2017 · 06 · 14 • Fuente: María Landi, Blog Palestina en el Corazón

Palestina y los estudios poscoloniales

Éste es el resumen de una de las intervenciones en la mesa redonda organizada por Jadaliyya con motivo del 50º aniversario de la ocupación de los territorios de 1967.

En su corta historia, Israel no sólo ocupó Palestina, sino territorios de 3 de sus 4 países vecinos. Hoy en día Israel continúa ocupando Palestina y partes de Siria y Líbano. (Visualizing Palestine)

Las demás intervenciones pueden escucharse (o leer su resumen) en inglés en la web de Jadaliyya: The 1967 Defeat and the Conditions of the Now: A Roundtable (“La derrota de 1967 y las condiciones del presente”).

1967: Una ausencia en el corazón de los estudios poscoloniales

Anthony Alessandrini*

¿Cuál ha sido el legado de 1967 en el ámbito de los estudios poscoloniales? Estoy tentado de responder a la pregunta de dos maneras distintas. En el nivel explícito y consciente, 1967 ha dejado poca o ninguna marca en ese campo de estudio, en detrimento del mismo. Pero en el nivel implícito, inconsciente, 1967 y sus consecuencias lo han delineado de manera importante. La incapacidad de muchos/as eruditos/as dedicados/as los estudios poscoloniales de reconocer esta escisión entre lo hablado y lo no hablado representa el problema que queda por abordar en el presente.

Explícitamente, en general los estudios poscoloniales (estoy hablando aquí en términos deliberadamente amplios) han tenido poco que ver con la cuestión de Palestina[1]. Es por eso que las fechas más comunes que suelen marcar ese campo de estudio serían, por ejemplo, 1947 (la partición de India y Pakistán) o 1962 (la independencia de Argelia). Ellas son también indicativas de la comprensión que ese campo de estudio tiene sobre la poscolonialidad: está marcada, en esos y otros casos, por una forma de independencia política que tiene poco o nada que ver con la verdadera descolonización. Los mejores trabajos en la disciplina son los que nos ayudan a entender que “poscolonial” define una condición que se necesita urgentemente alcanzar mediante la lucha, en un mundo todavía marcado por proliferantes formas de neocolonialismo.

Pero la mayoría de estos trabajos también se apoyan en la noción de que la era del “colonialismo clásico” –particularmente en su forma dea colonialismo de asentamiento− está terminando. Sudáfrica se convirtió en la excepción que confirmó la regla. El régimen de apartheid llegó a ser visto −sólo como resultado, hay que agregar, de luchas populares masivas− como un anacronismo, un retroceso a una época pasada. Lamentablemente, la Sudáfrica posapartheid también se ajusta al modelo de análisis, evolucionando hacia un Estado “independiente” marcado por un régimen perverso de neocolonialismo político y neoliberalismo económico.

Una de las razones por las que la cuestión de Palestina constituye un escándalo para el campo de los estudios poscoloniales es precisamente porque deshace totalmente ese modelo, puesto que el sistema en Israel/Palestina es claramente de colonialismo de asentamiento. A diferencia de 1947 y 1962, fechas que marcan el comienzo de la “independencia” y el fin del “colonialismo clásico”, las fechas clave en Palestina −1948 y 1967− marcan la intensificación de un proyecto colonial de asentamiento en marcha. La aceptación generalizada del cambio de nombre por el cual la Nakba de 1948 pasó a llamarse el inicio de la “independencia de Israel” demuestra el éxito de este proyecto colonial, a nivel ideológico y cultural.

Y sin embargo, al raspar la superficie, 1967 se encuentra en el corazón de los estudios poscoloniales. Tomemos dos de los textos fundacionales de este campo de estudio: “Orientalismo” de Edward Said y “Los condenados de la tierra”, de Frantz Fanon. El efecto fundamental de junio de 1967 en Said como joven crítico puede ser rastreado a lo largo de sus primeros trabajos, por ejemplo en su ensayo “La experiencia palestina”, publicado en 1970[2]. El trabajo enorme y masivamente influyente que llegó a ser “Orientalismo” se inició en su ensayo titulado “The Arab Portrayed”, escrito en 1968, al que Said describió como salido de los “extractos humeantes” de notas escritas durante el verano de 1967[3]. Creo que no es una exageración decir que sería imposible imaginar “Orientalismo” sin 1967, como sería imposible imaginar los estudios poscoloniales sin “Orientalismo”[4].

