2017 · 06 · 02 • Fuente: Agencia EFE

La ocupación olvidada de los Altos del Golán sirios

Cuando Israel se anexionó los Altos del Golán en 1981, la mayoría de sus habitantes rechazó la ciudadanía, en el pasaporte hoy figuran como "indefinidos", y 50 años después de la ocupación, siguen sintiéndose sirios, se relacionan en árabe y ven la televisión del país vecino.

"Fue la manera de oponernos a la ocupación; fuimos a una huelga general de seis meses, porque no aceptamos la identidad israelí", recuerda Shalan Marzouk, uno de los 25.000 residentes actuales, que tiene a la mitad de su familia dentro de Siria, con la que se comunica a menudo y sigue el conflicto interno en su país.

Con las nuevas tecnologías es más fácil que en el pasado, ya que Israel y Siria no mantienen relaciones bilaterales y no existen servicios de correos ni conexión telefónica entre ambos.

En junio de 1967 Israel capturó en seis días parte del Sinaí -devuelto con el acuerdo de paz con Egipto en 1979 - Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y el 70 % de los Altos del Golán sirios, considerados ocupados por la ley internacional hasta hoy.

Aquel conflicto desplazó a la mayoría de los 140.000 sirios que vivían en la zona, de los que solo quedaron 6.500, y las villas abandonadas fueron destruidas, según el Centro Árabe de Derechos Humanos del Golán - Marsad.

En 1981, el Parlamento israelí aprobó extender su ley civil a todos los habitantes, acción que fue inmediatamente declarada nula por Naciones Unidas, y rechazada por la mayoría de la población, que se organizó en manifestaciones y un paro general entre diciembre y abril de 1982.

"Los Altos del Golán han sido una parte integral de la tierra de Israel desde épocas remotas, como atestiguan las decenas de antiguas sinagogas de la zona", dijo el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, recientemente en un Consejo de Ministros, al tiempo que pidió a la comunidad internacional reconocer la soberanía israelí: "la realidad".

Centrada la ocupación en el conflicto con los palestinos, los sirios del Golán han salido del foco internacional y, con los años, han establecido una relación de cierta connivencia con el Estado de Israel, aunque anualmente recuerdan con protestas la ocupación de su territorio.

"El tipo de resistencia en Cisjordania es diferente, son dos millones de personas, tienen su propia economía pero no tienen su propio Estado porque tienen que construirlo. Nosotros tenemos nuestro país y nuestro Ejército para liberarnos", argumenta Marzouk.

Siria e Israel siguen técnicamente en guerra aunque la línea de separación, donde hoy todavía se encuentran minas terrestres antipersonas visibles por llamativos carteles amarillos que advierten de la peligrosidad de pasear cerca de la delimitación, se han mantenido en una relativa calma bajo un tácito pacto de no agresión.

El Sheij Husam Naser, un líder religioso druso, creencia mayoritaria entre los habitantes sirios de esta zona, comparte con Marzouk la idea de que sus ciudadanos no tienen capacidad para recuperar el territorio y solo la intervención del que sigue considerando su Gobierno puede cambiar la historia: "Yo soy sirio y vivo en tierra siria", zanja.

En este paraje de valles y lagos, de ricos recursos naturales como gas y agua - que proporcionan el 15 % del total que se consume en Israel - hay 33 asentamientos en los que viven 22.000 colonos, el principal y más extenso en el sur, Qatzrin, según Marsad.

Pero sus habitantes originarios solo controlan el 6 % del territorio ocupado ya que el resto ha sido expropiado para uso militar o para construir colonias donde vive población israelí, algo que la ley internacional impide hacer en territorios ocupados.

Cincuenta años después, Marzouk explica a Efe que no habrá conmemoraciones especiales por este aniversario más que los actos de "resistencia pacífica" que organizan cada año para que su caso no caiga en el olvido: "Porque hasta hoy rechazamos que Israel imponga su ley sobre nosotros", sentencia.

En las cinco villas donde se concentra la población de origen sirio en los Altos del Golán - Majdal Shams, Masada, Buqata, Ein Qinyeh y al Ghajar - no ondean banderas israelíes, sino la drusa de cinco colores, y su particularidad los ha convertido en uno de los centros turísticos de Israel.

Hasta que comenzara la guerra en Siria, las familias divididas en los dos territorios se acercaban hasta la frontera para comunicarse con altavoces, pero desde que se agravó el conflicto desaparecieron los ecos que generaban las conversaciones entre los valles.

Son pocos los que se atreven a predecir el destino de los Altos del Golán, aunque Naciones Unidas sigue sin reconocer la soberanía israelí, pero cinco décadas después Netanyahu advierte de nuevo que Israel "nunca los devolverá".

Fuente: Agencia EFE