2017 · 04 · 07 • Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España

Los antiguos guardianes de Israel dan la voz de alerta al cumplir 50 años la ocupación

Exjefes de los servicios secretos y de las fuerzas de seguridad advierten del deterioro de la democracia

Despliegue de la policía israelí en la Ciudad Antigua de Jerusalén. ABIR SULTAN EFE

Unos dirigieron el Shin Bet (servicio secreto interior) y navegaron por las cloacas del Estado. Otros estuvieron al frente de la lucha antiterrorista durante décadas o a cargo de la justicia militar. Los secretos que conocieron les obligarían al silencio de por vida en otros países, pero en Israel los espías y generales jubilados dan conferencias. En una reunión con escasos precedentes, cuatro antiguos responsables de los servicios de seguridad del Estado hebreo coincidieron la noche del jueves en Jerusalén en defender de la libertad de expresión, amenazada según dijeron por el Gobierno más derechista en la historia del país, y en advertir del deterioro de la democracia por las consecuencias morales de 50 años de ocupación militar de territorios palestinos.

En un escenario de novela de Amos Oz —la galería Barbur, oculta entre callejuelas de arquitectura judía próximas al viejo mercado Mahane Yehuda—, partidarios de la izquierda pacifista se congregaron para escuchar el aviso de los Guardianes de Israel. Se trata de una expresión que hizo fortuna tras el estreno del documental The Gatekeepers en 2012, en el que abrían ante el público su memoria secreta seis antiguos directores del Shabak, el acrónimo más usado en hebreo para la Agencia de Seguridad de Israel.

Uno de los protagonistas del filme, el exjefe de la Marina de Guerra Ami Ayalon y director del Shin Bet entre 1996 y 2000, explicó que había acudido al acto después de que el Ayuntamiento de Jerusalén y el Ministerio de Cultura hubiesen amenazado con clausurar la galería Barbur. La decisión es vista como una sanción por haber albergado el pasado 7 de febrero una convocatoria de Breaking the Silence (BTS), organización de soldados veteranos israelíes que recoge testimonios entre militares y denuncia abusos cometidos por el Ejército en territorios palestinos. BTS diseñó el año pasado la gira por Israel y Palestina del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que se plasmó en la serie de reportajes “Estragos de la ocupación israelí” publicada por EL PAÍS.

“Nuestra democracia está en peligro. La libertad de expresión está en peligro”, alertó Ayalon, condecorado con Medalla al Valor, ante los asistentes que abarrotaban la sala de exposiciones y el patio exterior de la Galería. “La ocupación es la principal causa de este proceso (…) ya que no hay un Ejército ocupante que pueda ser moral al mismo tiempo”.

Dos años después de las elecciones que dieron paso al actual Gabinete presidido por Benjamín Netanyahu, una serie de reformas legales aprobadas amenaza con amordazar las expresiones de disidencia, en especial las de las ONG pacifistas y grupos que aspiran a ser la conciencia crítica del Estado hebreo sobre la ocupación. “Aunque no esté siempre de acuerdo con ellos, BTS y otras organizaciones son entidades completamente legítimas, que actúan porque creen que es su obligación mortal”, concluyó Ayalon, en una clara réplica al acoso del Gobierno hacia estos grupos tachados de por algunos ministros de “antiisraelíes”.

Carmi Gillon, le precedió al frente del Shin Bet entre 1995 y 1996, cuando tuvo que afrontar el asesinato del primer ministro laborista Isaac Rabin. Después de casi tres décadas al frente del servicio secreto interior, dirigió el Centro Simón Peres para la Paz. Gillon afirmó en la sala Barbur que “la ocupación es un cáncer que solo causa daños al país”. “El único remedio para esta enfermedad”, apostilló, “es poner fin a una ocupación que nos está llevando hacia un desastre y nos ha transformado en una sociedad desagradable”.

En el mismo acto, convocado por Breaking The Silence en un claro desafío a las autoridades conservadoras municipales y estatales, también participaron el exjefe de la unidad antiterrorista de la policía, Alik Ron, quien tomó parte en 1976 en la liberación de los pasajeros en el aeropuerto de Entebbe (Uganda) en un avión secuestrado por un comando palestino. El único militar israelí que perdió la vida en la operación fue Yoni Netanyahu, hermano del actual primer ministro. También intervino en la sesión Mordejai Kremmitzer, antiguo juez y fiscal de las Fuerzas Armadas y actual vicepresidente del Instituto para la Democracia en Israel.

Avner Gvaryahu, representante internacional de BTS, es un antiguo militar que en 2015 apareció en un vídeo de acusaciones a las ONG difundido en Facebook por grupos de la ultraderecha. Desde entonces sufre amenazas. En una esquina próxima a la sala Barbur varios ultranacionalistas israelíes lanzaban a los asistentes gritos de “¡traidores!”, y “¡terroristas!”. “Lo importante es que antiguos Guardianes, responsables de la seguridad israelí se hayan atrevido a romper el silencio”, sostiene Gvaryahu. “Israel, un Estado que se fundó sobre valores democráticos, ha sido una sociedad dividida en los últimos 50 años en la que han surgido ideas mesiánicas desde la ocupación. Esa es la catástrofe en la que nos encontramos ahora”.

A menos de dos meses de que se cumpla medio siglo de la guerra de los Seis Días, empiezan a sucederse los actos públicos. Hace una semana, varios centenares de israelíes y palestinos se manifestaron por el centro de Jerusalén convocados por la organización Permaneciendo Juntos, y secundados por las formaciones políticas Meretz (izquierda) y Lista Conjunta, que concentra la mayoría de los votos de la minoría árabe en Israel.

El Gobierno ha anunciado ya que la conmemoración oficial del 50º aniversario se escenificará en el bloque de asentamientos de colonos judíos de Gush Etzion, 18 kilómetros al sur de Jerusalén. El objetivo declarado es celebrar “la liberación de Judea y Samaria (nombres bíblicos del actual territorio ocupado de Cisjordania), los Altos del Golán (territorio sirio anexionado por Israel) y el valle del Jordán tras la gloriosa victoria en la guerra de los Seis Días”.

Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España