran parte porque habían estado fuera mucho tiempo. ¿Y los dos mil años de la diáspora judía? ¡Cuánto cinismo!

La organización de derechos humanos destaca también que las tropas israelís en los últimos 25 años, han endurecido las restricciones a la circulación de personas y mercancías hacia Gaza, restringiendo el acceso a la atención médica y oportunidades económicas, perpetuando la pobreza y el desempleo, lo que supera la justificación de seguridad que alega Israel. En 2016, el PIB de esa ciudad fue 23% menos que en 1994. El 70% de sus 1’900.000 habitantes dependen de la ayuda humanitaria.

También ha informado HRW que Israel ha encarcelado a cientos de miles de palestinos desde 1967 -algunos de ellos menores de edad-, la mayoría en juicios militares, que tienen casi el 100% de condenas. Se basan muchas veces en pruebas secretas, sin cargos, ni juicios. Quebrantando la ley internacional, encarcela a los detenidos de Gaza y Cisjordania en territorio israelí y no en el suelo ocupado. Limita las visitas de familiares a los presos y viola otros de sus derechos. Ha ejecutado a 41 personas en procesos anómalos, según el Centro Palestino para los Derechos Humanos.

HRW ha llamado al Estado israelí a restaurar la vida cívica normal de los palestinos, a realizar progresivamente sus derechos. A actuar para que cumpla sus obligaciones relativas al Derecho Humanitario. A que los países y empresas extranjeras que operan en Palestina, cesen sus actividades en los asentamientos.

Palestina también debe denunciar a la Corte Penal Internacional los crímenes cometidos en su contra, por ser parte del tratado que la constituyó, como Estado observador de la ONU. Ciertamente, también deben responder algunos de sus agentes por las muertes de israelís.

En mayo de 2017, miles de israelís en Tel Aviv protestaron contra los 50 años de ocupación, enarbolando el lema “Dos naciones una esperanza”, recordando la proclama de su dirigente Isaac Rabin: “Dos países para dos pueblos”. ¡Hermoso ejemplo!

Fuente: Julio César Roca De Castro, El Universo - Ecuador