2016 · 09 · 16 • Fuente: Isabel Pérez, El Mundo - España

Aniversario de la masacre de Sabra y Chatila: '¿Cuántas matanzas más tendrá que soportar el pueblo palestino?'

Rihab Cana'an recuerda cómo vivió este negro episodio de la historia. Del 16 al 18 de septiembre de 1982 fueron asesinados miles de palestinos en los campos de refugiados del Líbano

Rihab Cana'an es una mujer menuda y muy activa. Pocas veces se le puede encontrar en su casa, en uno de los barrios centrales de la ciudad de Gaza. Siempre está participando en protestas y marchas, junto a jóvenes palestinos y familiares de prisioneros. Estos días organiza los eventos conmemorativos de la matanza de Sabra y Shatila, el asesinato masivo de miles de palestinos que tuvo lugar durante el 16,17 y 18 de septiembre de 1982 en El Líbano. Rihab fue una de las refugiadas palestinas que vivió este negro episodio de la historia del pueblo palestino en el exilio.

Entre retratos de miembros fallecidos de su familia, entre banderas palestinas con la hatta blanca y negra (pañuelo palestino) y pósters de Yasir Arafat, Rihab Cana'an enciende un cigarrillo antes de relatar la pesadilla de Sabra y Shatila. Aparta a un lado uno de los tantos muñecos de peluche que decoran su apartamento y, sin mostrar esfuerzo alguno para recordar, dice: "Era la madrugada del 16 de septiembre de 1982".

Ella tenía 30 años. Esa madrugada ella dormía en la casa de su segundo marido, en el barrio beirutí de Sabra, mayoritariamente habitado por palestinos, contiguo al campo de refugiados de Shatila. "La gente se despertó con los gritos de los palestinos que salían corriendo diciendo que les estaban degollando - relata Rihab.- Mi hijo y mi hija vivían en Shatila con mi ex marido, así que fui a ver si estaban vivos".

Las milicias falangistas libanesas habían logrado adentrarse en el campo y habían dado comienzo la matanza con armas blancas. No usaron pistolas. No querían hacer ruido. "Nadie se enteró hasta que un niño, que había logrado escapar haciéndose el muerto en su casa, salió y fue gritando por las calles que les estaban asesinando a todos, casa por casa", cuenta Rihab.

'Degollaron a los médicos'

Al principio todo el mundo pensó que se trataba de un ataque israelí; sin embargo, los asesinos eran libaneses, miembros de la Falange Cristiana y hombres de Sa'ad Haddad, que se habían confabulado con los israelíes para perpetrar este asesinato masivo de palestinos.

"Hubo gente que huyó a los hospitales de Akka y Ghazza, pero los asesinos entraron, degollaron a los médicos, a los que buscaban refugio y violaron a las enfermeras -continúa-. Israel estaba bloqueándonos las calles. No había escapatoria".

La superviviente cuenta que el segundo día, un grupo de ancianos decidió ir a hablar con los soldados israelíes. Les pidieron que dejaran salir a las mujeres y a los niños, que los hombres no estaban armados, que no había combatientes palestinos. Pero los ancianos fueron degollados.

'No encontré a mis hijos'

"Había una salida. Una calle. Mientras la gente escapaba veían cómo los israelíes excavaban grandes agujeros. Allí es donde enterraron a los asesinados, a nuestros mártires". Afirma Rihab.

Hirokawa fue, según la palestina, el primer periodista que entró en Sabra y Shatila. Lo acompañó un niño quien le guió por las callejuelas. Sus fotografías darían la vuelta al mundo en pocas horas y desvelarían una masacre. Las Naciones Unidas lo tildarían de "genocidio" meses después.

"No encontré a mis hijos. No pude. Y no pude porque cuando empecé a ver a la gente muerta en las calles me llegaron los recuerdos de la matanza de Tel al-Zaatar", explica Rihab.

En 1976, Rihab Canna'an perdió a toda su familia en la masacre de Tel al-Za'atar. Cincuenta y un miembros familiares asesinados: su padre, su madre, sus hermanos, sus tíos... Todos murieron.

"Cuando vi a la gente tirada, asesinada, violada brutalmente, di marcha atrás. - Continúa recordando Rihab con dolor.- No podía moverme. No podía continuar hacia delante. Era horroroso".

El reencuentro

Rihab Cana'an marchó a Túnez con su marido, miembro de las fuerzas de la OLP. En El Líbano no había conseguido información alguna de sus dos hijos, por eso decidió, cuatro años después, volver a Beirut. Buscaba una pista, alguien que supiera del paradero de su hijo Maher, de 11 años, y su hija Maymana, de 14.

"No encontré nada ni a nadie. Volví de nuevo a Túnez donde, un día, al abrir la revista Felestin Azzawra leí el nombre de mi hijo Maher en las listas de mártires de Sabra y Shatila.- Rihab suspira.- Entonces me imaginé que mi hija también había muerto".

Sin embargo, Maymana sí estaba viva. Había logrado escapar de la masacre sana y salva y se encontraba en El Líbano.

"Tenía un número de teléfono de un familiar en El Líbano. Siempre que intentaba llamarles no obtenía respuesta. Nadie contestaba. Un día, alguien cogió el teléfono. Empecé a temblar".

La primera pregunta de Rihab fue si su hija estaba o no viva. Está viva, le dijeron al otro lado. Está aquí. Mañana hablarás con ella.

La impotencia de Rihab por no poder abrazar a su hija crecía cada día. Su condición de palestina no le permitía viajar de nuevo a El Líbano. "La vi por televisión -dice Rihab-. Por el canal libanés Al Manar, pero fue gracias al canal Abu Dhabi como conseguí volver a abrazarla".

En 2002, el canal preparó la historia más vista por la televisión árabe: el reencuentro entre dos supervivientes de Sabra y Shatila. La historia conmocionó al mundo árabe, a palestinos y no palestinos. Entre gritos por el "derecho al retorno", lloros y risas de alegría, madre e hija se abrazaban por primera vez después de 20 años y una masacre.

"Yo, como madre y como palestina, quiero preguntar al mundo: ¿hasta cuándo este silencio letal ante el sufrimiento de nuestro pueblo? Hemos pasado masacre tras masacre sin ser llevado ningún responsable a la justicia".

Fuente: Isabel Pérez, El Mundo - España