“Los condenados de la tierra” de Fanon, que hoy continúa informando e inspirando todo tipo de trabajos teóricos y creativos en ese ámbito de estudio, también está indeleblemente marcado por 1967, a pesar de que había sido publicado seis años antes, poco antes de la muerte de Fanon en 1961. El libro fue publicado originalmente con un prólogo de Jean-Paul Sartre. Inicialmente el prólogo fue, en algunos círculos, más conocido −y más tristemente célebre− que el propio libro de Fanon. Posteriormente, sin embargo, las ediciones francesas del libro se han publicado sin el prólogo de Sartre. Cuando en una entrevista de 1978 se le preguntó a la viuda y albacea literaria de Fanon sobre esa remoción, Josie Fanon respondió:

En junio de 1967, cuando Israel declaró la guerra a los países árabes, había un gran movimiento pro-sionista a favor de Israel entre los intelectuales occidentales (franceses). Sartre participó en este movimiento. Firmó peticiones en favor de Israel. Yo sentí que sus actitudes pro-sionistas eran incompatibles con la obra de Fanon. Cualquiera que haya sido la contribución de Sartre en el pasado, el hecho de que no comprendiera el problema palestino revocó sus anteriores posiciones políticas[5].

La acusación serena pero contundente de Josie Fanon hacia Sartre –de que su incapacidad (o rechazo) para entender el problema palestino como un caso de colonialismo socava la fuerza de su trabajo anterior− puede aplicarse directamente, me temo, al relativo silencio sobre la cuestión de Palestina en el campo de los estudios poscoloniales. Al mismo tiempo, al igual que muchos silencios, implica también una continua negación de lo que de otro modo tendría que ser visto como un caso claramente reconocible de continuo y creciente colonialismo de asentamiento.

¿Será por eso que, dentro de mi propio campo de los estudios literarios, tantos críticos están tan dispuestos a usar el término “poscolonial” (“Chaucer poscolonial”, “Austen poscolonial”, “Dickens poscolonial”), pero tan reacios a abordar el colonialismo de asentamiento existente actualmente en Israel/Palestina, hasta el extremo de que la Asociación de Lenguas Modernas está a punto de adoptar una resolución que de hecho prohibiría toda discusión futura sobre el movimiento BDS? Queda por ver si este quincuagésimo aniversario de 1967 ofrecerá una oportunidad para poner fin a este silencio o, simplemente, será otra “introducción al final de una discusión“.

Notas

[1] Hay, por supuesto, algunas honrosas y brillantes excepciones. Dos de las que vale la pena destacar particularmente en este momento: Ella Shohat, cuyo libro recién publicado On the Arab-Jew, Palestine, and Other Displacements: Selected Writing marca un acontecimiento importante para la disciplina, y los escritos de Barbara Harlow.

[2] Edward Said, “The Palestinian Experience,” reimpreso en The Politics of Dispossession: The Struggle for Palestinian Self-Determination, 1969-1994 (Nueva York: Pantheon, 1994).

[3] Edward Said, “The Arab Portrayed,” en The Arab-Israeli Confrontation of June 1967: An Arab Perspective, editado por Ibrahim Abu-Lughod (Evanston: Northwestern University Press, 1970); ver también Said, “The Palestinian Experience,” 11.

[4] Keith P. Feldman ha hecho una argumentación similar (aunque mucho más extensa y elaborada) con respecto a Said, 1967 y su efecto sobre el campo de los estudios étnicos en Estados Unidos. Ver A Shadow over Palestine: The Imperial Life of Race in America (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2015).

[5] Christian Filostrat, “Appendix: Interview with Josie Fanon, Frantz Fanon’s Widow”, en Negritude Agonistes: Assimilation Against Nationalism in the French-Speaking Caribbean and Guyane (Cherry Hill, NJ: African Homestead Legacy Publishers, 2008), 160-61. Said también escribió sobre la posición de Sartre con respecto a la guerra de 1967, y sobre sus propias conversaciones insatisfactorias con él a propósito de las consecuencias de esa guerra. Ver Edward Said, “Diary,” London Review of Books (1 de junio de 2000).

* Anthony Alessandrini es profesor de Inglés en el Kingsborough Community College, en el Brooklyn Institute for Social Research y en el Programa de Master en Estudios de Medio Oriente de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), donde también es miembro del Comité sobre Globalización y Cambio Social. Es autor de Frantz Fanon and the Future of Cultural Politics: Finding Something Different (Lexington, 2014) y editor de Frantz Fanon: Critical Perspectives. Ha publicado artículos recientes en Foucault Studies, Journal of French and Francophone Philosophy, Reconstruction y Social Text: Periscope.

Traducción: María Landi.

Acerca de la traducctora: María Landi es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.

Fuente: María Landi, Blog Palestina en el Corazón