2017 · 07 · 04 • Fuente: Saud Abu Ramadán, Agencia EFE

Vivir sin escapar del conflicto: historias de refugiados sirios en Gaza

En los últimos cinco años, un grupo de sirios se ha refugiado en la Franja Gaza, a través de Egipto, escapando de la guerra, en un enclave con falta de recursos en el que han quedado atrapados y sin la posibilidad de salir por falta de documentación.

Wareef Qasim Hamido, un talentoso chef de 35 años y otro de los más de cinco millones de refugiados sirios que hay diseminados por el mundo, corrió una suerte diferente y encontró el amor y una carrera en Gaza.

En los últimos cinco años, un grupo de sirios se ha refugiado en la Franja Gaza, a través de Egipto, escapando de la guerra, en un enclave con falta de recursos en el que han quedado atrapados y sin la posibilidad de salir por falta de documentación.

Jolud al Hamud, de 40 años y madre de cinco hijos procedente de la ciudad de Daraa, al sur de Siria, y donde comenzaron las protestas contra el régimen de Bachar al Asad en 2011, ha pasado los últimos dos años postrada en una cama del hospital de Al Wafa, en ciudad de Gaza, incapaz de moverse por problemas en sus músculos y pulmones.

"Llegué a Gaza con mi familia después de que la situación empeorara y se hiciera peligrosa por la guerra", cuenta a Efe mientras recuerda que primero escaparon desde Daraa, que había sido bombardeada por el Ejército sirio, a Damasco, y después de tres días tomaron un avión a El Cairo.

"Allí estuvimos seis meses y luego vinimos a Gaza. Desde entonces, hemos vivido aquí", destaca esta mujer más conocida como Um Ahmad (madre de Ahmad).

Según el Ministerio de Asuntos Sociales de Gaza, la suya es una de las ocho familias sirias que componen un colectivo de 32 personas -incluidos menores nacidos en Gaza-, registradas en el enclave.

Todos tienen documentos de identidad sirios que no les sirven para moverse fuera de la Franja palestina o carecen de cualquier identificación.

"Llegué con mi mujer Jolud a través del paso de Rafah entre la frontera de Egipto y Gaza porque tenemos pasaportes sirios, pero cruzamos a nuestros hijos por los túneles que conectan con el enclave", explica Amer Fura, de 43 años.

Lo hace a los pies de la cama de su mujer, a quien trata de explicar en compañía de uno de sus hijos que los doctores del centro están haciendo un gran esfuerzo para llevarla a Cisjordania o Israel a que reciba tratamiento médico urgente.

"Creíamos que la situación aquí era mejor que en Siria, pero desde que entramos, ha ido empeorando. Estamos atrapados y no podemos ir a ningún sitio. Vivimos la guerra israelí sobre Gaza en 2014 y ahora compartimos con la gente de aquí las consecuencias del bloqueo de Israel y los graves cortes de electricidad", lamenta Amer.

"Si hubiera sabido que las cosas eran así, habría ido a Turquía o a Europa", dice este hombre que recuerda sus planes de fuga después de que siete de sus familiares murieran en bombardeos, mientras su esposa, con lágrimas en los ojos, pide que la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) intervenga tan pronto como sea posible.

"Para rescatarnos y sacarnos de aquí. Hasta ahora, nadie nos ha ayudado", implora.

Wareef Qasim Hamido, un talentoso chef de 35 años y otro de los más de cinco millones de refugiados sirios que hay diseminados por el mundo, corrió una suerte diferente y encontró el amor y una carrera en Gaza.

"No había luz ni electricidad, así que en algún momento tienes que tomar la decisión, aún cuando es imposible", relata a Efe este hombre que en 2012 comenzó su viaje desde su ciudad de origen, Alepo, a Turquía, donde se quedó hasta que un amigo le habló de una oportunidad de trabajo en un restaurante de El Cairo.

Allí llegó por mar y estuvo ocho meses, aunque las malas condiciones laborales le hicieron plantearse su partida de nuevo. Tenía dos opciones: meterse en un barco de contrabando rumbo a Europa o dirigirse a Gaza donde un amigo palestino le había ofrecido trabajar en un restaurante.

Así fue como en mayo de 2013 llegó a un lugar que solo conocía por los titulares de los periódicos, después de escabullirse por un estrecho subterráneo excavado entre Egipto y el territorio bajo bloqueo.

Su familia no supo dónde estaba hasta que pasaron cuatro meses y comenzó a ganar fama en el restaurante al que ahora muchos gazatíes van para probar sus recetas, entre las que destaca un plato de carne picada de ternera o cordero y trigo, su especialidad.

Más allá del éxito profesional, Hamido también encontró el amor "a primera vista" con Maha Abu Kas, una periodista palestina que le entrevistó cuando trabajaba en una historia sobre refugiados sirios en Gaza.

Se casaron ocho meses antes del lanzamiento de la operación militar israelí Margen Protector, contra las milicias armadas del enclave en julio de 2014, y en septiembre tuvieron a su primera niña llamada Eilyaa, que significa 'Jerusalén'.

El pasaporte sirio de Hamido ha expirado y no puede renovarlo, ni irse, ni darle esa nacionalidad a su hija.

Todo lo que quiere ahora es cumplir con la promesa que un día le hizo a su primogénita de contarle las historias de la ciudad de la que procede, al tiempo que la recorren juntos.

Fuente: Saud Abu Ramadán, Agencia EFE