2017 · 04 · 11 • Fuente: Isabel Pérez, Público - España

Cien años 'jodidos' en Palestina

Hace unos años murió el que dicen era el palestino más viejo del mundo. Muchas personas apuntaban que falleció habiendo alcanzado los 120 años.

Se llamaba Abu Ahmed. Uno de sus familiares me contó un día en Gaza una de las anécdotas más conocidas del anciano. Es la siguiente:

“Era el año 2005. Los palestinos de la franja de Gaza salimos de casa para ver cómo los soldados israelíes sacaban a los últimos colonos judíos. El caso es que, tras unas horas, nos reunimos toda la familia en el diwan y yo le pregunté a mi tío Abu Ahmed:

– Tío, tú que eres el palestino con más edad y que has visto las diferentes ocupaciones de Palestina, ¿cuál de las ocupaciones es para ti más destacada por una razón u otra?

El anciano se paró un momento y, afirmando con su cabeza, dio una calada a su cigarrillo liado con tabaco shami y contestó:

¿La ocupación de Palestina que más se ha quedado en mi memoria? Sin duda alguna es la británica. El día en el que se marcharon los ingleses estaba yo con mis amigos y mis primos al lado de la vía del tren cuando, del último vagón que se llevaba los últimos soldados británicos de Palestina, salió de repente la mano de un soldado dedicándonos una peineta, una señal de ‘jódete’ con el dedo. Desde entonces, efectivamente, hemos estado jodidos*“.

*En árabe la expresión se traduce literalmente como “estamos sentados sobre ese dedo”.

La memoria oral del pueblo palestino deja a cualquiera sin palabras por varias razones, pero sobre todo por cómo la historia ha tratado a esta gente, por la crudeza y el maltrato que ha sufrido a lo largo de la historia. Aunque también sorprende su satírica forma de afrontar ese pasado y el futuro, el complicado y oscuro futuro.

Hace cien años, en 1917, una simple carta decidió el destino del pueblo palestino que veía cómo, tras el imperio otomano y el imperio británico, los siguientes ocupantes en llegar vendrían de la mano del movimiento sionista que desde Europa impulsaban la inmigración hacia Palestina ya a finales del siglo XIX. La carta de la que hablo es la que escribió Arthur James Balfour, ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, al líder de la comunidad judía británica, Lionel Walter Rothschild, conocida como la ‘Declaración de Balfour’. Transmitía así el apoyo del gobierno de la corona británica, administradora del Mandato Británico en Palestina, al movimiento sionista que buscaba un ‘hogar’ en Palestina.

En 1897 dicho movimiento sionista, surgido de la eclosión del nacionalismo de la época, celebró su primer congreso en Basilea y establecieron unos puntos estratégicos para continuar su labor sionizante. Debían convencer a los judíos del mundo de que su judaismo solo será completo cuando vivan en un Estado judío en Palestina, el hogar que Dios les había prometido. Digo ‘convencer’ porque muchos (desde judíos laicos a rabinos) se oponían contundentemente a esta idea cuyos propulsores poseían una identidad laica. “A través de su ‘nueva Torá’ y sus nuevos preceptos, ellos [los sionistas] siembran las tinieblas en la mente y el corazón”, sentenció el rabino Eljanan Wasserman.

Además, y en este marco entra la acción declaratoria británica de entregar Palestina, en el mencionado congreso se exhortó a dar “pasos preparatorios para obtener el consentimiento de los gobiernos, donde sea necesario, para alcanzar los objetivos del sionismo”.

Los sionistas se codeaban con ministros, diplomáticos, religiosos o juristas de las principales potencias mundiales. La gente de Palestina, mientras tanto, organizaba manifestaciones y reuniones, como el Primer Congreso de Árabes de Palestina (1919), motivadas por sus aspiraciones soberanistas. Esto último también les llevó a protagonizar las revueltas de 1921, 1929 y 1936 contra la presencia sionista y británica. Hay que destacar que las mujeres palestinas tomaron parte en las protestas, escribieron artículos en la prensa y una carta dirigida al jefe administrador del Mandato Británico rechazando la Declaración de Balfour. “Nosotras, mujeres musulmanas y cristianas que representan a otras mujeres de Palestina protestamos vigorosamente”, declaraban las representantes del movimiento de mujeres palestinas.

Los ingleses intentaron distender la situación con la publicación de otro manifiesto de intenciones, el “White Paper”. Declaraban su apoyo al proyecto de ‘un hogar nacional judío’ siempre y cuando la inmigración judía a Palestina no afectase negativamente a la población nativa. No lograron disuadir a nadie, sobre todo porque, según relatan historiadores, la presencia en Palestina de milicias sionistas armadas era cada vez más inquietante.

En el 100º aniversario de la ‘Declaración de Balfour’, el pueblo palestino sale a las calles a protestar por lo que conocen como la “promesa de quien no tiene [Gran Bretaña] a quien no merece [el sionismo]”, exigiendo una disculpa por parte de Inglaterra.

Fuente: Isabel Pérez, Público - España