2012-07-13 08:27:18 / Fuente: FIFA World
El premio era la prueba de que, existiendo como existen numerosos obstáculos al fomento del balompié debido al conflicto que atenaza Oriente Próximo, como la restricción de movimiento en los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza, que obliga a entrenadores, jugadores y delegados palestinos –como a todos los ciudadanos– a solicitar visados para entrar y salir, la asociación había conseguido incentivar la práctica del fútbol y el número de jóvenes interesados iba en aumento.
Con la idea de seguir fomentando este entusiasmo por el deporte rey, la FIFA llevó su programa de fútbol base Grassroots a los territorios palestinos en abril. Para que pudieran beneficiarse de él los entrenadores de todas las regiones, los organizadores del curso sortearon las restricciones celebrando tres cursos en Cisjordania (en el norte, centro y sur) y uno en Gaza.
El primero se organizó en la ciudad norteña de Nablus, centro neurálgico del comercio situado de camino entre Tel Aviv, capital de Israel, y Ammán, capital jordana. Nablus fue uno de los lugares más castigados cuando el conflicto se agudizó a principios de la década del 2000.
No obstante, la violencia que ha marcado el pasado de la ciudad quedó a un lado durante el curso. Cerca de 130 jóvenes se reunieron en el Estadio Municipal para hacer regates, pases y filigranas mientras recibían órdenes, gritos de aliento y críticas constructivas de sus entrenadores.
El programa Grassroots comienza formando a estos entrenadores, a quienes se les enseña que lo más importante es que los niños se marchen a casa con una sonrisa dibujada en la cara. A continuación, se realizan diversas actividades modelo en el marco de festivales basados en partidos entre equipos pequeños de cuatro o cinco jugadores y ejercicios que desarrollan sus aptitudes. El sistema de juego se adapta a los pequeños y les permite participar en todas las etapas, estar más en contacto con el balón y crear más ocasiones de gol.
El fútbol es una pasión
Jamal Lahrache, instructor de la FIFA, es uno de los ocho técnicos que forman parte de la delegación decidida a formar a entrenadores y futbolistas. Nos cuenta: “El festival es la parte central del curso. Es la ocasión perfecta para observar a los entrenadores juveniles y a los niños y averiguar lo que han aprendido del fútbol base“.
La técnica de estos pequeños con el balón resulta sorprendente para su edad y tanto los entrenadores como las familias aplauden la calidad de juego que demuestran.
“Juego al fútbol desde los cinco años y ¡quiero llegar a jugar en un club!“, confiesa Sami, de 11 años, mientras se seca el sudor que le cae por la frente. Sultán, compañero de equipo y un año mayor, nos cuenta que se ha criado en una casa junto al estadio y no oculta su ilusión: “Ha sido un día genial. Me lo he pasado muy bien jugando en equipos pequeños con otros niños del barrio“.
Según las cifras que maneja la PFA, 48 000 niños y 46 000 niñas juegan al fútbol en los 16 distritos de la región (once en Cisjordania y cinco en Gaza), un número muy alentador para una población que roza los cuatro millones de personas. En efecto, estos datos sugieren que es posible alcanzar el máximo potencial del balompié en el país, si se dan las circunstancias adecuadas.
“A los palestinos, hombres y mujeres, les fascina el fútbol –explica Mazen Khatib, director técnico de la PFA–. Juegan todos los días en los campos de refugiados y nuestras iniciativas para expandir su práctica cuentan con el apoyo del Gobierno y del ministro de Educación. Nuestro objetivo ahora es organizar un festival de fútbol base cada año para animar a más patrocinadores a sumarse“.
El renacer de la selección
La FIFA, primera organización internacional deportiva en admitir a Palestina como miembro en 1998, ha apoyado sin ambages el fomento del fútbol en los territorios, no solo mediante cursos como el de Grassroots, sino también a través del Programa Goal. Los cuatro proyectos concedidos a Palestinadesde 2001 han hecho posible construir la sede de la asociación, una escuela de fútbol y varias canchas de césped artificial en Gaza, Ramala y Al Ram.
Estas instalaciones, junto con la instauración de las ligas profesionales masculina y femenina y el respaldo administrativo que supone contar con una asociación estable, dan muestra de que la frustración que reinaba por lo limitado que estaba el deporte en la nación está dando paso a la esperanza.
La selección nacional enarbola la bandera de los palestinos de Cisjordania y Gaza, pero también de todos aquellos que forman la diáspora en el mundo entero. A pesar de que ocupan la plaza 154 en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola y de que quedaron eliminados por Tailandia en la segunda fase de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™, Jamal Mahmoud, el seleccionador, comparte el optimismo: “El nivel está mejorando. Los chicos son jóvenes y no tienen demasiada experiencia (solo seis de ellos juegan en el extranjero), pero las cosas van bien. El camino hacia el éxito pasa por centrarse en el fútbol base y en formar a entrenadores para que crezca el deporte“.
Recompensa en Ramala
Tras el festival de Nablus, la organización viajó a Ramala, al sur, en pleno corazón de Cisjordania. Esta ciudad es la capital administrativa del país y es aquí donde está la sede de la asociación de fútbol, con sus 70 trabajadores. Abdallah Al Faraa es el director ejecutivo:
“El fútbol palestino ha mejorado mucho en los últimos años y ahora todo el mundo mira y aprende –explica, café en mano, cuando se le pregunta por el entusiasmo que rodea al deporte–. Hemos fundado una liga profesional de dos divisiones en Cisjordania y en la Franja de Gaza. El último campeonato lo ganó el Al Amari, un equipo del campo de refugiados que lleva el mismo nombre“.
La renovación de confianza que sienten los palestinos en su fútbol se refleja en la cancha de Ramala cuando se entregan los premios del segundo festival para agradecer a niños y entrenadores el esfuerzo realizado.
Los pequeños reciben un cálido aplauso cuando suben a tomarse fotografías y a recibir balones, camisetas y petos de la FIFA como recuerdo, antes de dejar pasar a los entrenadores juveniles para que reciban los diplomas que atestiguan su participación en el curso.
“Es un gran honor para mí haber participado en el curso –reconoce radiante Majed, entrenador de Ramala, de tan solo 24 años–. Espero seguir aprendiendo a partir de ahora y entrenar a los niños de mi país en el futuro. Al fin y al cabo, el futuro del fútbol palestino está en juego“.
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