2017 · 05 · 17 • Fuente: Ulises Canales*, Agencia Prensa Latina

Líbano, minas terrestres eternizan agresión israelí

Un niño sirio sufrió mutilaciones de sus piernas y una mano como consecuencia de una guerra que formalmente concluyó hace más de una década, pero mantiene el sur de El Líbano sembrado de minas terrestres dejadas por Israel.

Foto: Archivo

La explosión del artefacto ocurrió el 8 de mayo en el poblado meridional fronterizo de Yaroun cuando el menor, miembro de una familia de refugiados, trabajaba en una plantación de tabaco con sus padres.

El 29 de noviembre de 2016 el libanés Adel Tahmaz resultó herido en un brazo por una deflagración similar en Dimashqiyah, también en los límites con el Estado sionista, cuando un equipo de expertos en explosivos limpiaba un terreno de bombas de racimo lanzadas por soldados invasores en 2006.

Aquel suceso y el más reciente tienen relación directa con los múltiples conflictos armados que han protagonizado fuerzas militares de El Líbano, incluido el movimiento de Resistencia chiita Hizbulah (Partido de Dios), y el Ejército sionista desde 1982 hasta al menos 2006.

De acuerdo con el Centro Libanés de Acción contra las Minas (CLAM), supeditado a las Fuerzas Armadas, los militares de Tel Aviv dejaron unas 550 mil minas plantadas en vastos territorios del sur cuando se retiraron en mayo de 2000, tras más de 20 años de ocupación de este país árabe.

El CLAM ha reportado cientos de víctimas fatales de las minas y de las bombas de racimo lanzadas por Israel desde el fin de la ocupación.

Estimaciones oficiales indican que la nación usurpadora lanzó unos cuatro millones de esas bombas sobre el sur libanés durante la guerra de 2006, una cuarta parte de las cuales no detonó, de ahí que continúe mutilando y matando a civiles hasta hoy.

Un poco más precisa en las estadísticas, la organización no gubernamental británica Grupo Asesor de Minas (The Mines Advisory Group) calculó en un informe que los artilugios bélicos sembrados en este país mataron a 933 personas e hirieron a más de dos mil 780 entre 1975 y 2012.

Según ha constatado Prensa Latina en visitas a aldeas fronterizas con 'Palestina ocupada', como llaman muchos árabes al territorio de Israel, a los heridos y al luto por los muertos se suma el temor de las familias a que sus hijos jueguen en terrenos baldíos alejados de los núcleos urbanos.

Para granjeros y agricultores la aprensión es altamente superior, habida cuenta de los relatos nada infrecuentes de pastores mutilados por explosiones, rebaños afectados por las mismas causas y el peligro de rapto a manos de militares sionistas vigilantes al otro lado de la valla fronteriza.

Las mutilaciones sufridas por el niño sirio ocurrieron un mes después de que el gobierno libanés solicitó formalmente al Consejo de Seguridad de la ONU presionar a Israel para que entregue los mapas con la ubicación de las minas terrestres colocadas en distintos enfrentamiento entre ambas naciones.

El ministro de Agricultura, Ghazi Zoayter, remitió la exhortación a la organización mundial luego de que el ejecutivo del primer ministro Saad Hariri aprobó una partida presupuestaria de cinco millones de dólares para sensibilizar sobre esos artefactos letales.

Zoayter señaló que 'el enemigo sionista continúa sus violaciones terrestres, marítimas y aéreas de la soberanía' nacional, y llamó a la comunidad internacional a asistir a los campesinos libaneses para que puedan labrar la tierra sin miedo a deflagraciones de minas antipersonales.

Con motivo del Día Internacional de Sensibilización sobre el peligro de las minas y de acción contra las mismas, que la ONU conmemora cada 4 de abril desde 2006, el ministro honró las 'almas de los mártires civiles y militares'.

A finales de marzo, el ministro de Defensa, Yaacoub Sarraf, anunció que dentro del presupuesto general del Estado para 2017 se decidió destinar cinco millones de dólares especialmente para programas de información y concienciación sobre las bombas de racimo y las minas terrestres israelíes.

