2017 · 06 · 27 • Fuente: Eugenio García Gascón, Público - España

EEUU aprieta las tuercas para que la UE abandone el boicot a Israel

El Gobierno israelí ha conseguido que Donald Trump se implique más que Barack Obama en la lucha contra el boicot internacional a Israel. En los pocos meses transcurridos desde su entrada en la Casa Blanca en enero último, Trump ha incrementado significativamente la presión sobre la Unión Europea en esa dirección.

La administración de Donald Trump está ejerciendo una fuerte presión sobre los países europeos para poner fin a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) liderada por distintas organizaciones no gubernamentales con el fin de poner fin a la ocupación de los territorios palestinos que ya dura cincuenta años.

Israel ha conseguido que el departamento de Finanzas de Estados Unidos comunique a los países miembros de la UE que el boicot de Israel va contra los acuerdos comerciales que las dos partes, es decir EEUU y la UE, han firmado en el pasado, según fuentes israelíes citadas por el diario Maariv de Tel Aviv.

La última indicación de la creciente presión de Estados Unidos se ha producido en dos países del norte de Europa, Noruega y Dinamarca, que se han visto obligados a prohibir las donaciones particulares a grupos que apoyan la lucha armada contra la ocupación. Además, estos dos países nórdicos han congelado los fondos de las asociaciones que apoyan la lucha armada.

En medios políticos gubernamentales de Israel se considera que se está avanzando en el camino para frenar la campaña BDS aprovechando el “nuevo espíritu” que ha llegado a la Casa Blanca, y se recuerda que aunque la anterior administración de Barack Obama ya presionaba a la UE, no lo hacía con el ímpetu que lo está haciendo la nueva administración.

Con Obama las recomendaciones americanas se ignoraban en Bruselas y en el resto de las capitales europeas, al menos en la mayoría de los casos, en tanto que ahora la presión del primer ministro Benjamín Netanyahu sobre la Casa Blanca es mejor recibida del otro lado del Atlántico y la misma Casa Blanca actúa como correa de transmisión.

Mientras se apuntala la presión, Netanyahu no ha hecho ninguna concesión y la construcción en las colonias judías de los territorios ocupados sigue a pleno ritmo, con una intensidad mayor que nunca. Es cierto que la Casa Blanca ha criticado esta tendencia, pero también es cierto que no ha hecho nada para acabar con ella.

La campaña BDS está operando desde hace un poco más de una década pero hasta ahora no ha conseguido el respaldo explícito de los gobiernos occidentales. Esta es la gran diferencia que existe entre el boicot a Israel en nuestros días y el boicot a la Sudáfrica del apartheid que en apenas unos pocos años terminó con la discriminación que sufrían los negros.

Dentro de la campaña BDS existen dos grandes corrientes. El objetivo de la primera corriente es boicotear los bienes y productos que Israel exporta a Europa, mientras que el objetivo de la segunda corriente es influir en las universidades e instituciones académicas de Europa y Estados Unidos con el fin de convertir los campus en auténticos campos de batalla.

En los últimos años la campaña BDS ha obtenido importantes triunfos en las dos principales áreas de trabajo, pero con la ausencia de un respaldo internacional de los gobiernos europeos no se ha podido concretar de manera decisiva. Ciertamente, la campaña ha obligado a algunas grandes empresas israelíes a abandonar sus instalaciones en los territorios ocupados, pero han sido casos aislados y con una trascendencia limitada.

En diciembre de 2016 se elaboró una petición de boicot a Israel bajo el paraguas de la libertad de expresión que garantiza el derecho internacional, y la petición la firmaron más de 200 abogados y expertos de 15 países europeos, incluida España.

El BDS cuenta con un respaldo creciente en la sociedad de Estados Unidos, el Reino Unido y distintos países de Europa occidental. En las universidades de Estados Unidos, un tercio de los encuestados considera que el boicot de Israel es una medida “legítima” para combatir la ocupación de los territorios palestinos.

Recientemente, Bruselas ordenó distinguir en las etiquetas los productos israelíes fabricados en empresas que tienen sus factorías en la Cisjordania ocupada, una medida que fue saludada con satisfacción por el movimiento BDS, aunque se considera insuficiente para hacer frente al problema.

La repercusión de las medidas adoptadas en relación con el BDS ha sido más o menos limitada en función de quien la ha evaluado. Algunos expertos han indicado que empresas occidentales han terminado contratos con Israel por valor de 23.000 millones de dólares en los últimos años, y que las exportaciones israelíes a Europa han disminuido en 2.900 millones de dólares.

Con la nueva administración que dirige la Casa Blanca, existe la posibilidad de que esta tendencia cambie de rumbo y la influencia del BDS sea menor que hasta ahora, algo que podrá verse con mayor claridad en los próximos meses.

Fuente: Eugenio García Gascón, Público - España