2012-10-26 06:51:05 / Fuente: Moisés Saab, Agencia Prensa Latina
La decisión de ambas agrupaciones de concurrir en una lista común a los comicios anticipados de enero próximo ocurre en medio de una compleja situación regional e interna, signada por descontento social en Israel, la parálisis de las negociaciones con los palestinos, la expansión en los territorios ocupados y una frialdad palpable con el Egipto post Hosni Mubarak.
Una secuencia brutal de bombardeos aéreos y terrestres contra la Franja de Gaza, que solo en los últimos días ha causado seis muertos y más de una decena de heridos, completa la perspectiva del curso de los acontecimientos en Israel y los territorios ocupados.
En ese contexto se inserta el ataque contra una fábrica de armas en Sudán, cuyo valor práctico es mínimo, pero que adquiere un especial relieve como mensaje: Tel Aviv se siente con el derecho de actuar más allá de sus fronteras cuando lo estime pertinente, en especial si se relaciona con las amenazas contra Teherán.
Los esfuerzos palestinos por elevar su estatuto de observador al de país no miembro de la ONU, lo que convertiría a Israel en potencia ocupante, parecen haber aconsejado a Netanyahu, favorito en las encuestas para repetir como jefe de Gobierno, y a su canciller, Lieberman, formar una especie de búnker intransigente.
Aunque ambos políticos eludieron aportar precisiones, trascendidos de medios cercanos a la Likud dijeron que Netanyahu encabezará la lista de candidatos a la Kneseth (parlamento unicameral israelí) seguido de Lierberman, sin que ello implique alternancia en el cargo de jefe del Gabinete.
Sin embargo, resulta evidente que el propósito de la cuasi fusión de ambas entidades es conseguir una mayoría sustancial que evite la caída de un gobierno, cuya plataforma será sencilla porque estará centrada en la negativa a cualesquiera presiones desde el exterior para que abandone sus notorias posturas maximalistas.
Esa ventaja puede resultar muy útil si los resultados de las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos favorecen a un candidato que favorezca la búsqueda de una fórmula de compromiso grata a los países árabes aliados de a potencia norteña en un tema tan espinoso como el palestino.
Para Washington, ahora, la prioridad es preservar los pingües beneficios que le ha rendido su política levantina, con la cual ha logrado una presencia militar sustantiva en el Golfo Pérsico y eliminar a regímenes que podrían resultarles adversos, como los de Irak y Libia, lo que le ha permitido concentrarse en estrechar el círculo en torno a un Irán al que considera su opositor más fuerte y con mayor potencial de influencia dados sus vastos recursos naturales.
Por supuesto en esta composición de lugar existe una incógnita ¿rompería lanzas el lobby sionista en Estados Unidos por el binomio Netanyahu-Lieberman en una disyuntiva de la cual podría resultar un conflicto armado de proporciones desconocidas y con consecuencias a largo plazo?
Esa eventualidad es improbable tras los fiascos en Irak y, sobre todo, en Afganistán, sendos pantanos económicos, militares y políticos para Estados Unidos y sus aliados atlánticos.
De cualquier manera lo único claro ahora es que la supercoalición Likud-Yisrael Beytenu anuncia tiempos borrascosos, y a un plazo corto.
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