Esa partida se ejecutará en los próximos cinco años e incluirá planes de ayuda a víctimas, así como una campaña tanto en medios impresos como audiovisuales, incluido un video que describe el riesgo de las casi cuatro millones de bombas de racimo y minas lanzadas y sembradas por Israel en 2006.

Sarraf explicó que el Estado sionista violó las leyes internacionales al colocar todos esos ingenios letales, la mayoría en las últimas 48 horas del conflicto de 34 días, y remarcó que El Líbano fue el primer país árabe que lo enfrentó y tuvo el valor de presentar una querella contra Tel Aviv.

Por su lado, el director de Orientación del Ejército libanés, general de brigada Alí Kanso, informó que de los cuatro millones de bombas que Israel dispersó por el sur del país, alrededor de un millón permanecen sin explotar.

Como consecuencia de la agresión israelí y de esas acciones, las pérdidas económicas en el sur de El Líbano se estimaron entre 33 y 122 millones de dólares, indicó Kanso al admitir que no todos los artefactos hallados o todavía sin ubicar datan de la guerra de 2006.

Si bien las autoridades señalan a Israel como principal responsable del minado del territorio, sobre todo en zonas meridionales, reconocen también la existencia de una cantidad significativa de explosivos de ese tipo lanzados o colocados en las décadas de 1970 y 1980.

Es decir, que esos artefactos fueron disgregados previamente a la violencia israelí y en el contexto de la sangrienta guerra civil libanesa que se extendió de 1975 a 1990.

'Desafortunadamente, dada su historia a menudo turbulenta, El Líbano es uno de los países cuya población civil continúa amenazada por el flagelo de las minas', aseveró el comandante de las Fuerzas Interinas de la ONU para este país (FINUL), mayor general Michael Beary.

Durante una alocución desde Naqoura, localidad donde radica el cuartel general de la FINUL, Beary señaló que, además de los civiles, los cascos azules desplegados a lo largo de la valla limítrofe corren similares riesgos.

'Las minas preocupan también en la FINUL, porque algunas están situadas muy cerca de las posiciones de la ONU, y lidiar con su silenciosa amenaza es una realidad diaria, tanto para nuestros efectivos como para las comunidades entre las que ellos viven y trabajan', indicó con motivo del aludido 4 de abril.

Ingenieros zapadores de China y Cambodia son los responsables de reducir esas amenazas y encabezan los equipos de desminado que reciben apoyo del Servicio de Acción Anti-Minas de la ONU (UNMAS), ente dirigido por Henri-Francois Morand y que también cuenta con personal en Naqoura.

Analistas consultados por Prensa Latina auguraron que será complicado avanzar en el desminado del suelo libanés al apreciar 'incongruencias entre el presente y el pasado reciente'.

Un catedrático creyó sincero el llamado del gobierno para reducir el peligro de las minas y demás explosivos, pero esa manifiesta voluntad -opinó- tropieza con el silencio, voluntario o no, de influyentes políticos actuales.

Si bien el profesor universitario sostuvo que algunos de esos veteranos líderes 'comandaron, integraron o respaldaron' a milicias enfrentadas en la guerra, las cuales también se defendieron empleando explosivos, otras fuentes los desvinculan de esas acciones y apuntan nuevamente hacia Tel Aviv.

Durante los combates entre facciones libanesas (1975-1990), sobre todo a partir de las intervenciones de Israel en 1978 y 1982, el denominado Ejército del Sur de El Líbano sirvió de apoyo a los sionistas para mantener su ocupación y también fue culpable del sembrado de cientos de minas terrestres.

Por lo pronto, el gobierno de este país árabe asegura laborar de modo diligente e infatigable junto a la FINUL y el UNMAS para establecer capacidades nacionales de remoción de minas en lugares donde esos artefactos y otros remanentes de la guerra amenazan la seguridad de la ciudadanía.

Más de una década después, las familias siguen lamentando mutilaciones y muertes, sin resignarse a una vida en espacios delimitados y marcada por el sobresalto ante cualquier estruendo, incluso cuando no es una deflagración.

* Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.

Fuente: Ulises Canales*, Agencia Prensa Latina